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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

9
Dic
2015

Francisco y el espíritu del Vaticano II

4 comentarios

Mira por dónde, el Papa, en su homilía inaugural del jubileo de la misericordia, ha apelado al tan denostado “espíritu” del Concilio Vaticano II, que es “obligatorio no descuidar”. Denostado por algunos, claro. Otros pensamos que el Concilio es un acontecimiento que, como otros grandes hechos de la historia, va más allá de su momento propio y de la literalidad de sus textos, o sea, que debe ser juzgado no solo por sí mismo, sino por los movimientos que lo hicieron posible y por las repercusiones posteriores que ha tenido y desencadenado. Lo llamativo es que los mismos que descalifican el “espíritu” del Concilio son los que, de una u otra forma, descalifican al actual Papa. Eso es algo que ha ocurrido siempre en la historia de la Iglesia. Todos los Papas han tenido sus defensores y sus detractores.

Ahora bien, la defensa o la crítica de una posición depende del lugar en el que uno se sitúa. Al defender o criticar a otro, me estoy calificando a mi mismo. El problema de algunos (digo bien algunos y no todos) que muestran su desacuerdo con los gestos y palabras del Papa actual es que, con Papas anteriores, manifestaban su “incondicional” adhesión al papado. Está claro que esta adhesión no tenía nada de incondicional, pues estaba condicionada a que el Papa supuestamente decía, hacía y hasta pensaba lo mismo que pensaban los que le aplaudían con la supuesta incondicionalidad. Por el contrario, muchos de los que hoy alaban al Papa no apelan a adhesiones incondicionales a la figura abstracta del papado, sino al hecho de que simpatizan con los gestos y posiciones de Francisco.

En este asunto hay una grave confusión. Nunca en la Iglesia se ha dicho que el Papa merece adhesiones incondicionales. Eso lo dicen los fanáticos o los mal informados. Pero los que viven una fe madura según la libertad de los hijos de Dios saben que hay una serie de criterios teológicos para valorar las intervenciones del Magisterio, por ejemplo: la índole del documento, la frecuente proposición de una doctrina o la forma de decirlo.

El creyente adulto sabe discernir y no confunde la palabra del Papa con la Palabra de Dios, ni la palabra de Dios con sus imaginaciones piadosas. La imaginación piadosa, por ejemplo, nos lleva a decir que Dios castiga al pecador. El símbolo de la fe dice que “creemos en el perdón de los pecados”. En su homilía del pasado día 8, Francisco se expresó así: se ofende a Dios y a su gracia cuando se afirma que los pecados son castigados por su juicio, en vez de anteponer que son perdonados por su misericordia. Una de las cosas que tiene este Papa y que le granjean enemigos es que se le entiende.

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1
JM Valderas
10 de Diciembre de 2015 a las 21:04

Pasa usted fray Martin del Concilio Vaticano II al Papa Francisco sin solución de continuidad. En otra ocasión le he mostrado cómo se puede ser respetuoso y agradecido con el pondus doctrinal y pastoral del Concilio y mostrarse distante, en lo doctrinal sobre todo, del Pontífice.

Espero que usted o alguien tenga conocimientos de los que yo carezco sobre asuntos que me resultan preocupantes. Nadie ha querido entrar al envite de Francisco cuando dijo que estaba perplejo ante el cumplimiento de dos mandamientos, pues en su opinión entraban en conflicto a `propósito de determinada praxis. Tran grave afirmación, tan disparatada afirmación si me permite hablar así, debió de dejar, ahora sí, perplejo al Secretario del dicasterio sobre la Doctrina de la Fe. En otras ocasiones salió al paso para echarle un capotazo a sus palabras y explicitar el sentido genuino; en román paladino: cohonestarlas con la doctrina de la Iglesia. Ahora ante ese grueso obús desde la más alta magistratura ha permanecido callado. Al propio tiempo, uno se entera de que se están investigando las cuentas del cardenal Muller. No lo será, pero a primera vista tiene un cariz de amenaza o de compra de silencio tremendo. Ha habido épocas de hierro, fray Martín, en la historia de la Iglesia, pero no en fecha reciente. Al Papa se le entiende todo. Para usted es una bendición, pera mí un motivo de estupor. Con toda razón decía Ortega y Gasset que en determinadas cuestiones o se hace ciencia o se hace literatura o se calla uno. O mejor, tomar la perspectiva de Chenu, muy oportuna en estas fechas navideñas: La grace se diffuse dans le temps, et nous savons bien que l´histoire meme, dans son development sacré, es divisé en duex periodes, l´une preparant la venue de Christ, l´autre accomplissant le plerome de l´incarnation, et cela dans la perspective d´un fin de temps, où l´histoire se consoomera dans la grace."

