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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

13
Dic
2020
San José: sobre todo padre, según el Papa
1 comentarios

sanjosepadre

La carta del Papa sobre San José está dividida en siete apartados. Cada uno lleva un título que siempre empieza con el término “Padre”. José es Padre amado por el pueblo cristiano. Padre en la ternura, pues en el comportamiento que tuvo con su hijo, Jesús vio la ternura de Dios. Padre en la obediencia, pues hizo del cumplimiento de la voluntad de Dios su alimento diario. Padre en la acogida, pues “acogió a María sin poner condiciones previas”. Padre de la valentía creativa, ya que supo encontrar soluciones ante las dificultades. Padre trabajador, “un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia”. Y finalmente, Padre en la sombra, pues para Jesús fue “la sombra del Padre celestial en la tierra: lo auxilia, lo protege, no se aparta jamás de su lado para seguir sus pasos”.

Como ya hizo en la encíclica Fratelli tutti, Francisco, en esta carta vuelve a decir una palabra muy necesaria en este tiempo de epidemia. Al respecto, san José puede darnos dos grandes lecciones. La primera, mantener la confianza en Dios en las tormentas de la vida, como él hizo ante las dificultades que se le presentaron para proteger la vida del niño y de su madre. La segunda lección, aplicable a la situación sanitaria, es su saber estar en segundo plano, sin buscar protagonismo, pero siempre muy atento. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en segunda línea tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. Cosa aplicable a tantas personas que no aparecen en las portadas de las revistas, ni en las pasarelas del último show, pero que han sido decisivas para sostener nuestras vidas en estos tiempos difíciles: médicos, enfermeras, cuidadoras, limpiadoras, fuerzas de seguridad, religiosas y tantos otros.

Viene bien aquí recordar uno de los títulos que el Papa da a san José: Padre de la valentía creativa. Cuando nos enfrentamos a alguna dificultad podemos o bajar los brazos, o buscar soluciones. A veces, dice el Papa, las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener. Muchas veces nos preguntamos por qué Dios no interviene directa y claramente. Olvidamos que Dios actúa a través de eventos y personas. El cielo intervino confiando en la valentía creadora de José, que encontró un lugar para que María pudiera dar a luz y, posteriormente, supo organizar una huida a Egipto para salvar al niño y a su madre.

Dice Francisco: “si a veces parece que Dios no nos ayuda, no significa que nos haya abandonado, sino que confía en nosotros, en lo que podemos planear, inventar, encontrar”. Debemos preguntarnos seriamente si estamos protegiendo con todas nuestras fuerzas a tantas personas que nos necesitan, indigentes, exiliados, afligidos, moribundos. “En cada una de estas realidades está siempre el Niño y su madre”. Cada cristiano está llamado a convertirse en un nuevo san José, padre de la valentía creativa.

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10
Dic
2020
Carta del Papa sobre San José
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sanjose

El día de la fiesta de la Inmaculada el Papa firmó una carta apostólica dedicada a San José, con motivo del 150 aniversario de su proclamación como patrono de la Iglesia universal. Es recomendable leerla. Rebosa devoción a San José.

Me limito a destacar dos cosas de la carta, de suma actualidad. La primera, el trato exquisito que José manifestó hacia María, verdadero modelo de una relación igualitaria y corresponsable entre varones y mujeres. José acogió a María sin poner condiciones previas: “La nobleza de su corazón le hace supeditar a la caridad lo aprendido por ley; y hoy, en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente, José se presenta como figura de varón respetuoso, delicado que, aun no teniendo toda la información, se decide por la fama, dignidad y vida de María”.

Así, “la acogida de José nos invita a acoger a los demás, sin exclusiones, tal como son, con preferencia por los débiles, porque Dios elige lo que es débil (cf. 1 Co 1,27), es padre de los huérfanos y defensor de las viudas (Sal 68,6) y nos ordena amar al extranjero. Deseo imaginar que Jesús tomó de las actitudes de José el ejemplo para la parábola del hijo pródigo y el padre misericordioso (cf. Lc 15,11-32)”.

