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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

9
Feb
2026

Elogio de la lectura

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lectura

De la buena, claro. Aunque la pregunta es: ¿y qué es una buena lectura? En principio, bueno es todo lo que me hace bien, lo que sirve para que yo sea mejor, lo que con­tribuye a mi felicidad. Si un tebeo (algunos los llaman comics) me divierte y así mejora mi hu­mor, es una buena lectura. Dentro de las buenas lecturas, las hay adaptadas a personas y circunstancias. Y hay también diferentes niveles de bondad: un tebeo puede ser una buena lec­tura; un libro puede ser una mejor lectura.

Hoy no está de moda la lectura. Lo que seduce son las imágenes, los videos, la televi­sión, el ordenador o computadora, el teléfono móvil o el celular. La única lectura de muchas y muchos es la que aparece en las pantallas, la que ofrecen las redes digitales. Pero esta lectura es superficial, se borra pronto de la memoria, si es que ha llegado a grabarse. Claro, siempre cabe el consuelo de decir: menos es nada.

La lectura requiere tiempo, silencio. El silencio de lo bueno y el tiempo del amor. Una buena lectura es un diálogo entre el autor y el lector. Eso significa que el lector no es pasivo. El lector, mientras lee, reacciona ante lo que lee. La lectura puede incluso sugerirle ideas contrarias a las que el autor propone. La lectura da qué pensar, abre perspectivas, descubre tierras vírgenes, o nuevos caminos para acceder a tierras conocidas.

Para un cristiano la lectura es fundamental. No hay acto litúrgico sin “lectura de la Palabra”. Leer la palabra. Curiosa paradoja: conjugar la letra con el habla. Porque la palabra está para ser hablada. Y, sin embargo, una buena lectura es también una escucha de la palabra. Además de leer la Palabra de Dios, un cristiano debe interesarse por todas aquellas lecturas que le permiten conocer mejor esta Palabra. Pues la Palabra de Dios no se conforma con ser oída. Pide ser comprendida, profundizada, vivida, aplicada. Todo eso requiere reflexión. Y nada mejor para ayudar en esta reflexión y profundizar en nuestra fe que una buena lectura espiritual o teológica.

Al escribir un libro hay quién pretende hacer negocio. Se escriben muchas tonterías. Pero hay otros libros en los que uno pone, además de mucho esfuerzo, lo mejor de sí mismo. Así es todo libro que merezca llamarse teológico. Es un intento de decir la fe en situaciones concretas, ante necesidades nuevas. El lector del libro participa de este intento. Y al leerlo tiene muchas posibilidades de aumentar su sabiduría (capacidad para orientar su vida), su prudencia (capacidad para ofrecer juicios y respuestas equilibradas, fundamentadas, matizadas) y su piedad (abertura a la fe y al amor de Dios). Una buena lectura es siempre una ganan­cia.

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