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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

7
May
2017
Ocupar una tierra que ya está ocupada
2 comentarios

cipresyagua

El libro del Deuteronomio comienza narrando que el ejército de Israel venció a una serie de reyes y ocupó sus tierras. Luego, el autor del libro pone en boca de Yahvé estas palabras dirigidas a Israel: “Id a tomar posesión de la tierra que Yahvé juró dar a vuestros padres”. Una tierra ya ocupada por los cananeos, los amorreos y los hititas. Yahvé manda a Israel que ocupe una tierra que ya está habitada. El Dios de Israel es un Dios conquistador, que manda desalojar una tierra para que la ocupe su pueblo. Es algo extraño. Pero quizás la extrañeza desaparece si tenemos en cuenta que el pueblo de Israel leía todos los acontecimientos a la luz de su fe. Según la fe de Israel, Dios intervenía en la historia, conducía los acontecimientos, guiaba el destino de los hombres y de los pueblos. Por eso, Israel leía lo que hoy llamaríamos “signos de los tiempos” como un lugar donde se expresaba la voluntad de Yahvé.

Los desplazamientos son tan antiguos como la historia de los humanos. El hombre siempre ha sido un peregrino, conquistador de tierras nuevas, buscador de nuevos espacios. Eso tiene sentido a la luz de la misma fe bíblica, puesto que Yahvé ha entregado toda la tierra a todos los seres humanos. Por tanto, allí donde hay un humano, allí está su casa. El problema de las emigraciones, de los desplazamientos de poblaciones, aparece cuando alguien pretende que un espacio de tierra es sólo suyo. Y se niega a compartirlo. Si otro quiere ocuparlo aparece necesariamente el conflicto.

Hay dos modos de ocupar la tierra que otro ya ocupa. De forma violenta, utilizando la fuerza; o de forma pacífica, buscando colaborar, sumar fuerzas, para que esta suma de fuerzas haga la tierra más fructífera, más humana y, en definitiva, más fraterna. Ese es el gran reto que hoy se presenta ante nosotros con el fenómeno de la emigración y con los desplazamientos de poblaciones debidas a la guerra, a la pobreza o a los gobiernos dictatoriales que subyugan a sus pueblos. La tierra es de todos. Pero esta posesión debe realizarse de forma pacífica. A la luz del evangelio de Cristo, que vino a reconciliar a todos los pueblos entre sí, porque todos somos hijos del mismo Padre y, por tanto, todos somos hermanos, los cristianos deberíamos poner todos los medios pacíficos para que hubiera pan, casa y tierra para todos.

Cierto, la ocupación de la tierra por parte del que antes no la ocupaba plantea problemas políticos, sociales y económicos, que corresponde resolver a los gobiernos. Pero hay dos modos de resolver esos problemas: desde el rechazo, poniendo vallas que matan; o desde el diálogo, la colaboración y el compartir. Diálogo y colaboración que también debe incidir en la búsqueda de mejores condiciones de vida en las poblaciones originarias de los desplazados; y en la búsqueda de paz allí donde hay guerra.

La búsqueda de paz pasa por no vender armas a ninguna facción contendiente ni a los gobiernos que las utilizan en contra de la población. O mejor, en no vender armas a nadie. Mejor aún, en no fabricarlas. Y en su lugar, regar tierras sedientas para que produzcan pan.

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3
May
2017
Venezuela: Iglesia en dificultades
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mapavenezuela

El grupo religioso que más suele molestar a los gobiernos dictatoriales y, por tanto, el que tiene mayores dificultades para moverse libremente, es la Iglesia católica. Quizás porque está bien organizada, o porque tiene un liderazgo fuerte; o quizás por la influencia que ejerce su palabra y su doctrina en muchas personas. En Venezuela la Iglesia católica no está pasando por su mejor momento. Ni la Iglesia ni la población: es delito solicitar ayuda humanitaria, porque allí no hay necesidad de ninguna ayuda.

A veces las dificultades son indirectas. Los domingos, grupos progubernamentales organizan para los jóvenes eventos deportivos o culturales, fiestas o paseos para retraerlos de ir a la Iglesia. Otras son directas. Cuando se solicita algún permiso se responde que, puesto que todos los ciudadanos son iguales, si a la parroquia o grupo católico se le concede tal permiso, hay que concederlo también a los otros grupos religiosos, por minoritarios que sean. Con el pretexto de igualar se produce la mayor desigualdad. No hay mayor desigualdad que pretender igualar lo desigual. En caso de abusos o de destrozos (por parte de grupos paramilitares) no hay a quién recurrir. No hay juez ni fiscal que levante acta si no recibe órdenes de arriba.