La segunda cosa se refiere a la relación con su hijo Jesús: “Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él. Ser padre significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, no para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir”.

A este respecto resulta interesante la lectura que hace el Francisco del apelativo de “castísimo” que la tradición ha puesto a san José: “es la síntesis de una actitud que expresa lo contrario a poseer. La castidad está en ser libres del afán de poseer en todos los ámbitos de la vida. Sólo cuando un amor es casto es un verdadero amor. El amor que quiere poseer, al final, siempre se vuelve peligroso, aprisiona, sofoca, hace infeliz. Dios mismo amó al hombre con amor casto, dejándolo libre incluso para equivocarse y ponerse en contra suya. La lógica del amor es siempre una lógica de libertad, y José fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre. Nunca se puso en el centro. Supo cómo descentrarse, para poner a María y a Jesús en el centro de su vida”.

Concluye así su reflexión el Papa: “El mundo necesita padres, rechaza a los amos, es decir: rechaza a los que quieren usar la posesión del otro para llenar su propio vacío; rehúsa a los que confunden autoridad con autoritarismo, servicio con servilismo, confrontación con opresión, caridad con asistencialismo, fuerza con destrucción”.

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7
Dic
2020
Toda santa es María
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virgensanisidoro

La fiesta de la Inmaculada nos invita a fijar nuestra mirada en la madre de Jesús. Más que entrar en la controvertida historia del dogma de la Inmaculada Concepción, interesa ofrecer una explicación teológica que ayude a vivir la fe con mayor convicción.

La concepción de Jesús parece que necesita, ya desde sus inicios, una cuna apropiada, coherente con su ser de Dios. Dado que la gestación no es sólo biológica o fisiológica, sino también cultural (pues el niño en el vientre materno oye la música, las palabras, siente las caricias, el humor, la alegría de la madre, y no sólo el humo del tabaco) parece necesaria una santidad excepcional en la mujer que concibe al Hijo de Dios. De hecho, antes de la proclamación del dogma de la Inmaculada, los teólogos estaban de acuerdo en que María fue santificada en el seno materno “con tal abundancia de gracia que ya quedó inmune desde aquel momento a todo pecado, no sólo mortal, sino incluso venial” (dicho con palabras de Tomás de Aquino).

El dogma afirma que María entró en la existencia como un ser humano redimido. Redimida antes de que ella se apropiara de la redención o fuese capaz de realizar una acción meritoria. Ahora bien, durante su vida posterior tuvo que responder libre y conscientemente a la gracia recibida. Se puede comparar el caso de María con el de los niños bautizados. Una vez bautizado, el niño está objetivamente redimido, pero sólo al madurar podrá asimilar personalmente el misterio de la redención. María pasó por un proceso semejante de desarrollo, aunque sin la intervención del pecado ni de sus efectos pecaminosos. Eso no significa que no sufriera tentaciones; significa que recibió una gracia que le permitió resistir a las fuerzas del mal con las que, inevitablemente, se encontró a la largo de su vida.

Dios ha dado a María una sobreabundancia de vida religiosa, una plenitud de caridad única. Este es el lado positivo de la doctrina de Pío IX sobre la Inmaculada, que concluye con un dogma formulado en términos negativos. El amor de Dios otorgado a María en su concepción, se convirtió en amor acogido cuando despertó la conciencia de María. Dios hizo que la atmósfera de pecado que, inevitablemente, envolvió a María, no encontrase en ella la menor complacencia. Sin duda, el medio familiar en el que ella creció era piadoso y santo y favoreció su crecimiento espiritual. Pero, tarde o temprano, se encontró en presencia del pecado y sus tentaciones, como también le ocurrió a su Hijo. Entonces la fuerza de su amor por Dios le preservó de toda complicidad, por pequeña que fuese. El torrente que puede derribar una casa construida sobre arena no pudo con una casa construida sobre roca.

