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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

23
Ene
2014

El infierno es uno mismo

15 comentarios

“El infierno son los otros”, dijo Sartre. Más acertado me parece T. S. Eliot cuando escribe: “¿Qué es el infierno? Es uno mismo, y es solitario”. Efectivamente, el ser humano ha sido creado a imagen de Dios, un Dios que es Amor, Comunión de tres personas. Esto significa que estamos estructurados para la comunión, y sólo cuando realizamos la comunión en el amor encontramos nuestro auténtico ser de persona. Donde no hay amor, la vida se convierte en un infierno, en algo insoportable. Vivir sin amor es vivir en contradicción con uno mismo. Por eso he comenzado diciendo que no me parece acertada la expresión de J.P. Sartre. Más que describir el infierno, lo que dice Sartre describe el cielo: el cielo son los otros. El cielo es vivir en comunión, en comunión con Dios y en comunión con los hermanos. Eso que decimos en el Credo, “creemos en la comunión de los santos”, es otra forma de describir el cielo.

En la Escritura hay distintas imágenes para describir lo que la teología llama infierno. Pero las imágenes del fuego no me parecen las mejores. Más adecuadas son esas que hablan de “llanto y crujir de dientes”. Esta imagen evoca la soledad, la imposibilidad de comunicación, el sonido inarticulado, el desencuentro. Además, ahí, en el no amor, en la soledad total, es donde está el verdadero dolor, el auténtico daño. Lo que ocurre es que como no entendemos de amores, nos cuesta comprender lo que puede ser el no amor. “¿No es suficiente infortunio el hecho de no amarte?”, se preguntaba San Agustín. Por tanto, la auténtica pena del infierno no hay que verla en los atroces castigos físicos que sugieren las imágenes del fuego. La gravedad del infierno está en la pérdida de Dios y, como consecuencia ineludible, en la pérdida de los hermanos. Si esto impresiona poco es porque en este mundo es imposible encontrar una comparación adecuada a este supremo mal.

Con lo anterior no estoy entrando en la cuestión de si el infierno está estrenado o no. Ni tampoco en la cuestión de si serán muchos o pocos o ninguno los que se condenarán. La esperanza cristiana nos mueve a pedir a Dios por la salvación de todos y cada uno de los seres humanos. Una salvación que nunca puede darse en solitario. Porque la salvación es vivir en el amor. Necesitamos a los demás para ser nosotros mismos. Si contrastamos la salvación con su contrario, entonces hay que decir: el infierno no son los demás, soy yo mismo separado de los demás, rehusando deliberadamente relacionarme, negando de este modo a Dios y quedándome yo solo con mi vacío.

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Peeppa
24 de enero de 2014 a las 13:10

Cuando yo era pequeña oía en mi pueblo: "Mes val estar assoles que mal acompanyat" (Mas vale estar solo que mal acompañado. En el caso de Dios, siempre estarmos bien acompañados si estamos en comunión con Él. Para mí, el infierno es la muerte ontológica que produce el pecado, y empieza aquí en este mundo. Ya uno se condena aquí. Ahora bien, existe el perdón de Dios que es infinitamente bueno y misericordioso, en su perdón confiamos...
El cielo es la comunión con Dios experimentada en la unión mediante la oración. Es necesaria la soledad para poder orar, ya la realizaba el mismo Jesús cuando se retiraba en soledad a orar. Nos encontramos con Dios y recibimos su preciosa paz, consuelo y descanso.

Pepe E.
24 de enero de 2014 a las 17:03


Con frecuencia nos encontramos con personas cumplidoras, serias, intachables que van en busca del reconocimiento y del premio.

Personas que transforman la Iglesia en una inquisición, las comunidades en un club de solterones ricos y las familias en un infierno.

Juan
24 de enero de 2014 a las 19:21

En lugar de filósofos, necesitamos más poetas que denuncien los infiernos modernos: el desempleo, todas las injusticias sociales. En España, el infierno moderno es la infidelidad conyugal como virtud psicológica. La foto que acompaña al blog,
es más elocuente que las palabras: la miseria humana finita (el rompeolas), y el amor imenso de Dios (el mar). Gracias, fray Martín, pues además de teólogo eres poeta.

