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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

8
May
2018

Tener una meta para encontrar un camino

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camino

“Quién tiene un por qué para vivir encontrará casi siempre un cómo”. Estas palabras de Nietzsche impresionaron al psiquiatra Viktor Frankl, superviviente de los campos de concentración nazis. La frase tiene un doble sentido. En primer lugar, puede significar que en las más difíciles condiciones de la existencia es posible no perder la esperanza. En efecto, quién tiene un porqué, una meta de su vivir puede soportar el terrible cómo de su existencia. Lo que mejor ayuda a sobrevivir, aún en las peores condiciones, es el hecho de saber que la vida tiene un sentido. Los campos de concentración nazis fueron testigos de que los más aptos para la supervivencia eran aquellos que sabían que les esperaba alguien a quién amar o una tarea por realizar.

La frase puede tener otro sentido complementario, a saber: el que sabe a dónde va, el que tiene claros los objetivos de su vida encontrará, sin duda, el camino para llegar. Si un conductor no sabe a dónde va, por muchos caminos que recorra, no llegará a ninguna parte. Hay mucha gente que corre a toda máquina sin saber a dónde va; siempre inquietos sin saber lo que buscan; siempre críticos con lo que otros hacen, sin tener ellos ninguna propuesta.

Vivir acelerados sin tener objetivos claros termina conduciendo a la desesperanza. Muchas personas no saben a dónde acudir para encontrar una solución a sus penas y a su desgraciada situación: enfermos, emigrantes, personas sin trabajo o sin papeles, ancianos que viven solos, y tantos más. Este no saber les paraliza. Para devolver la esperanza a esas personas y para movilizarlas, para que se pongan en camino, es necesario no sólo decirles buenas palabras, sino ofrecerles soluciones.

Ofrecer soluciones no significa dar las cosas hechas, sino dar medios para que cada uno pueda vivir dignamente. No se trata de dar subvenciones temporales e insuficientes a las personas necesitadas, sino de darles trabajo, para que puedan valerse por sí mismas. Eso vale también para nuestros niños: ¿qué metas les ofrecemos, qué objetivos, qué ilusiones? Si la meta es el dinero, si el objetivo es el poder, si la ilusión es el placer, entonces buscarán caminos que conduzcan al poder, al placer y al tener, a costa de hacer desgraciados a los demás y de hacerse ellos mismos desgraciados.

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