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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

23
Feb
2026

Cuaresma sin Pascua

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cuaresmasinpascua

El Papa Francisco decía, de vez en cuando, alguna frase llamativa y hasta provocativa, que pretendía despertar nuestra conciencia o llamar la atención sobre un determinado asunto. Algunas se hicieron famosas e incluso fueron criticadas. Basta recordar el “hagan lío” dirigido a los jóvenes, o “la Iglesia es una casa paterna, no una aduana”, o “como me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres”. Y esta dirigida a curas y monjas, que tiene mucho que ver con lo que diré a continuación: “no pierdan el sentido del humor. Es triste ver a un cura, un religioso, una religiosa avinagrado”.

En su exhortación apostólica sobre “la alegría del Evangelio” se encuentra otra frase llamativa, aunque quizás menos conocida, que tiene que ver con este tiempo de cuaresma: “hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua”. Esta frase está dicha en el contexto de un discurso sobre la alegría como una actitud propia del cristiano. La vida cristiana no es triste, ni amargada, ni consiste en cumplir con una serie de pesadas normas, aunque no cabe duda de que muchos cristianos viven en situaciones muy duras y difíciles, en las que predomina muchas veces la tristeza y la desesperanza. Pues bien, también en estas circunstancias la alegría puede permanecer, al menos, “como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo”. Efectivamente, cuando uno se sabe amado, cuando siente que una mano amiga le acompaña, la vida tiene otro color y, aunque las dificultades no desaparecen, pueden vivirse con más serenidad.

El Papa afirma que “poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, como una secreta pero firme confianza, en medio de las peores angustias”. Y como apoyo de su convicción cita este texto del libro de las Lamentaciones: “Me encuentro lejos de la paz, he olvidado la dicha… Pero traigo a la memoria algo que me hace esperar. Que el amor del Señor no se ha acabado, no se ha agotado su ternura. Mañana tras mañana se renuevan. ¡Grande es su fidelidad!... Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor”.

La paz para que no se turbe nuestro corazón (Jn 14,27) y la alegría que nadie podrá quitarnos (Jn 16,22) son dos dones que Jesús deja a sus discípulos en su discurso de despedida. Si permanecemos en el amor de Jesús, nuestro gozo será completo (Jn 15,11; 16,24; 1 Jn 1,4). Por otra parte, la esperanza es constitutiva de la vida cristiana. Por eso, vivir la Cuaresma en la perspectiva de la Pascua es una buena imagen de lo que es toda la vida cristiana, una vida gozosa y esperanzada, porque el Señor resucitado ha vencido a la muerte y a todos sus poderes. Sin duda en el mundo tenemos tribulaciones, pero el cristiano las vive en la esperanza y el consuelo de la victoria final (Jn 16,33).

Vivir la Cuaresma en la perspectiva de la Pascua es alimentar nuestra alegría en la fuente del amor siempre más grande de Dios que se nos manifestó en Jesucristo.

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