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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

12
Jul
2010
Esta Misa pagana que es el fútbol
4 comentarios

La frase es de José Sámano, que narra el triunfo futbolístico de España con terminología religiosa: el fútbol español “vive en la gloria tras una catarata de bienaventuranzas”, gracias a “un gol de Iniesta para la eternidad” y a un Casillas “con capacidad de rozar el milagro”. Eso de la Misa pagana que es el fútbol me ha recordado una curiosa comparación utilizada por un teólogo barcelonés para explicar lo que es un sacramento. Como debería saber todo cristiano con un poquito de cultura religiosa, un sacramento es un signo que realiza aquello que significa; o también: un signo que, de algún modo, contiene aquello a lo que orienta, de modo que la realidad significada forma parte del signo. La selección española de fútbol es un sacramento de lo que es un país, una nación, un pueblo, y hasta de lo que es la Iglesia, a saber: una familia, una serie de personas distintas, con caracteres, posibilidades y gustos diferentes, todas ellas unidas por el amor. Si el gol de la selección es de todos, porque todos estamos unidos “ahí”, las diferencias quedan superadas. Se trata de un signo, el de la selección, que realiza la unidad del pueblo al que representa. Todos sentimos que formamos parte del signo, que el signo nos contiene,

 

El “sacramento” de la selección se convierte así en una parábola de la vida, que es compleja y plural. Pero también es un sistema de relaciones, como bien saben cosmólogos, físicos y antropólogos. Un sistema de relaciones que nos hace a todos interdependientes, no a pesar de, sino gracias a nuestras diferencias. ¿No es eso también la Iglesia, un pueblo unido, no por uniforme, sino por interdependiente, en el que todos somos necesarios, no a pesar de, sino gracias a nuestra distinción, lo que produce una hermosa sinfonía, un rico colorido en el que las diferencias contribuyen a la belleza del todo? Si la Iglesia es una comunión, su mejor imagen no es la de la masa uniformada en el que nadie piensa, sino la de una selección de fútbol, en la que cada jugador proviene de un equipo distinto, unido con los que en otros momentos son sus rivales, para lograr un objetivo común que no niega la particularidad de cada equipo, pero que recuerda que lo que une a los futbolistas es más importante que lo que los separa. Esta Misa pagana que es el fútbol, por una vez y sin que sirva de precedente, se ha convertido en sacramento de la vida y, ¿por qué no?, también de la vida eclesial.

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11
Jul
2010
Lapidar a las adúlteras
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Lapidar a las adúlteras tiene raigambres religiosas y culturales. Jesús defendió la dignidad de las mujeres adúlteras y manifestó la indignidad de la lapidación. No porque estuviera de acuerdo con el adulterio, sino porque estaba a favor de la vida y confiaba en la capacidad de arrepentimiento de las personas infieles a sus deberes matrimoniales. Personalmente estoy a favor de la abolición de la pena de muerte, aunque comprendo que hay crímenes especialmente aberrantes y personas siniestras. Considero, además, que entre los distintos modos “legales” de dar muerte a alguien, la lapidación parece de lo más cruel. Si además, esta pena se aplica a actos relacionados con lo sexual me parece, además de cruel, degradante para las personas que la promueven o favorecen, incluso con su silencio. ¿Qué tendrá el sexo que, por una parte, resulta tan atractivo cuando uno lo practica y luego, incoherentemente, resulta culpable cuando lo cometen los demás? Estoy pensando en sexo libremente consentido y entre personas adultas.
 

Viene esto a propósito de esta mujer iraní, acusada de adulterio y condenada a ser lapidada, aún cuando las garantías procesales han sido vulneradas, ya que la confesión ha sido arrancada tras propinarle 99 latigazos. Más aún: sus hijos varones defienden la inocencia de la madre, cuando lo habitual en estos casos es renegar del familiar acusado de adulterio. ¿En nombre de qué principios se puede aplicar no ya una condena de muerte, sino una condena de muerte tan cruel y por un motivo tan desproporcionado? Esa es la cuestión: el tipo de muerte y el motivo. ¿Cuestión cultural? Si cultura viene de cultivo, entonces hay cultivos que son perjudiciales y que cuanto antes se erradiquen más sano resultará el ambiente. ¿Cuestión religiosa? Peor aún. Un Dios que pregona estas prácticas es mejor que no exista. Y los “religiosos” que apelan a ese diablo al que llaman dios, son eso, hijos de Satanás. Porque Dios, de existir, seguro que está en contra de todos los sacrificios humanos, aunque desgraciadamente alguna vez se haya apelado a él para practicarlos. Estoy convencido que esta apelación es uno de los pecados contra el Espíritu Santo, esos que no tienen perdón.
 