Lo ocurrido con María, toda santa, toda de Dios, es un signo que indica a los cristianos cuál es nuestro objetivo: ser santos e inmaculados delante de Dios por el amor (Ef 1,4). Este es el camino que conduce a la vida eterna.

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5
Dic
2020
Preparar caminos
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caminos

Las lecturas del segundo domingo de adviento recalcan el sentido que tienen esos primeros días de adviento: no se trata de mirar al pasado, a algo que aconteció, a alguien que vino, sino de mirar al futuro, a lo que todavía no ha sucedido, al que vendrá. El que vendrá es el Señor glorioso, revestido de poder, para juzgar a los vivos y a los muertos, o sea, para poner a cada uno en su sitio, aunque, sin duda, lo hará con mucho amor, mucha misericordia y muy consciente de nuestra fragilidad. A lo mejor el sitio de cada uno, aunque no lo sepa, es un espacio lleno de amor.

La segunda lectura de este domingo está tomada de la segunda carta del apóstol Pedro. En ella escucharemos algo muy importante: si todo este mundo se va a desintegrar, si este mundo tiene un final, porque es pasajero, ¡qué santa y piadosa ha de ser nuestra conducta! Ese no es el discurso que se escucha en el mundo. Lo que se oye por ahí es que, puesto que este mundo se acaba, ¡comamos y bebamos que mañana moriremos! O sea, ¡a vivir que son dos días! Y vivir en este caso significa pasarlo en grande sin pensar en las malas consecuencias que, para uno mismo o para los demás, puede acarrear este “pasarlo en grande”. Vamos, lo que está ocurriendo con la epidemia del covid-19: algunos se dedican a la juerga sin importarles si contagian o no contagian a los demás.

La carta de Pedro dice todo lo contrario: puesto que somos peregrinos en este mundo, puesto que este mundo es provisional, no perdamos el tiempo con juergas y borracheras, sino dediquémonos a preparar caminos al Señor que viene a nuestro encuentro. Viene si nosotros vamos hacia él. Porque si el Señor viene, pero nosotros no vamos, no hay encuentro. ¿Y cómo se preparan caminos? La primera lectura del profeta Isaías lo dice por medio de estas imágenes: “que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale”. O sea: no aprovecharse del otro, no pisotear ni oprimir al hermano. Y si alguien está arriba o tiene mucho, que se abaje para compartir. Y quién vive desordenada o torcidamente, que ponga orden en su vida.

Esos caminos que preparan la venida del Señor, son también, dice el profeta, consuelo para el pueblo. Porque el consuelo no viene ni de los políticos, ni de los superiores, ni de las estructuras, ni de las leyes. El consuelo viene de Dios. Y Dios viene donde abrimos resquicios a la verdad, la justicia, la paz, el bien, el perdón, la misericordia. Por ahí entra Dios en nuestras vidas, aunque no lo sepamos.

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4
Dic
2020
Perder la vida en una Navidad
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Navidadfeliz

En una página de Facebook he leído una frase escrita con la mejor intención, pero quizás un poco imprecisa: “Es mejor perder una navidad en tu vida, que perder tu vida en una navidad”. Se entiende lo que quiere decir y la buena intención con que lo dice: cuidado con los excesos durante los días de Navidad y fin de año, porque más vale perder una cena o una fiesta que perder la vida. Esto está claro. Corremos el riesgo de que lo mucho o poco que hemos ganado en estos días de toque de queda se estropee en una noche de fiesta.

Pero tal como está formulada la frase expresa, quizás sin quererlo, una falsa idea de la Navidad. Con epidemia o sin ella, sano o enfermo, con trabajo o sin trabajo, solo o en compañía, en cualquier situación el cristiano puede celebrar la Navidad. Porque lo importante es contemplar el misterio de la Palabra eterna que se hace palabra humana para manifestar el amor inconmensurable de Dios hacia cada una de sus criaturas. Y eso no se celebra con una cena, o con unos cantos y, menos aún, con una juerga o con una fiesta descontrolada. Las Navidades se han convertido para muchos en unas vacaciones de invierno. Y está muy bien. Pero eso no es la Navidad cristiana.

