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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

9
Ago
2026

¿Dónde hay plenitud de vida?

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plenitudvida

Seguramente muchas personas responderían a la pregunta que encabeza este articulo diciendo que hay plenitud de vida o, en términos más sencillos, una buena vida, allí donde hay salud, dinero y amor. Aunque eso del amor suele confundirse con el sexo, y el sexo mal utilizado puede perjudicar la salud y desde luego está muy alejado del amor que perdona y se entrega desinteresadamente. Al final todo se reduce a tener dinero. Ahí está para muchos el criterio de la buena vida.

Pero no es lo mismo buena vida que vida buena. Jesús era amante de la fiesta y del buen vivir. Tanto que fue acusado de comilón y bebedor. Pero el buen vivir, la vida buena, no consiste en mirarse solo a sí mismo buscando agotar todas las posibilidades de placer, sino en vivir teniendo en cuenta a los demás, pensando en los demás, viviendo para los demás. Solo el que busca la felicidad de los demás, ese y solo ese, trabaja por su propia felicidad. Este vivir para los demás es el secreto que el Evangelio nos descubre si queremos salvar la vida ya desde ahora: el que entrega su vida y la pierde por el Evangelio, ese la gana. Y de eso se trata: de ganar la vida.

Jesús afirma explícitamente que ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia. La pretensión de Jesús es que haya vida en abundancia. Naturalmente, se trata de mucho más que la mera vida biológica. Una vida abundante y en plenitud es una vida con sentido. Hoy un miedo profundo ronda nuestras ciudades: el de que nada vale la pena, nada tiene sentido. De ahí las tentaciones fundamentalistas, que ofrecen respuestas demasiado fáciles a problemas demasiado complejos. La Iglesia, por el contrario, aunque pretende que su mensaje está cargado de sentido, no pretende tener respuesta a todas las cuestiones. El Vaticano II lo dice bien claro: no hay que pensar que “los pastores están siempre en condiciones de poder dar inmediatamente solución concreta en todas las cuestiones, aún graves, que surjan. No es esta su misión” (Gaudium et Spes, 43).

La cuestión del sentido va unida a la cuestión de la verdad, del bien y del amor. Lo que da plenitud de vida es vivir en la verdad. Desgraciadamente, la mentira abunda. Se miente para ocultar el mal que uno hace. Se miente para aparentar. Pero detrás de la apariencia solo hay la nada y el vacío. La verdad está unida al bien y al amor. Lo que nos da plenitud de vida es actuar en conciencia buscando el bien de los demás y sentirnos queridos, sabernos destinatarios de un amor pleno e incondicional.

En Jesús de Nazaret encontramos el modelo más acabado de un amor que toma partido a favor del bien y en contra del mal, un amor “hasta el extremo” (Jn 13,1), hasta más no poder. De ahí que Jesús da la vida por sus amigos: “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15,13). Este amor es grande y hasta el extremo porque Jesús nos considera a todos sus amigos, incluso a los que aparentemente son sus enemigos. Por eso da la vida “por todos”, como decimos en cada Eucaristía, por todos “para el perdón de los pecados”, de todos los pecados.

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