Ene
Tomás de Aquino: pasión por la verdad
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Hace casi dos mil años que un procurador romano pasó a la historia por un famoso juicio, para él probablemente insignificante, en el que, cuando el acusado le habló de la verdad, diciendo que “todo el que pertenece a la verdad escucha mi voz”, le respondió con esta pregunta: “¿Y qué es la verdad?” (Jn 18,37-38). Al procurador romano la respuesta no le interesaba. Por eso, tras formular la pregunta dió la espalda al testigo de la verdad, en vez de pararse a escuchar su respuesta.
En contraste con esta actitud escéptica de Poncio Pilato, la verdad fue una preocupación que acompañó a Tomás de Aquino a lo largo de su vida. Si inteligencia es la capacidad de comprender, razonar, aprender, resolver problemas y adaptarse a nuevas situaciones, bien podemos decir que la inteligencia de Tomás de Aquino, su estado de mente, estaba totalmente orientada hacia la verdad, entendida como conformidad de las cosas con el concepto que de ellas se forma la mente. Ella es lo determinante de toda su reflexión, de toda su búsqueda, de toda su investigación.
De hecho, las dos grandes Sumas o síntesis de teología que dejó escritas comienzan con la palabra “verdad”. En la Suma contra los gentiles, la palabra se encuentra en una cita del libro de los Proverbios: “mi boca dice la verdad y mis labios aborrecerán lo impío”. Traduzco por “impío”, basándome en el texto latino que utiliza el santo. Pues si impío es el falto de piedad y de religión, el que se aleja de Dios, entonces la cita, al contraponer verdad e impiedad, está indicando que la verdad es lo que nos acerca a Dios.
Santo Tomás de Aquino decía que “la verdad es verdad no porque la dicen muchos, sino porque se ajusta a la realidad”. Hay una máxima que decían los antiguos: “amigo de Platón, pero más amigo aún de la verdad”. A este respecto, Felicísimo Martínez nota que la verdad está por encima de la amistad y, por supuesto, de lealtades institucionales (el partido, la Iglesia, la empresa, el sindicato). La verdad está por encima de cualquier interés partidista o de escuela. Por eso, Sto. Tomás no duda en distanciarse explícitamente de Aristóteles o de san Agustín cuando piensa que no tienen razón. Esta lealtad a la verdad contrasta con los actuales fanatismos políticos, religiosos, ideológicos; y, por supuesto, con aquellas (malas) lealtades que, para defender a su institución eclesiástica, empresarial, sindical o política, son capaces de sacrificar el valor sagrado de la verdad.