Francisco Tostón de la Calle
25 de enero de 2014 a las 15:52

Hola, amigos. Comparto el enfoque del padre Martín sobre tema tan importante. Me parece que respecto al infierno, hemos dejado que se impusieran las imágenes medievales que tanto enriqueció Dante en la "Divina Comedia" y que parten de las imágenes mismas utilizadas por Jesús para hablar del castigo por su rechazo. Pero son imágenes pintorescas, metáforas orientales cuya relación con la realidad es muy defícil precisar. En todo caso, no es acertado tomarlas al pie de la letra, como se ha hecho tradicionalmente, colaborando en la idea de un Dios vengativo y cruel. Si como dice San Agustín, "nos hiciste, Señor para ti", y ese destino se frustra, ya sería suficiente castigo al eliminarse la más honda aspiración del hombre ahora y tras la muerte: conocer, amar y estar unido a Dios.

Luciana
25 de enero de 2014 a las 19:16


"La soledad,la imposibilidad de comunicación, el sonido inarticulado .el desencuentro..."Nos lo dice el P.Martin.Creo que eso debe de ser un infierno.Hemos nacido para amar y ser amados. Pienso en Jesucristo cuando sintió el desamparo de todo,de todos y,clamó "Padre, por qué me has abandonado ?.El abandono o el sentimiento de haber sido abandonado de Dios Padre,tiene que ser,un infierno.
Seguir confiando en Dios; seguir creyendo que me ama como Padre; comenzar la tarea diaria:consolando,escuchando al que sufre,animando,evangelizando,sonriendo y poniendo la Fe recibida en práctica,eso debe de ser un infierno.¡Qué bueno este post¡
Donde no hay amor,la vida se convierte en un infierno"

luis alberto
26 de enero de 2014 a las 03:56

Sin negar el infierno como realidad existencial, cada uno vive SU infierno de acuerdo a su conducta, y esto vale también para el "cielo". Si amas al enemigo, estas en el CIELO, si murmuras, si odias, estas en el infierno.

mar
27 de enero de 2014 a las 01:55


Cuanta razón tiene Fray Martin. De tal modo que los fenómenos trágicos que palpitan en el corazón del hombre no són otra cosa sino un eco de esta sed de Dios, por el vacio existencial que tienen.
Gracias por su comentario

Valero
27 de enero de 2014 a las 10:57

Me ha impresionado la frase que citas de San Agustín, porque de un tiempo a esta parte estoy descubriendo hasta que punto es cierto que no amar a Jesucristo, es la causa de todos mis males. Como estoy hecho para amar, mi corazón intuye y busca amar a Jesucristo como el emigrante sueña con volver a su patria. No obstante vivo en la contradicción de mi rebeldía que al único lugar que me lleva es al dolor de no amar. Mí único consuelo es que cada vez me duele más no amar. Algo es algo. Gracias Martín porque en tu interior palpita un corazón enamorado

Rosa G
27 de enero de 2014 a las 22:52

Me parecio muy bien el articulo y los comentarios.. Sin embargo hay ahora sacerdotes que predican que la Iglesia no habla suficientemente del infierno y el demonio, incluso que hay necesidad de sacerdotes exorcistas..Que opina usted sobre eso?

Vicente
31 de julio de 2019 a las 14:12

el cielo es Dios, y Dios está en mi corazón.

Fontes
1 de agosto de 2019 a las 05:20

Brillante reflexión, a la altura de un exelente teologo y maestro de la fe.

Javier Guinea
7 de agosto de 2019 a las 10:32

Muchas gracias Martín, por iluminar nuestra vida

Natxo
29 de julio de 2022 a las 11:50

En mis clases de religión de secundaria, los chicos me preguntan muchas veces acerca del infierno. Me gusta explicarles que el infierno, como el cielo, se puede vivir aquí. Les digo que el infierno es la ausencia de Dios, es decir, la ausencia de Amor. Y eso sí lo entienden porque en mayor o menor medida ellos si han experimentado alguna vez el hecho de no sentirse amados o de no poder amar y el sufrimiento que les genera. Un abrazo afectuoso

Valero
29 de julio de 2022 a las 15:07

Dicho de otro modo: Ante el "Pienso luego existo" del hombre que se rige únicamente por su razón -la sola razón puede meternos en el miedo al otro, porque no piensa como yo-, todo hombre de buena voluntad afirma: "Amo, luego soy". Yo no puedo ser, si no es en comunión con los demás. Como dice Martin estamos diseñados para amar, porque a imagen de Dios fuimos creados. Llevamos en nuestro ADN el santo amor de Dios y precisamente la prueba de que esto es cierto, es que alejados de esta imagen, nos morimos, es decir, entramos en la oscuridad del no amor.

Rafael Bellver Galbis
31 de julio de 2022 a las 11:36

Muy acertado tu artículo, Martin. Estoy totalmente de acuerdo.

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