Tenía preparada otra reflexión que continuaba la del pan del que no sólo vive el hombre. La ofreceré otro día.

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9
Jul
2010
También de pan vive el hombre
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“No sólo de pan vive el hombre”, contestó Jesús al tentador que le proponía convertir las piedras en pan. El “no sólo” implica que el hombre también vive de pan. El problema aparece cuando sólo quiere vivir de pan y, en consecuencia, orienta su vida entera a conseguir pan. Hoy el tentador haría notar que el pan no es, como ingenuamente dice la liturgia, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, sino fruto del dinero para conseguir más dinero. De hecho, la sociedad actual parece totalmente volcada en conseguir ese pan que se transforma en dinero. Desgraciadamente, ese usar el pan para conseguir dinero ha tenido una mala consecuencia: el pan ya no llega a todos. En España, la crisis económica ha provocado que mucha gente pase hambre.

 

El pan está mal repartido. Mientras unos no tienen lo necesario, otros tienen de sobra. Este mal reparto no se debe a causas naturales, sino al egoísmo humano. “Pobres siempre los tendréis con vosotros”, dijo Jesús. Pero no porque sea voluntad de Dios, sino por todo lo contrario, porque no cumplimos su voluntad: Dios quiere que los bienes de la tierra lleguen a todos y cada uno de los humanos. El que posee bienes de este mundo debe considerarse un administrador que distribuye a todos, cumpliendo así la voluntad del único dueño de los bienes: “Del Señor es la tierra y cuanto la llena”. Juan Pablo II supo deducir la consecuencia que de ahí se derivaba para la propiedad privada: “los bienes de este mundo están originariamente destinados a todos. El derecho a la propiedad privada es válido y necesario, pero no anula el valor de tal principio. En efecto, sobre ella grave una hipoteca social”.

 

La presencia de pobres entre nosotros es manifestación del pecado en el que está instalada la sociedad capitalista. Y de la necesidad de cambios profundos que toquen las mismas estructuras del capitalismo. Este sistema se basa en el consumismo enfermizo para poder subsistir. Pero si todos consumiéramos con la misma voracidad que los habitantes de los Estados Unidos de América necesitaríamos cinco planetas para abastecernos y colocar los desechos. Por otra parte, la carrera armamentística es una de las causas directas de la pobreza y al mismo tiempo un elemento necesario para que funcione esta mala economía. Si en vez de fabricar armas que matan, fabricáramos alimentos que dan vida, habría comida de sobra para todos.

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6
Jul
2010
La eucaristía, ¿diaria o semanal?
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La Iglesia, desde tiempos antiguos, celebra cada domingo el misterio pascual. El domingo es el día de la Eucaristía, sacramento pascual por excelencia. ¿Por qué entonces se celebra diariamente? Al principio de la Iglesia no era así. Fue a partir del siglo VI cuando la misa, de semanal, se volvió diaria. En cierto modo la eucaristía perdió su carácter primero de conmemoración del día aniversario de la resurrección del Señor para responder a las necesidades de los fieles, que demandaban misas por el deseo de obtener la compensación de las penas debidas a los pecados y a la angustia del más allá. Probablemente la oración por los difuntos, vinculada a la creencia del purgatorio, también debió influir en este cambio de perspectiva. Poco a poco la Iglesia fue regulando estas misas con intenciones particulares, sobre todo por los difuntos, llegando a legislar lo que el sacerdote podía aceptar como limosna por esta intención y cuántas intenciones podía cobrar cada día.

A lo largo del siglo VI se produjo otra evolución referente al sacramento del bautismo, bajo la influencia de ideas similares, esta vez concretadas en la doctrina del pecado original. Se generalizó la práctica de bautizar a los niños recién nacidos, considerada necesaria para la entrada en el Reino de Dios, entrada impedida por el pecado original. Así el bautismo dejó de estar ligado a la profesión voluntaria de la fe y a la conversión al Evangelio y se convirtió en un rito de iniciación, del que eran responsables los padres.

Tenemos ahí dos ejemplos del paso de la fe a la religiosidad. Es muy difícil dar marcha atrás en determinadas costumbres, pero eso no impide que debamos insistir en el sentido original de estas costumbres, precisamente para vivirlas con mayor pureza. La eucaristía es, ante todo, la celebración del Misterio Pascual, no un rito piadoso, ni una ocasión para redimir penas propias o ajenas. El bautismo es también una celebración del misterio pascual, un signo de la fe que cada uno debe confesar personalmente, porque nadie puede sustituirle en esta confesión. Esto es lo que debemos retener. Cuando convertimos el bautismo y la eucaristía en ritos religiosos y olvidamos la fe que suponen, celebran y piden, entramos en un peligroso deslizamiento que no ayuda a vivirlos con toda su seriedad y verdad.

