Logo dominicosdominicos

Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

6
Feb
2026

La tarea de Nicea en otro contexto

0 comentarios
Niceaotrocontexto

En el Concilio de Nicea, para clarificar las relaciones entre el Padre y el Hijo, desde la tradición apostólica, los Padres conciliares no utilizaron términos bíblicos, sino filosóficos. El uso de términos bíblicos comportaba un problema, a saber: que cualquier expresión bíblica podía ser interpretada desde la lógica arriana. Utilizaron, pues, una terminología que era familiar a sus oyentes para que comprendieran la verdad sobre Jesucristo, expuesta por los autores bíblicos. “Nicea introdujo un concepto no bíblico -homoousios- como clave interpretativa de la Biblia. Fue una decisión controvertida, pero a juicio de los Padres de Nicea necesaria, para impedir que la Escritura fuera mal interpretada” (Alberto de Mingo Kaminouchi). A veces la innovación es necesaria para conservar la integridad de la fe.

Pues bien, hoy estamos llamados, en un nuevo contexto cultural y eclesial, a realizar una tarea similar a la que hicieron los Padres de Nicea en su propio contexto. Nos invita y estimula a ello el documento de la Comisión Teológica Internacional dedicado al Concilio de Nicea: “la Iglesia puede inspirarse en los Padres de Nicea para buscar hoy expresiones significativas de la fe en los diferentes lenguajes y contextos… Nicea sigue siendo un paradigma de cualquier encuentro intercultural y de la posibilidad de recibir o forjar nuevas formas auténticas de expresar la fe apostólica”. Como muy bien dice el Papa Francisco, citando a Juan Pablo II, “la renovación de las formas de expresión se hace necesaria para transmitir al hombre de hoy el mensaje evangélico”. Ya el Vaticano II había dicho que la adaptación, o sea “la predicación acomodada de la palabra revelada debe mantenerse como ley de toda evangelización” (Gaudium et Spes, 44).

Hoy, más que nunca, el lenguaje religioso se encuentra ante la tarea de elaborar nuevos “conceptos, categorías, narraciones, parábolas, símbolos, que traduzcan y comuniquen la experiencia cristiana de forma íntegra e inteligible, que puedan relacionar los contenidos de la fe con la experiencia humana actual, con los anhelos y preguntas de la gente, con sus inquietudes y con sus demandas de sen­tido” (A. Jiménez Ortiz). Hoy se necesita “una nueva interpretación que ponga el mensaje bíblico en relación más explícita con los modos de sentir, de pensar, de vivir y de expresarse, propios de cada cultura local”, ya que “los conceptos no son idénti­cos y el alcance de los símbolos es diferente”, y son ellos los que “ponen en relación con otras tradicio­nes de pensamiento y otras maneras de vivir” (Pontificia Comisión Bíblica).

No es menos cierto que una buena pastoral requiere también de actitudes consecuentes en los pastores. La vida del creyente no puede ir por un lado y su fe por otro. De nada serviría una confesión clara y adaptada a los oyentes si la vida del pastor no estuviera en consonancia con ese Dios del que da testimonio. La distancia entre el mensaje y la fragilidad humana de los mensajeros a quienes está confiado el Evangelio daña a la difusión del evangelio. A los pastores no coherentes con la fe que predican, se aplica esta denuncia de la Escritura: “profesan conocer a Dios, mas con sus obras le niegan; son abominables y rebeldes e incapaces de toda obra buena” (Tit 1,16).

Posterior


Deja tu comentario

En caso de duda, puede consultar las normas sobre comentarios.

Aviso: los comentarios no se publican en el momento. Para evitar abusos, los comentarios sólo son publicados cuando lo autorizan los administradores. Por este motivo, tu comentario puede tardar algún tiempo en aparecer.

Cancelar repuesta


José María Valderas
6 de febrero de 2026 a las 15:34

La dificultad de encontrar el lenguaje para la difusión hoy del mensaje cristiano puede residir tanto en el mensaje como en las palabras que lo vehiculan. ¿Qué lenguaje es el idóneo? Un lenguaje científico, enteco, propio de la Academia, o un lenguaje común, forzosamente impreciso y vago?
El lenguaje filosófico de Nicea es hoy el lenguaje científico no tanto por sus tecnicismos cuanto por su rigor. Pensemos en los dos conceptos clave del mensaje cristiano: la creación y la salvación. ¿Cómo explicar la creación del mundo? Evidentemente no podemos pensar en Muy Interesante y otras publicaciones pretendidamente científicas. Ni quedarnos en el lenguaje hiperbólico del Libro del Génesis. Debemos a Lemaitre, un sacerdote belga padre de la teoría del Big Bang y admirado por Einsteon, el aviso de las falsas concordancias, espejismos en que caen quienes carecen de formación científica. Si se habla del Big Bang con rigor hay que hablar de singularidad, y éste es un término matemático nada sencillo de explicar. Si se trata de la Salvación, es obligada la teología de la Providencia. Y aquí entra la teoría de la Evolución. De hecho, la inmensa mayoría de escritos sobre ciencia y fe versan o sobre la creación o sobre la evolución, o sobre ambos.
Celebramos la efeméride de la Escuela de Salamanca, en la que ocupó un puesto destacado Domingo de Soto, cuya doctrina de la caída libre de los graves y la aceleración fue precursora de la teoría newtoniana o de la física clásica.
Esos conceptos básicos pueden explicarse en lenguaje llano. Sin fórmulas. Pero conociendo bien el significado preciso. De ese modo cuando abramos la Sagrada Escritura podremos valernos, para su comprensión y difusión, del estado actual del saber. Dios escribió en renglones torcidos, en el lenguaje de un pueblo agricultor y ganadero.
El error llega cuando queremos emplear el lenguaje de la ciencia en un significado que no tiene. Es un atajo que puede decaer en sujeto de irrisión. Me refiero a la llamada ecología integral. Para un biólogo, la ecología es una disciplina que se regula por la termodinámica de los sistemas abiertos, irreversibles. Nada que ver con el eologísmo o una sensación naive de respeto a la naturaleza viva. Hablar de ecología integral es, en el mejor de los casos, un pleonasmo. Allí donde intervenga el hombre, el ecosistema gira en torno a él como factor limitante y condicionante.

Logo dominicos dominicos