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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

7
Ago
2019

Jesús en Nazaret: la vida de un hombre corriente

1 comentarios
pasillo

Sorprende el amplio vacío que hay en los evangelios sobre los primeros treinta años de la vida de Jesús. Después de narrar con detalle los momentos que precedieron y siguieron a su nacimiento, los evangelios dan un salto de treinta años y lo muestran predicando en Galilea. Sólo uno narra un acontecimiento de Jesús adolescente: en una peregrinación a Jerusalén, acompañado de su familia, Jesús se quedó en el templo, en vez de incorporarse al grupo para regresar a Nazaret. Luego, resume en una frase 18 años de vida (desde los 12 que podría tener el niño perdido hasta los 30 y pocos que tendría el predicador ambulante): el niño crecía en edad (con las dificultades y alegrías que comporta la adolescencia), en sabiduría (seguramente en ocasiones le costaría algún esfuerzo eso de aprender) y en gracia (o sea, en experiencia de Dios, como ocurre con todos nosotros, que vamos progresando paulatinamente en nuestro saber y en nuestra experiencia religiosa). Jesús también creció espiritualmente, dice Francisco citando a Juan Pablo II (Christus vivit, 26). O sea, todo muy normal.

Es fácil deducir que durante este tiempo la vida de Jesús fue similar a la de cualquier otro muchacho en un pueblo pequeño y pobre, como era Nazaret. En aquella familia y sociedad religiosa en la que el muchacho creció, debió aprender una serie de prácticas de la religión judía. Sobre todo, aprendió un trabajo, para ayudar a su familia, sin duda el trabajo de su padre. Los evangelios indican que tanto José como Jesús eran “carpinteros”, expresión que hay que entender en sentido amplio, no solo trabajadores de la madera, sino también de la construcción. Era un trabajo duro y costoso, propio de las clases más bajas de aquella sociedad. Al fin y al cabo, los campesinos tenían algo de tierra en propiedad. El “tekton” (carpintero, artesano, albañil) tenía la fuerza de sus brazos. No era precisamente un empresario.

¿De qué modo esta vida ordinaria de Jesús se cruza con la nuestra? ¿Tiene algo que decirnos, hay algo que aprender? A veces pensamos que nuestras vidas vulgares y corrientes se alejan de una supuesta vida extraordinaria o deslumbrante de Jesús. Y nos preguntamos como podemos ser santos desde la normalidad y el aburrimiento de lo cotidiano. Cuando nos hacemos esas preguntas deberíamos recordar que Jesús fue “un muchacho más de su pueblo” (Christus vivit, 28), un simple carpintero en una aldea cualquiera. Jesús llevó una vida muy ordinaria. Eso explicaría la sorpresa de aquellos que le conocían cuando inició su ministerio público: ¿no es este el carpintero?, ¿no conocemos de sobra a sus padres y a sus hermanos?. La vida de Jesús en Nazaret nos habla del valor y significado de nuestras vidas corrientes. Lo ordinario de la vida puede estar lleno de Dios.

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Mayor Thompson
8 de Agosto de 2019 a las 09:48

Feliz día de sto domingo a toda la familia Dominicana en especial a usted fray Martín que tanto me anima con su blog