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4
Jul
2010
Preparando las visitas del Papa
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En los próximos meses tres ciudades españolas recibirán a un visitante ilustre. Benedicto XVI visitará Santiago de Compostela y Barcelona en noviembre. Y en agosto del 2011 Madrid recibirá al Papa con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud. Una visita del Papa puede ser una buena ocasión para que los cristianos católicos nos animemos a acercarnos a Jesucristo.

Los viajes del Papa plantean problemas de organización y de infraestructura. En tiempos de Jesús la gente se agolpaba a su alrededor para escucharle. ¿Cuántos podían entenderle claramente? Jesús no tenía altavoces. Hoy sería inconcebible una visita papal sin magafonía, estrados y otros preparativos. Todo esto cuesta dinero. El dinero, aunque es una tentación y siempre invita a la corrupción, puede ser bien empleado.

Hace unos días se presentó en Madrid una carta de bienvenida al Papa, firmada por conocidos personajes, deportistas y toreros incluidos. Todo lo que sea manifestar la alegría por la visita es bueno y positivo. Habría que preguntarse si estos famosos que firman la carta serán los que escucharán con más interés las palabras del Papa, o si su firma es un acto de cortesía sin más implicación. O si buscan la cuota de propaganda que supone poner el nombre en una carta así. También habría que preguntarse si es bueno mezclar la carta de bienvenida con referencias a lo malas que son las autoridades de este Estado que le recibe. Y sobre todo habría que evitar capitalizar la visita en beneficio de unos grupos, como si sólo ellos representasen lo católico.

Este pasado viernes la “Fundación Madrid Vivo”, con el cardenal Rouco a la cabeza, fue recibida por el Papa en el Vaticano. La fundación colabora en los preparativos de la Jornada Mundial de la Juventud. Forman parte de la fundación influyentes empresarios de la comunicación, la energía, el transporte o la banca. También aquí sería bueno que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, para evitar implicaciones que desvíen la atención de la dimensión evangelizadora de la visita. Y no ir más allá de las infraestructuras necesarias para los jóvenes. Porque será grande la tentación de aprovechar la ocasión para salir en la foto por parte de políticos y eclesiásticos. Y además querrán ser tratados a cuerpo de rey. Eso también cuesta dinero.

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2
Jul
2010
Milagros de Jesús, signos de humanidad
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Tendemos a considerar los milagros de Jesús como signos de su divinidad: solo Dios puede hacer obras como estas. Cuando pensamos así deberíamos preguntarnos si en la misión de Jesús entraba una política de prestigio querida por Dios. El hecho de que no interviniera para arrancarle de la muerte, ni para rodear su resurrección de signos deslumbrantes, nos conduce a pensar que Dios no quería asegurar el triunfo de su enviado por medios de poder. Cuando a Jesús le pedían algún milagro se mostraba reservado, y no recurría a ellos para sacudir la incredulidad de la gente. Dios no utiliza medios de presión para manifestar su presencia.

Para entender los milagros de Jesús debemos comenzar por preguntar cuál es su sentido y su pretensión. Fijémonos en la categoría más numerosa de milagros, las curaciones de enfermos y de poseídos por el diablo (que también eran enfermos, pues entonces la enfermedad se atribuía al pecado o a la influencia de espíritus malvados). Su actividad curativa es la expresión visual de su mensaje. Jesús no es un personaje que hace valer su poder extraordinario para que se reconozca su autoridad divina, sino un ser lleno de humanidad y compasión, que expresa con su palabra y su obra la compasión de Dios para con los que sufren, su indignación ante la injusticia o la indiferencia de que son victimas, su proximidad a los pequeños. Las curaciones de Jesús ilustran la buena nueva que él anuncia con su palabra: Dichosos los pobres, los tristes, lo que tienen hambre y sed de hacer la voluntad de Dios.

La síntesis de la vida de Jesús de Hch 10,38 (“pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”) remite a un hecho histórico, sólido, cargado de significación, a saber: que Jesús pasó la mayor parte de su vida entre enfermos y gente de condición modesta, haciendo propio el sufrimiento ajeno y ocupándose, por eso mismo, de todo sufrimiento, considerándose enviado por Dios para restaurar la dignidad de los que sufren. Los milagros de Jesús, más que la omnipotencia divina, revelan la humanidad de Dios. Una humanidad que llama a cada uno de nosotros a ser humanos como Dios es humano. Con una nueva humanidad.