Cuento una historia significativa, aunque sea un asunto menor comparado con los más de 28.000 muertos a causa de la violencia en el último año. Para entrar en sus grupos, los santeros exigen el bautismo católico. Donde hay santería, son frecuentes los adultos que piden el bautismo para ser aceptados en el grupo. Pues bien, en Venezuela se ha dado el caso de algún santero que ha denunciado al párroco por negar el bautismo a quién sólo buscaba recibirlo para entrar en la santería. Entonces la fiscalía acusa al párroco de discriminación. Evidentemente, sabiendo el motivo, si este bautismo se hubiera dado, hubiera sido inválido, porque el sacerdote no lo hubiera impartido “con la intención de hacer lo que hace la Iglesia”. Pero eso es lo de menos. Lo significativo es que se quiere forzar a la Iglesia a actuar contra su conciencia y confundiendo a la gente.

El Papa reconoció hace pocos días que la oposición venezolana está dividida. Las televisiones estatales recogieron esa frase del Papa, dando a entender lo que no dijo: “los políticos de la oposición están divididos, luego no sirven”. Esta división es una llamada de atención: es necesario trabajar para que, si un día hay nuevo gobierno, sea verdaderamente democrático y respete las reglas de la alternancia. Es bueno que haya distintos programas cuando hay normalidad política. Pero hay momentos en los que hay que actuar unidos para conseguir precisamente que un día sea normal que haya diferentes ofertas.

Parece un chiste, pero es real. En la visita que el presidente de la nación hizo al Papa, el presidente dijo: Señor Papa, ¿cómo es que ha nombrado jefe de los jesuitas a un venezolano y a “ese” lo ha nombrado Cardenal? Respuesta del Papa: porque en Venezuela también hay gente valiosa.

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1
May
2017
Defectos en la vida religiosa, moral y social
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cactus

Puede resultar sorprendente que entre las causas del ateísmo, el Concilio Vaticano II señale con cierto énfasis la exposición “inadecuada” de la doctrina cristiana, y “los defectos de la vida religiosa, moral y social” de los cristianos. O sea, una mala presentación de las verdades de la fe, aleja de la fe. Dejo esto, sin duda importante, sobre todo de cara a las catequesis y clases de religión que damos, y me centro en la segunda causa del ateísmo atribuible a los creyentes: los defectos de su vida religiosa, moral y social. No se trata sólo del mal ejemplo, de la mala vida, de nuestras incoherencias. Se trata de “los defectos”, o sea, de una mala vivencia de la religión, la moral y la vida social.

Defectos en la vida religiosa: cuando vivimos, y en consecuencia, proclamamos un Dios autoritario, justiciero, lejano, que está allá arriba en los cielos, un Dios controlador de todo lo que hacemos; en vez de vivir y presentar un Dios cercano, un Dios al que se puede tutear, un Dios siempre dispuesto a perdonar, que no necesita incienso, alabanzas o sacrificios, sino que busca nuestro amor y nos llama a confiar a él, entonces tenemos un serio “defecto” en nuestra vida religiosa.

Defectos en la vida moral: cuando vivimos una moral hecha de leyes y preceptos, una moral del miedo y del temor; en vez de una moral de hijos, una moral que busca conformar nuestra vida con la de Cristo y, en consecuencia, una moral en la que todo está regulado por el amor; cuando importan más las leyes que el hermano, cuando es el miedo el que evita el pecado; cuando el castigo al infierno es el argumento principal que empleamos para exhortar a los hermanos a vivir de otra manera; cuando repetimos lo mucho que se merece Dios y nos olvidamos de agradecer lo mucho que nos está dando en cada momento, empezando por la vida, tenemos un serio “defecto” en nuestra vida moral.

Defectos en la vida social: cuando nuestra religión es individualista, cuando sólo importa “el alma y Dios”, y no nos preocupamos de lo que pueda ocurrirle a los demás; cuando cerramos los ojos ante las muchas necesidades de los hermanos; cuando pensamos que las leyes sociales no tienen nada que ver con la religión y con Dios; cuando sólo importa la piedad y la asistencia a la Iglesia, pero olvidamos los compromisos sociales y comunitarios; cuando sólo importa lo espiritual y dejamos de lado lo político, o sea, las necesidades de la sociedad, tenemos un serio “defecto” en nuestra vida social.

Estos defectos, explicitados como bien he podido, o de otra manera seguramente más adecuada, favorecen el ateísmo, alejan del Dios de Jesucristo. Porque el Dios de Jesucristo jamás nos encierra en nosotros mismos; siempre nos abre a los hermanos. El Dios de Jesucristo no pregunta en primer lugar si uno es culpable o inocente, sino si uno sufre. Al Dios de Jesucristo no le interesa el cumplimiento de la ley, sino el bienestar y la felicidad de cada persona.

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28
Abr
2017
Violada una bebé de cuatro meses
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niñoencuna

“Una menor de 15 años fue degollada y una niña de tres años murió tras haber sido violada y torturada. Un par de hermanos fueron asesinados por su padre. El sábado, un soldado violó a una bebé de cuatro meses”. Estas escalofriantes noticias las ofrecía un periódico de gran tirada el pasado miércoles, 26 de abril. Era solo un pequeño párrafo de una noticia que hablaba de más de cuatro mil niños atendidos por violación en 2017 en un país sudamericano.

Quiero ser prudente, porque los medios cuentan lo que le interesa, buscando siempre atraer lectores, e informan del modo que mejor se ajusta a su ideología. Es muy difícil encontrar informaciones precisas, neutrales, objetivas. Y quiero ser prudente porque la manera de informar no se ajusta a lo posible. Cierto, es posible violar a una niña de tres años, pero seguro que al hacerlo la consecuencia inmediata es la muerte de la menor. Pero violar a una bebé de cuatro meses resulta prácticamente imposible. Lo que seguramente quiere decir la noticia es que la bebé fue maltratada, manoseada y violentada.

Estos datos, desgraciadamente, son sólo una muestra de las muchas barbaridades y maldades que se cometen en este mundo contra los menores. Si hubiera que hacer un concurso de maldades incalificables habría muchas que se disputarían el primer puesto. La protección de la infancia es una obligación de toda persona con un mínimo de dignidad. Uno se pregunta hasta dónde es capaz de llegar la maldad humana. Hay cosas que a mí me resultan incomprensibles y no sé cómo calificar. Pero sí sé que cualquiera que sepa de hechos similares tiene la obligación humana y cristiana de denunciarlos y, por supuesto, de evitarlos en la medida en que pueda hacerlo.

En este mundo el bien y el mal libran un permanente combate. Hay muchas obras buenas que pasan desapercibidas. Y muchas obras malas que no se conocen. Cuando se conocen, algunas superan todo lo imaginable. O al menos lo que es capaz de imaginar y soportar una persona decente. Estoy convencido de que el bien supera con creces al mal, aunque a veces parezca lo contrario. Porque el mal hace mucho ruido y el bien, la mayoría de las veces, es silencioso.

Acabo con una nota esperanzadora. Hace una semana, el padre de un niño autista le escribió estas palabras el día de su cumpleaños: “Hoy hace 5 años que luchaste por venir al mundo, 5 años más tarde sigues luchando para que este mundo te entienda y te acepte, pero nunca estarás solo, tu papá siempre estará ahí luchando por ti y contigo, feliz cumpleaños hijo!!!”

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25
Abr
2017
Encarnación es todo el universo
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encarnacion

La ley de la Encarnación, que encuentra en Jesús de Nazaret su momento más álgido, es aplicable a toda la realidad. Porque Dios está presente en todo lo creado por medio de su Espíritu. Sin esta presencia las cosas volverían a la nada. El himno de Laudes del viernes de la primera semana lo expresa poéticamente: “Hombre quisiste hacerme, no desnuda / inmaterialidad de pensamiento. / Soy una encarnación diminutiva; / el arte, resplandor que toma cuerpo: / la palabra es la carne de la idea: / ¡encarnación es todo el universo! / ¡Y el que puso esta ley en nuestra nada / hizo carne su verbo!

Por medio de su Espíritu, el Dios trascendente, el que no puede ser limitado por nada ni por nadie, está presente en toda la realidad. Dios es el lugar por encima de todos los lugares, pero al mismo tiempo en toda la realidad hay una huella divina. Dios está en todas partes, aunque nada lo aprisiona. Si estuviera en un lugar concreto, sería limitado. No está en un lugar concreto y, sin embargo, él es la realidad que sostiene toda realidad. Dios lo engloba todo. El está en las cosas y las cosas están en él: “en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hech 17,28); Dios “lo trasciende todo, lo penetra todo y lo invade todo” (Ef 4,6).

