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Valencia: dana mortal e inmensa solidaridad
4 comentariosPoco a poco vamos cobrando conciencia de la tragedia que ha supuesto la dana o gota fría que cayó sobre la provincia de Valencia los pasados días 29 y 30. Los destrozos materiales son incontables, decenas de coches amontonados en las calles de algunos pueblos, bastantes templos han quedado completamente inservibles; en Picanya el agua llegó hasta la bóveda de la Iglesia. Lo más importante es el sufrimiento de las personas, los desaparecidos y los muertos, que se acercan a los 200, muchos de ellos niños pequeños.
Y, como siempre, alguna nota negativa para que así resalten las positivas: una banda se ha dedicado a aprovechar el caos para robar en algunas iglesias. Lo positivo: ha habido mucha ayuda entre personas, mucha solidaridad, protección civil ha actuado con eficacia, la Cruz Roja y otras instituciones de ayuda han trabajado bien. El gobierno autonómico y el nacional han prometido recursos económicos para los afectados (esperamos que cumplan y lo hagan rápido).
La comunidad judía y las Iglesias protestantes se han solidarizado con las víctimas. Dígase lo mismo de la Iglesia católica. Desde Caritas diocesana destacan la inmensa solidaridad de personas, instituciones, empresas, asociaciones, que han ofrecido a Caritas de Valencia su aportación económica o su colaboración. Por supuesto, Caritas nacional y las otras Caritas diocesanas han manifestado su deseo de ayudar, así como algunas internacionales, la suiza, la alemana y hasta la siria. El Papa y muchos obispos españoles han enviado mensajes al Arzobispo de Valencia. La diócesis ha organizado actos religiosos (una Eucaristía y un rosario) para rezar por los difuntos.
Hoy un alumno de la Facultad de Teología, puesto que se han suspendido las clases, vino desde Paiporta a pie a Valencia (8,5 Km.) para comprar comida, y llevarla caminando a su pueblo, porque los coches no pueden circular por algunas carreteras y en algunos pueblos escasea el agua y la comida, además de no tener electricidad.
Algunos recuerdan que el agua caída supera la que cayó durante el desbordamiento del Turia en 1957, que, por cierto, provocó que se efectuara una obra faraónica, desviando el cauce del río desde el centro de la ciudad de Valencia a sus afueras. Asusta pensar que hubiera pasado si el cauce siguiera dentro de la ciudad.
Mucha gente de España y de fuera de España me ha enviado mensajes a través del whatsapp, impresionados por la tragedia y preguntando si un servidor o las personas cercanas a mi estaban afectadas. No estamos heridos, he respondido, pero estamos afectados o deberíamos estarlo, porque el dolor del hermano debemos asumirlo como propio para así ayudar con más eficacia. Compasión es padecer con el otro, ponerse en la piel del otro.
Gracias a Dios, la Iglesia, desde el primer momento, puso todos sus medios a disposición de las personas más necesitadas. Las vidas perdidas son irrecuperables. Sin duda, han sido acogidas por la misericordia de Dios. Quedan las necesidades de los vivos. Esas personas a las que ha llegado ayuda urgente, pero lo han perdido todo, seguramente seguirán necesitando ayuda cuando ya nos hayamos olvidado del desastre. Conviene comenzar por lo de hoy sin olvidar lo que puede pasar mañana. Conviene comenzar por lo de cerca, sin olvidar lo de lejos.