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30
Jun
2010
Disolverse: objetivo de toda ONG
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El objetivo final de toda ONG debería ser disolverse, porque su trabajo ha dejado de ser necesario. Hay ONGs que se preocupan por los enfermos del tercer y cuarto mundo, por esos enfermos de los que nadie se ocupa, que no disponen de medios, que mueren por enfermedades que en el primer mundo se curan fácilmente. Si estos enfermos dispusieran de los medios que tenemos en los países ricos, las organizaciones benéficas no serían necesarias. Hay ONGs que denuncian las violaciones de los derechos humanos. Labor necesaria y urgente. Pero si los derechos se respetasen en todas partes, la ONG no tendría ningún trabajo. Lo mejor sería, pues, que las ONGs se quedasen sin trabajo. Eso significaría que la conciencia y el desarrollo humanos habrían alcanzado los niveles que esas organizaciones desean.

Ya San Agustín se expresaba de forma parecida a propósito de las obras de misericordia. Su objetivo es quedarse sin objeto. Decía el santo: “No debemos desear que haya pordioseros, para ejercer con ellos las obras de misericordia. Das pan al hambriento, pero mejor sería que nadie tuviese hambre, y así no darías a nadie de comer. Vistes al desnudo, ¡ojalá que tuviesen todos vestidos, y no existiese tal necesidad! Entierras a los muertos: ¡ojalá llegue pronto aquella vida donde nadie muera!”. Todos estos servicios, añadía Agustín, “se deben a las necesidades. Quita los indigentes y cesarán las obras de misericordia”.

Eso no significa que desaparezca el amor. En primer lugar, porque el amor es más auténtico cuando se dirige a quien no te necesita. Cuando ayudas al necesitado, de alguna manera, te pones por encima de él. El auténtico amor es el que se da entre iguales. Hasta Dios, para poder amar de verdad al ser humano, se hizo hombre como nosotros, se puso a nuestro nivel. Por otra parte ni las mejores estructuras ni la mejor justicia resuelven el problema fundamental del ser humano, que es la falta de amor. En las mejores estructuras es posible morir de soledad y la madurez humana no es proporcional al progreso técnico y político. Por eso, aunque el objetivo de las ONGs deba ser, finalmente, su disolución por innecesarias, siempre serán necesarias personas con un corazón amante, que sean reflejo del amor de Dios.

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28
Jun
2010
¿Cómo entiendo mi sacerdocio?
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Pronto saldrá publicada mi respuesta a la pregunta que la dirección de una revista me hizo sobre cómo entiendo mi sacerdocio. La adelanto para ustedes, amables lectores: lo entiendo dentro del contexto de mi vida religiosa dominicana. Hoy, entre los dominicos, algunos discuten el sentido que tiene eso que dicen nuestras Constituciones: que la Orden es clerical. Según las Constituciones el motivo de que la Orden sea clerical es que el ministerio de la Palabra y de los sacramentos de la fe es oficio sacerdotal. Estaría de acuerdo en matizar que el ministerio de la Palabra no es exclusivo de los presbíteros; más aún, que hay laicos cualificados que ejercen mejor el ministerio de la Palabra que muchos presbíteros. Pero también es bueno recordar que, según el Concilio Vaticano II, los presbíteros tienen por deber primero anunciar a todos el Evangelio de Dios. Y este anuncio del Evangelio coincide totalmente con el fin de la Orden dominicana y con lo que, humildemente, a mi me gusta hacer. Yo, ante todo, me siento predicador. Este oficio puede realizarse siendo presbítero o no siéndolo, pero el presbiterado abre nuevas posibilidades a la predicación. En esta línea es como entiendo mi ser dominico y mi ser presbítero. No solo no veo ninguna oposición, sino que me parecen dos realidades tan complementarias que, en mi, resultan indisociables.

El ministerio de la predicación puede ejercerse de muchos modos. También se predica con el ejemplo. Pero cuando san Pablo dice que la fe nace de la predicación está pensando en la predicación de la palabra. La predicación no se reduce a las homilías; puede y debe realizarse por medio de la catequesis, de la enseñanza de la teología, por medio de la escritura o por internet. Incluso por medio del arte. Pero sea cual sea el medio, la predicación debe iluminar la inteligencia del creyente, ser una buena explicación de la fe, no quedarse en generalidades, sino aplicar a las circunstancias concretas de la vida la verdad perenne del Evangelio. Para hacer esto, para que la predicación no se limite a calentar el corazón, sino a ser sobre todo doctrinal, para así permanecer en la mente del oyente y configurarla según la “mente de Cristo”, se requiere no solo oración, sino también estudio y reflexión. Esta característica doctrinal me parece propia de la predicación dominicana y me gustaría que marcase mi presbiterado.