Los cristianos no tenemos que perder ni la vida ni la Navidad. Este año la tenemos que celebrar en unas circunstancias sociales y sanitarias distintas y nuevas. Quizás habrá que adelantar la hora de la celebración o suprimir la Misa de medianoche, quizás habrá que celebrarla con más sobriedad y, por supuesto, suprimir los besos al niño Jesús. Eso, siendo importante, no es lo principal. Lo principal es tener un corazón bien dispuesto para contemplar y agradecer el misterio. Lo demás está al servicio de esta contemplación y agradecimiento. Si además podemos celebrar nuestra alegría cristiana (insisto: alegría cristiana) con la familia, compartiendo el pan y la amistad, mejor que mejor. Y si no se puede compartir el pan, siempre se puede compartir la amistad.

Dice la frase que me ha provocado: “es mejor perder una navidad en tu vida”, así con minúscula, porque esa navidad a la que se refiere la frase no es la buena. No te pierdas la Navidad con mayúscula, la buena Navidad, la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Continua la frase: “que perder la vida en una navidad”, también con minúscula esa navidad que te puede quitar la vida. Porque es una mala navidad, una navidad menor. La Navidad verdadera, con mayúscula, nunca te quitará la vida. Te dará la buena vida, la vida eterna, la vida que trae esa Palabra que ilumina a toda persona que viene a este mundo, pues en ella estaba la vida, y la vida era la luz de los humanos.

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29
Nov
2020
Adviento o qué ocurre después de la tormenta
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velacorta

Los refranes tienen su punto de sabiduría, pero no siempre aciertan. Porque las cosas son según el cristal con el que las miramos. Ese refrán que dice que después de la tormenta viene la calma puede servir para animarnos un poco con las noticias que dicen que pronto comenzará a distribuirse la vacuna contra el coronavirus, aunque la verdad es que no podemos descuidarnos ni pensar que con eso estará vencida la epidemia. Esperemos que las vacunas sean eficaces y esperemos que haya para todos.

Un buen eslogan del adviento podría ser: “después de cada noche viene un amanecer”. Lo malo es que hay noches que son muy largas. La noche de los que se han quedado sin trabajo, la noche de los enfermos o de los infectados, la noche de los tristes e incomprendidos. Para un cristiano es verdad, en términos absolutos, que después de la noche de esta vida viene el amanecer de la luz de Dios. Pero mientras tanto hay que vivir esta vida. La voluntad de Dios es que la vivamos con serenidad y alegría. Un cristiano sabe que la felicidad sólo es verdadera cuando es compartida. Pues según el libro de los Hechos (20,35) el Señor Jesús afirmó: hay más dicha en dar que en recibir. Dar, darnos, acoger, escuchar, comprender, decir una palabra de aliento, ayudar con algo más que palabras, compartir, repartir, en fin, ahí está la dicha. Porque sólo el que busca la felicidad de los demás, sólo ese trabaja para su propia felicidad.

Lo primero que hace el adviento es recordar que un día Cristo vendrá glorioso para juzgar a vivos y a muertos. Por eso digo que para un cristiano es verdad que después de la noche viene el amanecer. Porque el Señor que vendrá glorioso será un auténtico amanecer de alegría para todos los que han sabido acogerle cada día en su venida en la humildad de nuestra carne. Pues en la carne del necesitado y del enfermo, allí nos está esperando el Señor glorioso, que vendrá y que un día vino en la persona de Jesús de Nazaret.

Si el adviento comienza por recordar qué ocurre después de las tormentas de esta vida, también recuerda como navegar en medio de ellas conservando la barca a flote. El motor que conserva la barca a flote es el amor. Hay que estar muy atentos para descubrir donde falta amor y dónde sobra egoísmo. Conservar la barca a flote, en las tormentas de la vida, es un modo seguro de que llegue a buen puerto. El buen puerto, la tierra nueva, la tierra prometida a la que nos conduce Cristo es el seno del Padre. Es importante que el adviento afirme que de nuevo vendrá glorioso y su reino no tendrá fin.