La presencia de Dios es de una índole distinta a la nuestra. El es Espíritu, espiritu personal. Por eso no puede circunscribirse a un lugar concreto, pudiendo al mismo tiempo estar en todo lugar. De alguna manera eso también ocurre con la persona humana: gracias a que somos seres espirituales, podemos trascender el lugar y el tiempo en el que estamos. Yo no estoy sólo donde se encuentra mi cuerpo. Por ser espiritual, vivo con un horizonte ampliado; mi ser espiritual me permite estar aquí y en otro lugar al mismo tiempo; y estar en comunión profunda con la persona amada por muy distante que esté corporal y físicamente de mí.

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22
Abr
2017
Pascua, ¿alegría del mundo?
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florsobreagua

“Con esta efusión de gozo pascual el mundo entero se desborda de alegría”, dicen los prefacios del tiempo de Pascua. La frase da para muchas reflexiones. Para empezar, es una frase dirigida a los creyentes, a los que participan en la celebración eucarística.  El mundo que debe desbordar de alegría es el mundo creyente, la asamblea de los fieles. Aún con esta restricción la frase necesita alguna explicación. Porque también los creyentes, a la salida de la celebración, nos encontramos con muchas cruces. Algunas afectan directamente a los que creen en el misterio pascual. Por ejemplo, el vergonzoso destrozo de las instalaciones del Colegio de los Hermanos de La Salle en Mérida (Venezuela), ocurrido este pasado jueves. Esos hermanos viven la alegría en el dolor.

La alegría es un don mesiánico, que Jesús promete a los suyos en un contexto humano de tristeza: “lloraréis y os lamentaréis, estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. Se alegrará vuestro corazón, y vuestra alegría nadie os la podrá quitar” (Jn 16,20-22). La alegría que Jesús promete es muy distinta de las alegrías que el mundo ofrece. Porque esta alegría no nace de la búsqueda egoísta del propio placer, sino de contemplar con gratitud y sin envidia el bien de los demás. Solo el que trabaja por el bien de los demás, trabaja por su propia felicidad. Algo de eso dice el poeta bengalí Rabindranath Tagore: “Dormía y soñaba que la vida era alegría, desperté y vi que la vida era servicio, serví y vi que el servicio era alegría”.

El anuncio de la Pascua debería despertar mucha alegría. Primero, porque en ella se recapitulan las mejores esperanzas de los humanos. Y luego porque la fe pascual nos empuja a “buscar los bienes de arriba, no los de la tierra”, tal como dice la carta a los Colosenses (3,1-2). Los bienes de arriba son bienes de este mundo. Un bien de arriba es dar de comer al hambriento. O consolar al triste. Cierto, en ocasiones el bien que hacemos no tiene reconocimiento. Pero eso no tiene que hundirnos. Amar gratuitamente es saber que los otros pueden decepcionarnos y entristecernos, pero nunca deprimirnos. Como dice un buen amigo: “Tenemos que aprender a sentirnos cómodos con nuestras incomodidades”.

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19
Abr
2017
¿Vender la resurrección? ¡Creer en la resurrección!
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cieloabierto

El año pasado publiqué un post titulado: “la resurrección, un producto mal vendido”. A mi entender, ese venderlo tan mal lo hacía todavía más creíble. Este año me parece importante insistir en que la resurrección de Cristo no es un milagro destinado a justificar la fe, sino un milagro objeto de fe. Quizás por eso no sea fácil “venderla”. Porque más que presentar pruebas, lo que hay que hacer es anunciarla como una gran esperanza. Quiénes acojan el anuncio comprenderán su sentido y su valor. Quienes no lo acojan seguirán “ciegos”, porque los ojos de la carne no pueden ver a Jesús resucitado. Solo pueden verlo “los ojos de la fe”.

La resurrección no es histórica en el mismo sentido en que lo es la muerte de Jesús, pero tiene repercusiones históricas. Algo extraordinario debió ocurrir para que se desencadenase la fe pascual. Y ese algo extraordinario es confesado como la resurrección de Jesús. Tomás de Aquino es bien consciente de las dificultades que se plantean para creer en la resurrección de Cristo. Eso hace que su fe sea más meritoria, más adulta y más madura. Pero también ofrece una serie de argumentos a favor de la resurrección. Refiriéndose a estos argumentos afirma: “aunque cada uno de los argumentos en particular no fuese suficiente para probar la resurrección de Cristo, sin embargo, tomados todos conjuntamente declaran de modo perfecto su resurrección, sobre todo por el testimonio de la Escritura, las palabras de los ángeles, y la afirmación de Cristo confirmada con milagros”.

