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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

16
Mar
2026

San José, el de los buenos sueños

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Sanjose2026

El rey Herodes mandó matar a todos los niños de Belén menores de dos años, buscando así eliminar al “rey de los judíos” que unos magos le habían anunciado que acababa de nacer. Ante esta amenaza, el ángel del Señor se apareció en sueños a José: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle” (Mt 2,13). José, hombre justo (Mt 1,19), bueno y honrado en un mundo cruel, “se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto” (Mt 2,14). Este no fue el único sueño de José. Tuvo otros dos muy buenos: cuando decidió no repudiar a María y cuando, muerto Herodes, regresó de Egipto. Se diría que, más que patrono de los trabajadores, José es el patrono de los soñadores.

Para hacer el bien y proteger la vida del inocente, José no defiende el bien con el mal, devolviendo mal por mal. Se convierte así en un digno émulo de otro José del Antiguo Testamento, al que sus hermanos llamaban “el soñador” (Gen 37,19), un hombre casto y manso, que tampoco devuelve mal por mal a sus hermanos que quisieron matarlo y al final le vendieron como esclavo, y que también se instaló en Egipto y, una vez allí consiguió gran poder, y en vez de vengarse, favoreció y colmó de bienes a sus hermanos.

Jesús, un pequeño niño de menos de dos años, baja a Egipto. Este acontecimiento que pudiera parecer circunstancial, fue en realidad un momento salvífico. Jesús, con María y José, recorre toda la historia de la salvación, como antes hicieron sus antepasados, Abraham, Isaac, Jabob y sus hijos (Mt 1,2), que también fueron a Egipto, y allí vivieron momentos duros y difíciles. Como el pueblo de Israel, también Jesús y su familia fueron sacados de Egipto, el lugar de la esclavitud, para entrar en la tierra prometida: “De Egipto llame a mi hijo” (Mt 2,15). