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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

22
Dic
2009

La medida del cristiano

5 comentarios

Tanto en el terreno deportivo como en el educativo, uno es considerado tanto mejor deportista o mejor estudiante cuanto mayor es la medida con la que puede compararse. Uno es considerado deportista grande, de elite, no cuando es capaz de vencer a los que son inferiores a él, sino cuando es capaz de medirse con los que son superiores. Según con quien se mide, mejor deportista es. Lo mismo ocurre en el terreno educativo: la capacidad de mi inteligencia es tanto más grande cuanto mejor puedo seguir las explicaciones de los grandes maestros. Entonces es cuando mis posibilidades de aprendizaje alcanzan su máximo grado, porque la medida de mi inteligencia es el gran maestro y la ciencia más elevada.

Hay una historia en el libro del Génesis que resulta oportuno recordar, porque la medida del luchador en el combate es, ni más ni menos, que Dios. Se trata de la lucha de Jacob con Dios. A pesar de no poder con Él (Gén 32,26), Jacob es grande “porque ha sido fuerte contra Dios” (Gén 32,29). Hay que medirse con lo grande, no con lo pequeño. Y ahora la gente se mide con lo pequeño. La grandeza del cristiano está en su capacidad de medirse con Dios. Se convierte así en un humano cuya medida es Dios. Ya decía Kierkegaard que un vaquero que se mide con sus vacas es un “yo inferior”; igualmente un soberano midiéndose con sus esclavos es un “yo inferior”. En ambos casos falta la escala.

La escala del cristiano es Dios. Se comprende así una de las últimas convicciones que dejo escritas Juan Pablo II: “El ser humano no puede comprenderse del todo a sí mismo teniendo como única referencia las otras criaturas del mundo visible. El hombre encuentra la clave para comprenderse a sí mismo contemplando el divino Prototipo, el Verbo Encarnado, el Hijo eterno del Padre”.

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1
Catalina
22 de Diciembre de 2009 a las 18:17

Tenemos mucha suerte, no hemos de demostrar nada, todo es gracias. Y no dodemos gloriarnos sino en la Cruz,

2
Bernardo
22 de Diciembre de 2009 a las 18:45

En la Encarnación, Dios mismo se nos ha dado como la medida de humanidad. Es enorme la esperanza que se abre con el acto supremo de kénosis divina: Dios haciéndose hombre para que el hombre puede ser algo más que un mero mono desnudo, pero ese acto viene preparado por 13,700 millones de años de historia de este universo y no sabemos si de muchos otros. La Encarnación, verdadera medida del hombre, no ha sido casual ni tampoco "necesaria", ha sido programada, dándose en el justo momento, en la plenitud de los tiempos. Esa es nuestra medida, la medida de lo humano, no sólo del cristiano.

3
su chico
23 de Diciembre de 2009 a las 23:59

Toda escala está basada en un sistema de numeración.
Quiero decir, hay que saber contar.
Y hay quién sólo saber contar hasta dos.
Y matar, cuando le es preciso, a uno.

Recemos por la enseñanza.
Está más dopada que el deporte.

4
Desiderio
26 de Diciembre de 2009 a las 02:07

Esa frase del Génesis me ha impactado: “Jacob es grande porque ha sido fuerte contra Dios”. Es brutal. ¡Hay tantas veces en las que me quedo con lo pequeño…!

5
Maria
1 de Enero de 2010 a las 14:13

De acuerdo en la medida y en buscar ser más. Pero a veces hay qeu abajarse, humillarse, saber renunciar, quitarse lo que nos impide ascender... Por ejemplo : para adorar al Niño, los Magos tuvbieron que arrodillarse. Él quería que ellos siguieran la estrella en el cielo, pero se recostaran hasta el cuelo y entonces comprendieran. No es bueno sólo querer ser el MÁS. A veces menos es más. Sin competitividad, sin metas... La medida del AMOR es la única asignatura que debería darse como "troncal" a todos los cristianos (especialmente en los seminarios) y me parece que no se estudia ni practica). La medida del Amor de Dios es aún más importante que la inteligencia que cada cual pueda desarrollar y formar. De poco valen los eruditos si no practican y comparten lo que Dios es: AMOR. Feliz Año y que el Amor sea nuestro envoltorio para vivir!

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