Esta convergencia de probabilidades a la que se refiere Tomás de Aquino podría completarse con otros signos o huellas. Por ejemplo: las mujeres como primeros testigos, la tumba vacía, los encuentros “misteriosos” con los Apóstoles, su cambio radical y su compromiso después de Pascua, su martirio por defender esa verdad; y el nacimiento y vivo crecimiento de la Iglesia primitiva. La convergencia de tales signos hace posible presentar la resurrección como explicación plausible de ese “algo” extraordinario que desencadenó la fe pascual. Sin olvidar nunca lo que no estamos ante pruebas irrefutables, sino ante un anuncio creíble, que solo puede aceptarse con fe en el Dios vivo que interviene en la historia de Jesús.

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15
Abr
2017
Resurrección: ¿final feliz? ¡Comienzo provocador!
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aperturacielo

La resurrección de Jesús no es el final feliz de una historia. Con la resurrección todo continúa. O mejor, todo comienza de nuevo. Así se comprende que los apóstoles que “despiden” a Jesús de esta tierra, reciban este reproche: “¿qué hacéis ahí mirando al cielo?” (Hech 1,11). No hay nada que contemplar. Solo nubes. De lo que se trata es de volver a Jerusalén y comenzar la misión, anunciar que Jesús ha resucitado, que vive y permanece, por medio de su Espíritu, entre los suyos. No se trata solo de que su causa continúa. Precisamente porque está vivo puede ponerse al frente de la causa.

Un anuncio como este no debió resultar nada fácil. En el fondo era un anuncio peligroso. Resulta llamativo –y esta es una prueba muy directa de la importancia y seriedad del artículo de fe en la resurrección de Cristo- que los apóstoles hayan sido ridiculizados y perseguidos por anunciar esa fe. Pablo, hablando de la resurrección de Cristo ante el rey Agripa, fue brutalmente interrumpido por el gobernador Festo, que le dijo: “Estas loco, Pablo; las muchas letras te hacen perder la cabeza” (Hech 26,24). Predicando esta misma fe, “Pedro y los apóstoles” provocaron “la rabia” del Sanedrín, hasta el punto de que “trataban de matarlos” (Hech 5,27-33.40.41).

Jugarse la vida por algo, es prueba evidente de la importancia que tiene para uno. Y también es prueba de que una fe así no puede ser algo inocuo o privado. A este respecto sería bueno que los cristianos de hoy nos planteásemos la pregunta por la calidad de una fe en la resurrección que no transforme la vida y en la que la vida no esté en juego.

Este anuncio peligroso llena de esperanza la vida de los seguidores de Jesús. Una esperanza que nos moviliza, y nos hace tomar partido, el partido de la vida, el mismo que tomó Jesús a favor del bien y en contra del mal, a favor de los oprimidos y en contra de los opresores, a favor de los pobres y los humildes y en contra de los ponen su confianza en el dinero y su único objetivo es conseguir más del que ya tienen. Una esperanza que nos mueve a derribar barreras de muerte (las que se construyen entre Estados Unidos y México y las que se construyen en la frontera de Ceuta y Melilla) y levantar puentes de vida. La esperanza que despierta la resurrección de Jesús solo se mantiene en aquellos cuya vida está movida por el mismo Espíritu de Jesús.

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11
Abr
2017
Matar el odio
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cruzentinieblas

El cuarto evangelio pone en boca de Jesús estas acertadas palabras: “me han odiado sin motivo” (Jn 15,25). Jesús mismo, según este evangelio, explica la razón de este odio sin motivo: “haber hecho obras que no ha hecho ningún otro”. En efecto: cuando uno solo hace el bien, rechazarle parece el triunfo de la sin razón. El odio, como el amor, es ciego, pero de diferente manera: mientras el amor disculpa sin límites porque “no toma en cuenta el mal” (1 Cor 13,5), el odio, viendo las buenas obras, es incapaz de ver el más mínimo bien.

