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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

21
Dic
2007

Navidad, ¿alojamiento o alejamiento?

4 comentarios

El acontecimiento de Belén, tal como lo relata Lucas, es una tragedia. Belén, pequeño pueblo donde todos debían ser parientes y conocidos, no tiene alojamiento para un joven matrimonio en dificultades. Belén, que significa “casa de pan” no hace honor a su nombre: no es hospitalaria, no tiene posada. En vez de “alojamiento” lo que allí hay es “alejamiento”. No tiene alojamiento ni siquiera para los suyos.

Si además la palabra “katályma” (albergue) designa una sala en la que se alojaba la familia de José, la cosa cobra mayor dramatismo. La familia de José, la familia de David, no les recibió: “vino a los suyos y los suyos no le recibieron” (Jn 1,11). Los “suyos”, convertidos en extraños, les enviaron a un pesebre, comedero del ganado, que sin duda se hallaba instalado en la pared de su pobre casa. Eran pobres y no hicieron honor a eso que a veces se dice: que los pobres son más acogedores y comprensivos que los ricos. ¿Cómo es posible que la propia familia de José no quisiera recibirles? ¿Estaban escandalizados de un embarazo no previsto, tan no previsto que el nacimiento estaba a punto de producirse a los pocos meses -bastantes menos de nueve- de matrimonio? Un auténtico escándalo para gentes religiosas y bien pensantes.

El Salvador nació en clave de marginación, se situó en los márgenes de la historia. Nosotros preferimos situarle muy arriba, muy arriba, contemplarle en clave divina y no de alejamiento. Porque contemplarle en clave de alejamiento exige cambiar nuestras actitudes de marginación, de exclusión, de rechazo a tantos distintos y diferentes, a tantos que tienen problemas no previstos, problemas que no encajan en nuestra moral y nuestras comodidades de gente aburguesada. El realismo de la encarnación continúa hoy y exige a los cristianos ver a Dios no en clave de grandeza, de triunfo, sino en clave de solidaridad, de esa verdad tan evangélica como es “estar con los pobres” (recordando esta frase de Casaldaliga: la verdad, Pilato, es estar con los pobres).

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1
Bernardo
21 de Diciembre de 2007 a las 14:14

No pudo Dios alojarse en morada humana digna y dignificó la morada de los parias con su nacimiento.
No quiso Dios someterse a los cánones sociales y canonizó lo marginal con su vida.
No supo Dios evitar el sufrimiento humano y lo asumió hasta su propia muerte en la cruz.
Para que nosotros, asumiendo su muerte, redimamos nuestro sufrimiento;
excluyéndonos de la sociedad opulenta, incluyamos las ansias de justicia que Dios.
Feliz Navidad

2
Sor Lola
21 de Diciembre de 2007 a las 23:43

exigimos,moradas, pero el corazón y la contemplación está siempre presta. A nosotras también comolos pobres siempre nos tendreís Un abrazo querido Martín ,las dominicas de Toro. Sor Lola

3
Makarios
22 de Diciembre de 2007 a las 12:44

Vino a los suyos y los suyos no le recibieron. Sigue viniendo a los "suyos" y los "suyos" seguimos sin recibirle. Estamos muy ocupados en ser santos para prestar atención al pobre que llama.
Que Jesús nos ayude a convertir nuestra dureza y desconfianza en puertas abiertas.
FELIZ NAVIDAD y que Dios nos mire, que siempre será una mirada de amor.

4
joan
25 de Diciembre de 2007 a las 09:25

De un portal desvencijado,por sus paredes llenas de grietas se cuela la Belleza que dignifica al cosmos y nos constituye como personas
El Verbo puso su morada entre nosotros y su mirada en la nuestra.
Feliz Navidad Fr. Martín. Gracias por el don de su palabra

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