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Ene2013Piezas de polémica teológica
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Ene
Los primeros capítulos del Génesis son relatos teológicos. Pero también son relatos polémicos, puesto que están escritos como contraste con las ideas predominantes de las religiones de los pueblos vecinos a Israel. No es extraño, pues, que algunos comentaristas de la Biblia hayan hablado de estos relatos como piezas de polémica teológica. Me limito a dos ejemplos: el del árbol de la vida y el del diluvio. Si comparamos las narraciones bíblicas con las mesopotámicas sobre los mismos temas, comprobaremos que en el texto bíblico aparece una dimensión fundamental de la vida humana, que es la libertad, que hace posible la moralidad, mientras los relatos mesopotámicos son amorales, en ellos no hay responsabilidad humana.
En el relato mesopotámico de Gilgamés, el héroe de la historia va en busca de la planta de la inmortalidad. Cuando, tras encontrarla, regresa a casa, mientras se está lavando, una serpiente se la roba. Entonces Gilgamés se acordó de lo que le había dicho la diosa Sidurri antes de emprender el viaje: “Cuando los dioses crearon a la humanidad, le asignaron la muerte y conservaron para ellos la vida”. Aquí, la muerte no es resultado de un pecado, como en el libro del Génesis, sino producto de un decreto arbitrario de los envidiosos dioses que han querido conservar para sí privilegios especiales. En Génesis 3, es la desobediencia al Creador lo que produce la muerte.
Las historias mesopotámicas del diluvio también son de naturaleza amoral. El dios principal envía la inundación porque la tierra está superpoblada por gentes ruidosas ¡que no le dejan dormir! En la Biblia, el diluvio responde al deseo de Dios de crear una humanidad nueva, dado que “la maldad del hombre cundía sobre la tierra y todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal de continuo” (Gen 6,5).
Tanto los relatos mesopotámicos como los bíblicos quieren dar una interpretación existencial de la vida humana en relación con el mal y la muerte. Pero en los primeros falta un elemento esencial de la experiencia humana: la libertad, mediante la cual el hombre se enfrenta a Dios y determina su destino. En el Génesis este es el elemento esencial de los dramas. Y este elemento no es mítico, sino que es real, y nos introduce en el corazón de nuestros propios problemas existenciales.
El Centro “Fray Bartolomé de las Casas” de La Habana es un referente cultural en la ciudad. Entre otros muchos cursos, ofrece un master en teología, signo claro de su deseo de establecer un diálogo de la fe con la cultura. Este deseo de tender puentes entre la fe y la cultura es lo que lleva al Centro a celebrar con gran solemnidad la fiesta de Santo Tomás de Aquino. Uno de los actos de la celebración es, como no podía ser de otra forma, la Eucaristía, a la que asisten alumnos del Centro y bastantes fieles. Se celebra en la Iglesia de San Juan de Letrán. Es el tercer año consecutivo que tengo la satisfacción de asistir a esta Eucaristía. En los dos años pasados presidió el Nuncio. Este año tendré el honor de presidirla.
Con cierta frecuencia, al comienzo de las celebraciones litúrgicas, el presidente exhorta a los fieles a ponerse en presencia de Dios. ¿Qué puede significar esto? Si lo pensamos bien resulta una invitación un tanto extraña, puesto que los creyentes sabemos que, dado que Dios está en todas partes, siempre estamos en su presencia. Ahora bien, hay dos maneras de estar en presencia de alguien, una manera inconsciente y otra consciente. Exhortar a alguien a ponerse en presencia de Dios, equivaldría a invitarle a cobrar conciencia de una presencia que ya está siempre ahí. Con todo, se trata de una presencia extraña. En todo caso, no es una presencia como la que se da cuando estamos frente a otra persona, ni siquiera es una presencia como la que se da frente a alguien distante o invisible. Dios es trascendente, y su presencia no puede en modo alguno compararse con una presencia humana. No es la presencia de alguien muy grande, o muy invisible, o muy distante. Es otra cosa. Una presencia omniabarcante, aunque invisible y silenciosa para los ojos de la carne.
Puede ocurrir, suele ocurrir y, casi me atrevo a decir, debe ocurrir, que una explicación teológica no repita lo que dice el Catecismo. Las repeticiones, en este caso, están de sobra, porque para eso ya tenemos el texto del Catecismo. No repetir lo que dice el Catecismo no significa estar en contra. La repetición, incluso, puede ser en ocasiones la mayor de las infidelidades. Eso es claro cuando las palabras han cambiado de sentido o se toman de forma descontextualizada. Cuando decimos, por ejemplo, que en Dios hay tres personas, estamos diciendo algo fundamental sobre el Dios cristiano. Siempre que se entienda bien. Porque si por persona se entiende un centro de conciencia, de personalidad, de libertad, de autonomía (que, por cierto, es lo que entiende mucha gente), con este concepto de persona estamos ofreciendo una mala compresión del Dios cristiano. Por eso, la afirmación dogmática sobre la tripersonalidad divina, es necesario que la teología la explique, aclarando que, tanto en Dios como en los humanos, la persona se define por su relacionalidad constitutiva. La explicación puede ser más acorde con la fe que la simple repetición mal entendida.
Decía Tomás de Aquino que la exposición de un tema puede tener una doble finalidad: dar seguridad e iluminar la inteligencia. Si se trata de convencer al alumno, evidentemente a un alumno creyente, de una determinada doctrina, entonces hay que notificarle lo que dice la autoridad por él aceptada: la Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia o el Magisterio. Pero si el profesor se queda aquí, entonces el alumno se marcha vacío, quizás convencido de la verdad de una cuestión, pero vacío. Por eso, añadía Tomás de Aquino, es necesario, para iluminar la mente del alumno, que el profesor ofrezca argumentos, razones y explicaciones de cómo eso que dice la autoridad puede ser verdad. Si no sabemos dar razones de los motivos que tiene la autoridad para hacer una determinada afirmación, estamos ante el triunfo de la sin razón. Y la sin razón no es humana.