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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

9
Ene
2015

Unidad que quiere ser sin ser

2 comentarios

Los gestos del Papa Francisco, sucesor del apóstol Pedro, con el Patriarca de Constantinopla, sucesor del apóstol Andrés, en su viaje a Turquía del pasado mes de noviembre, fueron significativos. Además de los gestos hubo palabras de cercanía y simpatía mutuas. Más aún, palabras que han reconocido lo mucho que une a las Iglesias católica y ortodoxa. Nos une lo fundamental: tenemos la misma Palabra de Dios, el mismo Credo, los mismos sacramentos. Y sin embargo, a pesar del reconocimiento por parte católica del ministerio y los sacramentos de la parte ortodoxa, cuando el Obispo de Roma participó en el culto divino celebrado por el Patriarca de Constantinopla, no recibió la comunión eucarística, aunque allí hubo verdadera eucaristía. La participación en el culto y la no comunión eucarística es el signo más claro de una unidad que quiere ser, pero que todavía no es.

El punto de separación, a mi entender, está en la distinta concepción por unos y otros del ministerio petrino. Decir que el Papa es un “primus inter pares”, el primero entre iguales (como dice la ortodoxia) probablemente es demasiado poco. Pero el modo de ejercer el ministerio petrino, tal como se hace hoy en la Iglesia católica, no es el único posible y probablemente es mejorable. Esto lo reconoció Juan Pablo II cuando solicitó ayuda para ejercer de forma más adecuada y ecuménica, de forma menos separadora, su ministerio. Francisco ha recordado esta petición de su predecesor y la ha hecho suya.

Llevamos tantos años hablando de ecumenismo y de diálogo interreligioso que uno se pregunta si podemos dar pasos nuevos. Desde hace muchísimos años, en enero, hay una semana dedicada a la oración por la unidad de los cristianos, semana impulsada por distintas Iglesias cristianas. La oración es la traducción de la esperanza: el que espera pide, y en función de lo que pide se sabe lo que desea y espera. Pero cuando las peticiones no se logran, uno se cansa de pedir. Cierto, Jesús recomienda que oremos sin desfallecer, pero también es cierto que a uno le gustaría ver algún resultado concreto. Si concebimos la unidad como una “vuelta a Roma” por parte de los que se fueron, me parece que lo tenemos muy difícil. Pero si unidad significa ponernos en camino, sin prejuicios, para ver a dónde llegamos, podemos seguir pidiendo la unidad.

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Antonio López Sernández
10 de Enero de 2015 a las 11:12

"La participación en el culto y la no comunión eucarística es el signo más claro de una unidad que quiere ser, pero que todavía no es". Este hecho creo que en parte se debe a que se da demasiada importancia (que sí la tiene) a la liturgia en las celebraciones sacramentales (especialmente la eucarística), y casi se olvida de la presencia real de Cristo en la comunión de sus seguidores, y de la conciencia profunda de esta vivencia mística, pero real: "Donde dos o tres se reúnen allí estoy Yo en medio de ellos". Si viviéramos con más intensidad la presencia del Señor en nuestras celebraciones de la Palabra, de los Sacramentos, de la oración, del amor universal... sin duda nuestra unión de hecho sería más profunda y esperanzadora. Todos somos sarmientos que tomamos la savia de la misma vid, Jesús.

mar
10 de Enero de 2015 a las 12:52


Ecumenismo, más que un conjunto de ideas, es una actitud de vida, que trasciende dentro y
fuera de las iglesias, la nacionalidad, la lengua, la clase, la profesión.
Su finalidad es lograr la “unidad de todos” no es hacer conversiones, sino el esfuerzo del amor
Cristiano para dar y recibir sin presión de ninguna clase, sin polémica, en una actitud de diálogo y tolerancia.
Se habla de un ecumenismo sociológico que busca el cambio de la propia iglesia y el encuentro
Y dialogo con otras iglesias, con miras a un cambio de la sociedad, integrándose así  en la historia, dialogando con toda aquella o aquel  que se sensibiliza ante el universo, la conservación de recursos naturales, la crítica social, la lucha por la justicia y la paz.
Macro-ecumenismo, en el ámbito no solo de cristianos sino en el de otras religiones no cristianas y aun, en dialogo con todas aquellas “personas de buena voluntad”. Es a este nivel que el dialogo
Ecuménico propiamente dicho, se vuelve diálogo interreligioso también.
La tolerancia es la actitud básica para que el ecumenismo no sea solo palabras, sino una realidad.
Gracias Fray Martín

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