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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

25
Mar
2025

Desobediencia correcta, obediencia incorrecta

2 comentarios
obediencia2025

Los tiempos han cambiado. En realidad, no han cambiado los tiempos, el tiempo pasa. Lo que cambia, al menos en algunos, es la mentalidad, tanto a niveles personales, como sociales y eclesiales. Antiguamente, en la Iglesia y en la sociedad, la obediencia era presentada como una de las mejores virtudes, era lo que se esperaba del buen ciudadano y del buen creyente, hasta el punto que de que los grandes maestros espirituales solían decir: el que obedece nunca se equivoca. Hoy, la obediencia está un tanto desprestigiada, sobre todo cuando por obediencia se entiende una sumisión, sin reservas, a la autoridad. Curiosamente quienes suelen quejarse de falta de obediencia suelen ser siempre los superiores, los que mandan. Ya es más extraño que esos que mandan se planteen si mandan mal.

Al respecto recuerdo que un técnico nuclear judío, Mordejai Vanunu, que pasó 18 años en las cárceles israelitas por desvelar el programa de fabricación de armamentos nucleares, que conocía de primera mano en razón de su trabajo, dijo ante sus jueces: «Una acción como la mía enseña a los demás que el propio razonamiento, el de todo individuo, no es menos importante que el de los jefes. Éstos se sirven de la fuerza y sacrifican a millares de personas en el altar de su megalomanía. No les sigáis a ciegas». Mordejai Vanunu y muchos otros -en los estados laicos y en los estados religiosos, de unas y otras culturas-- han desobedecido a las autoridades políticas y religiosas en nombre de una autoridad más imperiosa y, lo que es más importante, más sana y más humana: la autoridad de la propia conciencia.

Hay una parábola de Jesús en la que unos personajes obedecen y obedecen mal. Su obediencia es incorrecta. En la misma parábola, otro personaje desobedece y su desobediencia es correcta. Se trata de la parábola del samaritano misericordioso. Las costumbres, convertidas en leyes, dejaban claro que entre los judíos y los samaritanos no era posible ningún trato. Costumbre y ley que tenían su desgraciado fundamento en el odio. La parábola quiere poner de manifiesto que la ley, cuando es expresión de odio, es mala, malísima. Y que lo bueno, buenísimo, es desobedecerla. Los dos clérigos de la parábola se alejan del herido, quizás porque su sentido de la obediencia les movía a llegar a tiempo al culto. Mientras que el samaritano, desobedeciendo a la ley, obedece a una instancia superior a la ley, como es su conciencia que le mueve a amar.

El evangelista Lucas cuenta otra historia en la que también aparece un samaritano que desobedece a la ley y, sin embargo, hace lo correcto. Es esa historia de diez leprosos que se acercan a Jesús para ser curados. La ley mandaba que, si quedaban curados, debían presentarse a los sacerdotes para que certificaran que estaban en condiciones de reintegrarse a la sociedad. Una vez curados, nueve leprosos cumplieron la ley y fueron a ver a los sacerdotes. Uno de los leprosos, un samaritano, en vez de cumplir la ley, regreso a dar las gracias a Jesús. El desobediente hizo lo correcto, fue agradecido, sin duda porque tenía un corazón lleno de amor.

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juan garcia
25 de marzo de 2025 a las 15:01

Recuerdo un fraile que comentaba sobre la obediencia de su superior como "virgen en la obediencia". No sé si el comentario tenía relación con el hecho de ser este fraile reeligido superior único en muchos años, o tenía otra definición. La obediencia en los conventos en los años sesenta/satenta era un tanto ciega, por lo tanto era una "obediencia incorrecta". Sin juzgar la obediencia de nadie, cada miembro de la comunidad era y seguirá siendo responsable de su conducta. Si el voto de obediencia es una forma de renuncia del proceder del fraile,
el superior del convento será mas feliz, que si los miembros de la comunidad obedencen de forma incorrecta. Por otra parte, si el superior está "virgen en la obediencia" puede ocurrir que sus
órdenes no sean correctas y sean justificables las "desobediencias correctas".

Chiquet
26 de marzo de 2025 a las 07:39

Entre obedecer y desobedecer sumaré la obediencia en conciencia; a la propia conciencia. Pero quizá la propia conciencia deba ser revisada.
El mismo Jesús muestra la tensión al tener que obedecer ante la pasión y muerte. El cuerpo se resiste.
Dios toma cuerpo en el Hijo para poderlo perder por amor: llegar al máximo. Y al tiempo liberarnos con su resurrección dejarnos la esperanza y el cielo.
Lo importante de las leyes, el espíritu. Lo importante de la autoridad, el servicio. Lo importante ante la obediencia ... la guía del amor.
Decía fray Martín, del buen humor de Sto Tomás de Aquino, que el santo indicó que lo primero para alcanzar santidad es quererla. Comento, decir sí a su alcance (ser alcanzados por ella).
Obedecer, desobedecer ... amando siempre. Imprescindible, es la buena guía.

Hormias
30 de marzo de 2025 a las 17:14

La obediencia como disciplina

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