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25
Nov
2020
Arte, resplandor cargado de futuro
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felix

El artista se dedica a practicar alguna de las bellas artes, por ejemplo, la poesía o la pintura. El poeta sabe expresar la verdad por medio de imágenes que llaman la atención a la inteligencia y la hacen pensar. Dígase lo mismo del pintor: para expresar la verdad, o mantener la esperanza en tiempos de desesperanza, utiliza colores armoniosos que complacen a los ojos del cuerpo y hacen pensar a los ojos del alma. El buen arte es un bombardeo de sensaciones que despiertan la conciencia.

El arte está al alcance de todos. Tiene la marca de la gratuidad. Si solo es negocio no es arte. Tampoco es arte si no transmite valores positivos. En la mentira o en el resentimiento no hay belleza. Cuando falta la verdad no hay arte, hay artimaña. En contextos hostiles, cuando hablar con claridad es peligroso, el arte manifiesta la verdad de forma alusiva o indirecta. Se necesitan entonces algunas claves para entender el juego de las palabras o la armonía de los colores.

A veces el arte necesita tiempo para conseguir su objetivo. Como resulta llamativo, tiene la ventaja de mantenerse en el tiempo, y esperar su momento. El buen arte está cargado de futuro. A todos interpela, pero no a todos de la misma manera, porque no todos son amantes de la verdad. Hay quién prefiere a Platón. Unos se quedan en la superficie, otros prefieren las artimañas, otros no entienden nada. Lo hay que entienden, pero reniegan del arte con mil argumentos. Otros entienden y comulgan con el mensaje. Esos sienten que su alma se serena a la espera de mejores momentos.

En el arte se pone la vida. Por eso el artista, en ocasiones, trasluce las sombras de la vida. Pero sabe orientar, más allá de las sombras, a la luz que pugna por salir. Como dice Gabriel Celaya, el artista toma partido y su arte golpea las tinieblas. Espera con paciencia el momento del florecer. Mientras tanto es posible que alguna lágrima suavice la presión de la espera cuando esta espera es contra toda esperanza.

El cuadro que acompaña al artículo es de Félix Hernández

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20
Nov
2020
Sobre el covid-19: sugerencias e incongruencias
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virus

La responsabilidad es un bien escaso. Si la población fuera responsable se habrían evitado muchos contagios y fallecimientos por el covid-19 y otras enfermedades. Hay que tener en cuenta que los recursos sanitarios son limitados. Por tanto, hay que repartir esos recursos según las necesidades de la población: infecciones, cánceres, enfermedades degenerativas, en prevención, tratamiento, rehabilitación, investigación, personal.

Dicho lo anterior, me hago eco de la sugerencia que me envía una persona amiga, que conoce bien el mundo de la sanidad. Comprendo que su propuesta es difícil de realizar, porque, a veces, no es fácil delimitar responsabilidades. Aún así, creo que vale la pena difundirla. Reproduzco literalmente del texto que me envía:

“Si una persona o varias tienen conductas de riesgo, produciendo un daño a la población, actualmente con el covid-19 se les pone una multa. Pero si son jóvenes, la pagan los padres, y si son insolventes, … Una cuestión que molesta a los usuarios del sistema sanitario es pagar por la sanidad, ya que todos pagamos impuestos para tener una sanidad gratuita. Pero, en el caso de saber que se ha cometido una imprudencia con daño, podrían pagar un 10% del coste de su estancia hospitalaria (utilizar el mismo porcentaje que se utilizó años atrás con las recetas) o pagar el coste de las pruebas PCR. Y/o hacer servicios a la comunidad durante un tiempo determinado, para revertir el daño producido a esta. Es la mejor forma de ver las consecuencias de la enfermedad. Podrían ayudar a nuestros celadores, ya que están controlados y tienen un contacto con los pacientes.