Si alguien tiene motivos para odiar es precisamente el que es odiado sin motivo. Pues bien, Jesús nunca devuelve mal por mal, al ser insultado no respondía con insultos, al padecer no amenazaba (1 Pe 2,22). Para que esto fuera posible “dio en sí mismo muerte al odio” (Ef 2,16). Solo así es posible parar el odio: cuando uno lo mata en sí mismo. O mejor aún, cuando uno no lo deja entrar en su vida. Para no dejarlo entrar, Jesús llevaba puesta la coraza del amor (cf. Ef 6,14-16). Como el odio no estaba en su vida, era imposible que odiase. De Jesús sólo sale amor.

Dar muerte al odio, llevar puesta la coraza del amor: evidentemente se trata de metáforas, pero son muy significativas, porque responden a una actitud determinante de la vida de Jesús. En él resplandecía el Amor del Padre que invadía su vida. Así se explica que en la muerte de Jesús resplandezca una gran luz, que contrasta todavía más frente a la gran oscuridad que envuelve a los que le matan. Este modo de morir tiene como resultado la paz, porque al no haber ningún asomo de odio, puede derribar todos los muros que separan a los pueblos (Ef 2,14).

Desgraciadamente, Jesús sigue siendo crucificado en tantas personas que llevan su imagen. ¿Cómo explicar a los crucificados de la tierra que solo si matan en sí mismos el odio será posible la paz? Más difícil aún: ¿cómo explicar a los crucificadores el sin motivo de lo que hacen? La pasión de Cristo continúa. Sospecho que continuará mientras haya seres humanos sobre la tierra. La cuestión entonces es: ¿de qué lado me pongo yo?, ¿con quién quiero identificarme, con los que odian sin motivo o con los que matan en sí mismos el odio?

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8
Abr
2017
¿Estatuto canónico para los seguidores de Lefebvre?
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hojassecas

Hay gestos, por parte de la Santa Sede, que parecen anunciar la concesión de un estatuto canónico dentro de la Iglesia para los seguidores de Monseñor Lefebvre. Durante el año de la misericordia se concedió a los sacerdotes de la fraternidad san Pío X poder celebrar válida y lícitamente el sacramento de la reconciliación. Hace pocos días el Papa Francisco ha abierto la posibilidad de que estos sacerdotes puedan presidir el matrimonio de fieles que siguen la actividad pastoral de la Fraternidad. Para ser exactos estas concesiones se hacen a aquellos que reconocen a Bernard Fellay como su superior. Otros grupos, sobre todo los que siguen a Richard Williamson, siguen al margen de la gran Iglesia y son manifestación de la división que hay entre los seguidores de Lefebre.

El Papa es coherente con su política “incluyente”: en la Iglesia hay sitio para todos. Para todos los que están dispuestos a respetar y reconocer las legítimas diferencias, carismas y modalidades de seguir a Cristo y de vivir eclesialmente. Por parte de los seguidores de Fellay, el hecho de acoger favorablemente estas concesiones implica, al menos implícitamente, el reconocimiento de la autoridad del Obispo de Roma.

Uno de los más serios problemas que plantea la integración y reconocimiento eclesial de los lefebrvrianos es la aceptación del Concilio Vaticano II. Parece que Monseñor Fellay estaría dispuesto a reconocer que el Concilio Vaticano II debe entenderse en el contexto de la gran tradición de la Iglesia. Se trata de un reconocimiento muy genérico y global, porque el problema no es el principio sino las aplicaciones y repercusiones concretas. Siempre se puede decir que en las aplicaciones, repercusiones y lecturas doctrinales ha habido y hay en la Iglesia un pluralismo de facto, reconocido por el mismo Magisterio.

La visión de los lefebrianos no es muy distinta de la que tienen otros grupos católicos que nunca han roto con Roma y siempre se han declarado “mas católicos que ninguno”. Las críticas que, por parte de los representantes de estos grupos, está recibiendo el Papa Francisco no son muy distintas de las que recibe por parte de monseñor Fellay y los que se sitúan a su lado.

Si estos gestos terminan en la creación de una prelatura personal o un ordinariato, se supone que el Ordinario de tal estructura jurídica tendrá que ser nombrado por la Santa Sede o, al menos, si hay derecho de propuesta, ser aceptado por la Santa Sede. Ahí es donde, poco a poco, la Sede de Roma podrá modular las actitudes del grupo, ir poco a poco encauzando sus posturas y controlar sus movimientos. Quizás esta aprobación, si se da, sorprenda a muchos, pero es posible que tenga efectos positivos, aunque sean retardados.

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