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Mar2013La desgracia del fundamentalismo
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Mar
La más triste desgracia que producen los fundamentalistas va precisamente en línea contraria a lo que ellos dicen pretender. Pretenden defender la fe católica, o la verdad cristiana en el caso de los fundamentalistas protestantes, contra supuestos errores y desviaciones. Para ello se apoyan en la seguridad de la letra de la Biblia o del dogma, leídos literalmente, como si cada una de las palabras de la Biblia o del dogma fueran absolutas, y no estuvieran históricamente condicionadas. Uno de los efectos que logran es que los adversarios de la fe cristiana se apoyen en ellos para rechazar la luz que proviene de la Revelación y la sabiduría que nos transmite la tradición de la Iglesia.
Si las cosas son como dicen los fundamentalistas, evidentemente la Biblia es un auténtico cuento infantil y sus páginas resultan poco creíbles. Mantener que Dios creo el mundo en seis días de 24 horas, o en seis períodos de tiempo; o calcular la edad de la tierra, a base de las edades de los patriarcas tal como las relata el Génesis, llegando a la conclusión de que la tierra tiene, como mucho, unos 20.000 años, es un auténtico dislate que ninguna persona medianamente razonable puede hoy aceptar. Los que piensan que la Biblia es una literatura mítica encuentran su mejor aval en esas posiciones, mantenidas por los fundamentalistas cristianos.
Los fundamentalistas entienden que Dios se revela en la Biblia “palabra por palabra”. Comprenden la tradición en términos inmovilistas, no tienen en cuenta que la reflexión evoluciona, que hay verdades de las que se toma conciencia poco a poco, que la cultura condiciona lo que uno quiere transmitir y, por tanto, que leer un mensaje del pasado sin tener en cuenta la distancia hermenéutica que nos separa de él, es mal interpretarlo. Ellos, con sus lecturas desfasadas y, lo que es peor, inadecuadas, ofrecen una imagen distorsionada de la religión que, al presentarla como verdadera, la convierten en motivo de rechazo para muchos.
Por otra parte, los fundamentalistas son excluyentes. Pretenden convertir la Iglesia en un recinto de pensamiento único. Entienden que las diferencias se solucionan a base de castigos. Si las cosas son como dicen ellos, entonces lo mejor que puede hacer una persona sensata es marcharse de la Iglesia, huir de ese lugar de condenas, escapar de tanto control y vigilancia. Si fuera de la Iglesia (así entendida) no hay salvación, entonces la mayoría de los seres humanos están fuera del ámbito de la salvación. Y la obra de Dios es un fracaso.
En estos días en que están saliendo todo tipo de asuntos, unos más turbios relacionados con el entorno del Papa, y otros más piadosos sobre sus últimos gestos; en que se analizan algunas de sus últimas palabras públicas, como por ejemplo, esas en las que ha confesado que durante su ministerio ha habido días soleados y pacíficos, junto con otros en que las aguas bajaban agitadas y Dios parecía callado, considero preferible mirar hacia delante, aunque sin olvidar del todo que en la casa de la Iglesia hay necesidad de conversión y purificación.
Desde el presupuesto creyente de que quién ha visto a Jesús ha visto al Padre, surge la pregunta por el Dios que se revela en la Crucifixión de Cristo. Una respuesta bastante corriente dice que en la cruz de Cristo se revela un Dios que, para salvar a la humanidad pecadora, necesita una satisfacción. La cruz forma parte del plan de Dios que, si no ha enviado él mismo a su Hijo a la cruz, al menos ha previsto este tipo de muerte, que él acepta como reparación por los pecados del mundo. Algunos han visto ahí la imagen de un Dios sádico, que mata a su Hijo más querido para aplacar su cólera.
Me gustó un cartel que decía: “un auténtico cristiano no consulta nunca el horóscopo, más bien lee el Evangelio cada día”. No sé si son muchos los creyentes que leen el horóscopo, pero sí son muchas las personas que acuden a adivinos, astrólogos, echadores de cartas, visionarios, etc. Es llamativa la cantidad de canales de televisión en los que se ofrecen este tipo de servicios, a través de líneas telefónicas de alto coste y baja velocidad. A veces los personajes que dicen solucionar la vida de los que les consultan están rodeados de signos religiosos católicos, tales como imágenes o frases alusivas a San Cayetano, San Judas, el Cristo de Medinaceli y todas las vírgenes que ustedes quieran. Llama también la atención que revistas y periódicos “serios” publiquen el horóscopo. Debe ser porque interesa a sus lectores.
Tras asumir el poder Fidel Castro muchos religiosos, religiosas y sacerdotes, salieron de Cuba. Hubo una Congregación, la de las Hermanas de la Caridad, que fue respetada. ¿El motivo? Antes de la toma del poder, Fidel estuvo preso. Mientras estuvo en la cárcel, una Hermana de la Caridad le visitaba y le ayudaba (como hacían otras hermanas con otros presos). Fidel estaba entonces escribiendo fragmentos de su obra “La historia me absolverá”, y la hermana sacaba de la cárcel el escrito de Fidel, escondido en su hábito. Cuando Fidel logró el poder, la Hermana, que le trataba con confianza y cariño, le pidió reiteradamente, en privado y en público, que permitiese a las Hermanas de la Caridad seguir visitando a los presos. Fidel nunca se lo autorizó, ni a ella ni a las otras hermanas. Un día Fidel le dijo: no puedo permitirles que visiten ustedes a los presos, porque yo sé muy bien de los que son capaces.
En este tiempo de Cuaresma las palabras conversión y penitencia van a estar muy presentes en la liturgia, con la sana pretensión de que también estén muy presentes en la vida del cristiano. Mucha gente entiende estas palabras de forma negativa: la penitencia sería, para estas personas, un modo de aplacar a Dios a cambio de realizar algo desagradable y costoso, o de privarse de algo que nos apetece y nos agrada. Sin embargo la conversión y la penitencia implican una realidad muy positiva, favorable para el ser humano y acorde con su dignidad. Conversión significa darle la espalda a lo que no es bueno, para ponerse de cara a lo bueno; es abrir nuevas posibilidades a la vida, dejando aquello que nos conduce a lo malo, para así avanzar hacia el verdadero bien, que es el Dios revelado en Jesucristo. El término penitencia indica que toda conversión supone un esfuerzo, una renuncia. Pero todo lo que vale supone esfuerzo y renuncia. El deportista que quiere alcanzar un premio debe entrenarse duro cada día y llevar una vida ordenada, renunciando a los excesos que no son buenos para la salud física y mental.
Muchos lectores saben que he tenido la oportunidad de impartir un curso de teología en La Habana. En mi clase había algunos alumnos y alumnas que no eran creyentes. Copio algunos párrafos del trabajo de final de curso presentado por uno de estos alumnos/as: “Comencé el presente diplomado con la intención de escuchar las doctrinas cristianas de boca de auténticos expertos, pues no soy creyente y es común escuchar personas que quizás tienen mucha fe, pero desconocen bastante de la historia y predicación de su propia Iglesia. Hasta ahora estoy contento/a de los resultados y, esta asignatura en particular (se trata de mi curso sobre Virtudes teologales) es una de las más interesantes, porque se refiere a aquello que “debe ser” el verdadero cristiano (y no sólo a lo que se supone que “debe creer”).