Esto serviría no sólo para la situación actual, sino para otras prácticas de riesgo. Por ejemplo, tenemos pacientes a los que se les ha dado tratamiento para la hepatitis C, se han negativizado y han tenido prácticas de riesgo, con lo que no sólo han vuelto a tener un brote de hepatitis, sino que se han contagiado con VHI. Estos tratamientos por sí ya son suficientemente caros. Y si hay que repartir nuestros recursos limitados para sanidad, ¿en qué utilizamos los presupuestos?”

Y tras la propuesta, algunas preguntas que me parecen interesantes: ¿Cómo es posible que en la documentación que facilita a los sanitarios el Ministerio de Sanidad se diga que exactamente no se sabe cuándo empieza y deja de contagiar el covi-19 y, a la vez, reduzcan los tiempos de aislamiento? Es decir, se ha comprobado que los 14 días de aislamiento tras contacto con positivo, disminuyen los contagios. ¿Por qué se han reducido estos días a 10? Justo en este tiempo, ha habido un aumento de los casos.

Por otra parte, el discurso de nuestro presidente del gobierno incide en la importancia de tener una vacuna. ¿Por qué? ¿Y si no es efectiva como ocurrió con la vacuna de la tuberculosis? Que además se transmite como el covid-19. ¿Y el hoy? ¿Qué hacemos para vivir bien o mejor con el nuevo virus? Me da la sensación de que el gobierno no está asumiendo responsabilidades.

¿Por qué hasta ahora no se han pedido PCR a la gente que entra a nuestro país tanto si es por trabajo, como por ocio? ¿Por qué en nuestros hospitales y residencias de tercera edad, cuando el personal se ha incorporado de vacaciones no se ha hecho PCR para ver en qué condiciones se incorporaban a trabajar? ¿Se han hecho PCR a los profesores antes de empezar las clases? Teniendo siempre en cuenta que la PCR tiene una efectividad del 70%.

Todas las decisiones que se tomen, tienen consecuencias. Pero si hay malas consecuencias, éstas no tienen por qué acarrear otras malas. Por ejemplo, si lo que se ha decidido hasta el momento ha hecho que suban los casos de contagiados, algo se está haciendo mal. Y no por eso hay que sugerir que se quiten días libres al personal sanitario. Hasta el momento, sólo se hizo en plena crisis. Peso se ha vuelto a comentar.

¿Cómo es posible que en los colegios se esté llevando a rajatabla las distancias sociales y en el transporte público no?

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18
Nov
2020
¿Dónde está tu Dios?
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dondeestá

Al menos en tres ocasiones, el Salmista (42,4; 79,10; 115,2) confiesa angustiado que “las gentes” le preguntan: ¿dónde está tu Dios? La pregunta surge en situaciones de crisis o de desaliento (“las lágrimas son mi pan día y noche”; “estamos abatidos”), cuando parece que es más difícil y complicado responder. También a Jesús, en una situación de crisis absoluta, le preguntaban por qué no se salvaba, él que decía tener a Dios por Padre. Si acudimos al libro de los Salmos en busca de una respuesta, quizás nos decepcionemos. Porque no hay respuesta, al menos no hay respuesta directa como las que gustan a las mentalidades prácticas y utilitarias. Hay una vaga esperanza (“espera en Dios, que volverás a alabarlo”), una balbuciente oración (“llegue hasta ti el suspiro del cautivo”), o una afirmación incomprobable: “nuestro Dios está en el cielo, y todo lo que quiere lo hace”.

También a Jesús le hicieron una pregunta parecida y bien directa: “¿dónde está tu Padre?” (Jn 8,19). La respuesta de Jesús orienta en una buena dirección: conociéndome a mí o mirándome a mí, se conoce al Padre. Esta es la buena respuesta del creyente, consciente de una cosa: que a Dios solo se le ve en la mediación de una humanidad (la de Jesús o la del cristiano) y toda humanidad es ambigua; por eso, lo que en ella se ve depende de la mirada del observador: solo se ve bien con el corazón; con los ojos uno puede ver cualquier cosa. Por eso, cuando se trata de cuestiones fundamentales cada uno ve lo que quiere ver.

