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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

6
Feb
2018

La increencia nos obliga a purificar nuestra imagen de Dios

6 comentarios
altar

Y esto en un doble sentido. Por una parte la increencia obliga al creyente a criticar toda representación utilitaria de Dios. Dios es siempre gratuito. No tiene ninguna función utilitaria, no es el garante de ningún orden social o político. No es la proyección de nuestros complejos ni la compensación de nuestras frustraciones. Tampoco es un Dios que resuelve nuestros problemas, ante el que todo está claro y prefijado, o que tiene respuestas para todo. El cristiano, en el terreno mundano, no tiene ventajas sobre los otros seres humanos. Debe buscar soluciones a los problemas como cualquier otro. Soluciones que el cristiano busca desde su fe y que, en ocasiones, coincidirán con las que puedan darse desde otros puntos de referencia. El Dios cristiano no es necesario, es gratuito y más que necesario. El Dios de Jesús desborda toda proyección y toda previsión. No es tal como lo hubiéramos podido soñar. Es imprevisible.

En otro sentido la increencia nos insta a purificar nuestra imagen de Dios: obligándonos a aprender, para posteriormente enseñar a la gente de nuestra época, los “otros nombres de Dios”, tales como libertad, justicia, gracia, antidestino; nombres de Dios que se oponen a los dioses de este mundo: poder, riqueza, prestigio, sexo, fuerza, eficacia… Este mundo incrédulo tiene muchos dioses que le seducen. Al oponernos a ellos indicamos, al menos, dónde no está el verdadero Dios (cf. Gal 4,8).

Posiblemente hoy la cuestión no sea tanto: Dios sí, Dios no, cuanto: ¿qué Dios?. ¿ante qué Dios nos movemos, qué Dios nos seduce? Es interesante notar que la Escritura rechaza con más fuerza la idolatría que el ateísmo, quizá porque ahí está el verdadero problema. No es posible servir a dos señores. ¿A qué Dios servimos, de qué Dios hablamos los cristianos? ¿Qué dioses rechazamos, cuáles son los que no nos satisfacen? Y sobre todo, ¿qué entiende la gente cuando decimos Dios? Los no cristianos, ¿entienden al menos cuáles no son nuestros dioses?

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1
Micaela
6 de Febrero de 2018 a las 08:11

Qué bonita reflexión. Gracias, fray Martín.

2
rafa
6 de Febrero de 2018 a las 11:28

Gracias de nuevo, fray Martín. El buen cristiano huye de los mismos dioses mundanos que el buen filósofo.

3
maite pascual
6 de Febrero de 2018 a las 12:34

si DIOS no se muestra en nada de lo aque piensas y deseas, ñpuede venir el aburrimiento,que es lo más pesado con lo que me he encontrado

4
Maríaluisa
6 de Febrero de 2018 a las 13:07

Gracias.

5
Paulo
7 de Febrero de 2018 a las 01:28

Muchas gracias! Soy op laico de Uruguay, el pais menos católico de Latinoamérica. Me han sido muy útiles estas últimas reflexiones sobre el misterio de la fe, y las guardo en mi corazón. Ansiosamente espero la próxima. Un fraternal abrazo.

6
Juan
7 de Febrero de 2018 a las 13:04

El Dios que nos revela Jesús es el padre bueno que nos ama infinitamente y a pesar de todas nuestras miserias. Un Dios que espera de nosotros un mismo amor incondicional por El y los hermanos, pues el reino de los cielos es un reino fraternal donde todos somos hermanos: El amor natural que disfrutamos en familia en este mundo se hace universal en el otro. El gran delito del rico opulento, incluso en el otro mundo, fue que nunca contó a Lázaro como uno de sus hermanos. Gracia, fray Martín, por tus excelentes reflexiones.

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