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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

11
Oct
2020

Las redes sociales en la encíclica del Papa

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rueda

Entre los muchos temas que aparecen en la encíclica Fratelli tutti está el de las redes sociales y el uso de internet. Como todo lo humano, internet es ambiguo. Puede servir para hacer el bien y utilizarse para hacer el mal. Destaco algunas de las cosas que el Papa dice. Como en el post anterior utilizo con abundancia las propias palabras de la encíclica.

Por una parte, tanta comunicación puede redundar en una pérdida de intimidad. Todo se convierte en espectáculo que puede ser espiado, vigilado, y la vida se expone a un control constante. En la comunicación digital se quiere mostrar todo, y cada individuo se convierte en objeto de miradas que hurgan, desnudan y divulgan, frecuentemente de manera anónima. El respeto al otro se hace pedazos y, de esa manera, al mismo tiempo que lo desplazo, o ignoro y lo mantengo lejos, sin pudor alguno puedo invadir su vida hasta el extremo.

Más aún, a veces imaginamos tener muchos amigos a través de estos medios. Es posible que esas amistades sean una ilusión y estemos más solos de lo que pensamos. Los medios nos pueden hacer perder el contacto con la realidad concreta, obstaculizando el desarrollo de relaciones interpersonales auténticas. La buena comunicación no puede darse por medio de una pantalla. “Hacen falta gestos físicos, expresiones del rostro, silencios, lenguaje corporal, y hasta el perfume, el temblor de las manos, el rubor, la transpiración, porque todo eso habla y forma parte de la comunicación humana. La conexión digital no basta para tender puentes, no alcanza para unir a la humanidad”.

Voy con lo que me parece más grave. Parece que, de pronto, estamos todos muy comunicados, pero en esta super comunicación provoca mucha separación y distanciamiento, a base de insultos, agresividad y actitudes intolerantes, muchas veces anónimos. Esto sería imposible en el contacto cuerpo a cuerpo, porque terminaríamos destruyéndonos entre todos.

Por desgracia, los fanatismos que llevan a destruir a otros son protagonizados también por personas religiosas, sin excluir a los cristianos, que “pueden formar parte de redes de violencia verbal a través de internet y de los diversos foros o espacios de intercambio digital. Aun en medios católicos se pueden perder los límites, se suelen naturalizar la difamación y la calumnia, y parece quedar fuera toda ética y respeto por la fama ajena. ¿Qué se aporta así a la fraternidad que el Padre común nos propone?”

El criterio para valorar positiva o negativamente la vida humana es el amor.  Sin embargo, nota el Papa, hay creyentes que piensan que su grandeza está en la imposición de sus ideologías al resto, o en la defensa violenta de la verdad, o en grandes demostraciones de fortaleza. Todos los creyentes necesitamos reconocer esto: lo primero es el amor, lo que nunca debe estar en riesgo es el amor, el mayor peligro es no amar (cf. 1 Co13,1-13).

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