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26
Jun
2010
Mónaco bien vale una Misa
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“París bien vale una Misa”, dijo Enrique IV, cuando se convirtió al catolicismo para que le permitieran acceder al trono francés, aunque en el fondo siguió siendo calvinista, pues el ser católico o calvinista le importaba bastante menos que el trono y el poder.

“Mónaco bien vale una Misa” habrá pensado la nadadora sudafricana Charlene Wittstock, de confesión luterana, tras el anuncio de su compromiso de boda con el Príncipe Alberto de Mónaco. Si quiere convertirse en la sucesora de Grace Kelly necesitará abrazar la fe católica, condición obligatoria para acceder al trono monegasco. La casa real de Mónaco se ha apresurado a aclarar que “ella no está embarazada”. Un embarazo no es motivo ni para casarse ni para no casarse. El buen motivo para una boda es el amor. El amor, insisto, y no la fe. Pero por lo visto hay convenciones que deben cumplirse, no solo en Mónaco, también en España y en Bélgica, por ejemplo.

Si la razón para convertirse al catolicismo es el poder, estamos ante una muy mala razón que de ningún modo se puede admitir. Conozco buenos matrimonios mixtos entre cristianos, uno católico y otro no católico; en algún caso (recuerden a Tony Blair) la parte no católica termina abrazando la fe católica de su cónyuge, cosa no sólo legítima, sino incluso laudable (como laudable sería que la parte católica abrazara la confesión de la otra parte), siempre que sea por motivos serios. Un motivo serio puede ser el amor entre los esposos, que les ha llevado a querer compartir incluso eso tan personal e intransferible como la fe. Pero la religión nunca puede ser medio para conseguir poder, aunque sea el de una alteza serenísima.

Y ya que antes he citado a Bélgica quiero expresar mi sorpresa por la violación de las tumbas de dos arzobispos, uno el Cardenal Suenens, figura del Vaticano II. No hace falta que repita mi repulsión por los abusos contra los niños. La policía buscaba en la tumbas documentos comprometedores. Da un poco de risa. Si yo dispusiera de documentos que no quisiera que llegasen a los juzgados, no los escondería en una tumba. Los quemaría.

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25
Jun
2010
Cárcel y convento de clausura
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¿Cuál es la diferencia entre una cárcel y un convento de clausura? Se trata de dos lugares con las puertas cerradas, en los que la comunicación con los de dentro se hace o, al menos, se hacía, a través de unas rejas que impiden el paso del interior al exterior. Hay, sin embargo, una diferencia fundamental: a las personas que están en la cárcel les gustaría salir de allí, pero no pueden, porque no les dejan. Las personas que están en el convento de clausura pueden salir libremente cuando quieren, pero no quieren dejar el convento, prefieren quedarse dentro.

Esa es exactamente la diferencia que hay entre el pecado y la gracia de Dios. El pecado no te deja libre, cada día te engancha más y no quiere “soltarte”, aunque tú sí quieres liberarte de él. La gracia te deja cada vez más libre, aunque tú no quieres que te deje. O la diferencia que hay entre la droga y el amor. La droga engancha, produce adición. El amor también hace algo parecido: te ata profundamente al amado. Con una diferencia: cuando la droga te ha enganchado, salir de ella es muy difícil, raya lo imposible; y sin embargo, en los momentos de lucidez el drogadicto bien quisiera dejarla. El amor, si es auténtico, siempre respeta la libertad del amado, siempre es posible romperlo. Ocurre que el auténtico amante no quiere desligarse del amado, porque el amor, lejos de oprimir, libera en el hecho mismo de unir. Hay amor cuando dos, que podrían vivir separados, deciden libremente vivir juntos. El amor es una invasión que no es dominio, servicio que no es servidumbre, pasividad que no es capitulación. Es una dependencia, en la que toda fuerza desaparece, para convertirse en una necesidad libre.

Con Dios ocurre lo mismo que con el amor. Un Dios que no te deja libre es un ídolo y el grupo religioso que te coacciona para que no lo dejes es una secta perversa y destructiva. Un Dios que te engancha, que te aprisiona, un Dios con el que una vez enganchado ya no puedes salir, eso es una droga, un ídolo en definitiva. El Dios de Jesús invita, pero nunca obliga, porque el amor solo puede fundamentarse en la libertad.

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