Con todo ya es un dato importante que nos pregunten. Porque, si nos preguntan, eso significa que, a pesar de nuestras deficiencias y limitaciones, hay algo en nosotros que provoca preguntas religiosas. Yo diría que incluso a pesar de nuestros pecados. Y es que, hay modos y modos de pecar. Los hay que pecan y se quedan a gusto; los hay que pecan y se quedan disgustados. Cuando uno ve el disgusto del pecador, la gente que entiende que en el pecado debería haber encontrado mucho gusto, se pregunta qué tipo de pecador es este que peca a disgusto.

La pregunta: ¿dónde está tu Dios?, puede tener muchas variantes y hacerse de muchas maneras. La pregunta nos la hacen los que dudan de la existencia de Dios, o los que critican a la Iglesia (unas veces con razón y otras con mala intención); nos la hacen los indiferentes y aquellos que manifiestan (como dice Francisco) una gran sed de Dios o buscan respuesta a la pregunta por el sentido de la vida; nos la hace tanta gente instalada en el sufrimiento y que busca desesperadamente un poco de esperanza. ¿Sabremos los creyentes detectar esa pregunta? ¿Sabremos responderla pacíficamente, sin sentirnos atacados? Hay preguntas que sólo pueden responderse desde la paz y la paciencia. Cuando se responde defensivamente y, no digamos, atacando, se responde mal.

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14
Nov
2020
La sabiduría brota del amor
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luzdealto

Decía en mi anterior entrega que lo distintivo del sabio es la prudencia y la sensatez con la que usa sus conocimientos. Este último aspecto es decisivo. Hay personas que no han tenido la oportunidad de estudiar, pero son realmente sabias, ya que lo que saben lo usan para ayudar a los demás y vivir bondadosamente. La buena sabiduría brota del amor. No es extraño que San Pablo contraponga la “sabiduría de este mundo” a la “sabiduría divina” (1 Cor 1,20), y califique a la sabiduría de este mundo de “necedad a los ojos de Dios” (1 Cor 3,19). Está claro: la sabiduría de este mundo sólo piensa en el propio beneficio y en el propio interés. En cambio, la divina brota del amor y encuentra en la entrega total de Cristo en la Cruz, como expresión suprema de amor y perdón, su expresión más acabada (1 Cor 1,23-31).

Los contemporáneos de Jesús recuerdan su sabiduría al contraponer su enseñanza a la de los escribas. Estos últimos conocían muy bien la ley, pero no eran sensibles a las necesidades de las personas; a los escribas les importaba su prestigio personal y el que se reconociese su “mando en plaza”. A Jesús le importa la persona, fatigada y cansada, necesitada de comprensión y alivio. Por eso sus palabras son conformes a las que el Antiguo Testamento atribuye a la Sabiduría divina. El texto de Mt 11,28-30 (venid a mi los que estáis fatigados y yo os daré descanso) se corresponde con Eclo 24,19-20 (quien venga a mi no tendrá ya hambre porque mi heredad es más dulce que la miel).

Jesús promete a los suyos el don de la sabiduría (Lc 21,15). María es el mejor modelo del creyente que acoge esta sabiduría divina que resplandece en Jesús. Después de haber acogido la palabra del ángel que le anuncia que concebirá a uno que “será grande” porque será “hijo del Altísimo”, María se puso en camino y entró en casa de Zacarías (Lc 1,39-45). ¿Qué busca María en casa de Zacarías? Una piadosa respuesta sería: ayudar a su parienta embaraza. Hay una respuesta teológica más apropiada. Zacarías significa “memoria, recuerdo”. María acude a la casa de la memoria, a la casa de la sabiduría. María acude a los sabios de Israel, a los ancianos, representados por Zacarías e Isabel. En la casa de la sabiduría ocurren cosas sorprendentes. En primer lugar, María experimenta la alegría que brota del fruto de su vientre. Y luego escucha la primera bienaventuranza que aparece en el evangelio: “dichosa tú que has creído”. Es la bienaventuranza de la fe, que todos podemos abrazar, y que nos otorga la sabiduría que procede de Dios.

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