2
No entiendo nada
11 de Diciembre de 2015 a las 11:27

Mucha gente ataca al papa anterior y al anterior, entre otros muchos no cristianos y ateos, y apoyan al papa Francisco. Dicen que este ha cambiado las cosas de antes. Que este sí. Que es cool y guay. Si ha cambiado y en contra contra otros papas es que ha habido un salto desde el Concilio, y vamos a meter a Juan XXIII, que vale para todo y se usa para un descosido y un freir huevos. Vamos, que esto de ser del Concilio Vaticano II, según interese, es continuo, discontinuo, ahora sí, ahora no, como el Guadiana. Vamos, relativismo puro. Hacemos, decimos y escribimos lo que nos da la gana. Todo para llevar el agua al molino propio. Está claro, en el Concilio sobraban la mitad, que no eran conciliares, y los que hablaban con el Sspíritu Santo eran los francisquistas, Daneels & Co.

3
Antonio Saavedra
12 de Diciembre de 2015 a las 01:40

Me gusta especialmente el último párrafo que copio: El creyente adulto sabe discernir y no confunde la palabra del Papa con la Palabra de Dios, ni la palabra de Dios con sus imaginaciones piadosas. La imaginación piadosa, por ejemplo, nos lleva a decir que Dios castiga al pecador. El símbolo de la fe dice que “creemos en el perdón de los pecados”. En su homilía del pasado día 8, Francisco se expresó así: se ofende a Dios y a su gracia cuando se afirma que los pecados son castigados por su juicio, en vez de anteponer que son perdonados por su misericordia. Una de las cosas que tiene este Papa y que le granjean enemigos es que se le entiende.
En efecto, a Francisco se le entiende todo, sobre todo la capacidad del cristiano de la calle para pensar, por encima de "doctrinas" (muy doctrinales, si se me permite la expresión) que el propio Cristo no entendería.
Caso típico sería el atribuido a Sto. Tomás de Aquino según el cual sería más grave la masturbación que la violación.
La gente mayor hemos sido "educados" en el temor de Dios, puro miedo al Ser todopoderoso y omnipotente del A.T. que machaca a sus enemigos; y así nos va el pelo. Somos unos acomplejados con miedo al Padre...
Creo que los ritos son convenientes, aunque a veces no me parecen buenos, por no ser expresión de la comunidad, sino imposición de una Iglesia institución, que se resiste a la sencillez que predica Francisco, mientras posibilita los despilfarros financieros de parte del clero.

4
Andrés-Eduardo Luis
14 de Diciembre de 2015 a las 21:04

La época de hierro en la Iglesia es muy reciente: retirada de licencias de enseñanza a profesores en Facultades de Teología, retirada de los seminaristas de estas Facultades, licencias para seminarios distintos de los tradicionales diocesanos, Prelatura a determinado grupo para aumentar su gran influencia, … Todo llevado a cabo por dos Papas con familias muy singulares, nada frecuentes. Así cuando murió el Papa Wojtyla se extinguió con él toda su familia directa y lo mismo ocurrirá con el Papa emérito. En estos pontificados se habló de sexto mandamiento y familia hasta la saciedad y las vivencias, experiencias y problemas diarios de familia que estos pontífices podían tener eran, los que eran: sin hermanos fértiles, sin cuñados/as, sin sobrinos/as, sin sobrinos nietos/as, … familias muy singulares de virginidad ofrecida por vocación al Creador. El lugar familiar lo ocuparon compañeros seminaristas y sacerdotes y la manga ancha con relación el sexto mandamiento, sobre todo, en el primer pontificado fue bastante manifiesta, mientras, para los matrimonios la radicalidad doctrinal ha sido de dureza extrema. El Vaticano II decía: ”La criatura sin el Creador desaparece. Por lo demás, cuantos creen en Dios, sea cual fuere su religión, escucharon siempre la manifestación de la voz de Dios en el lenguaje de la creación.” En realidad es así, pero ni siquiera esto era escuchado cuando se les recordaban estas palabras y se imponía el exterminio de la vida germinal a su desarrollo por FIV homóloga. Después de esto, hay una petición de perdón por errores cometidos por la Iglesia contra la humanidad y una recomendación para que el prostituto use el preservativo porque, en este caso, su moralidad era superior.

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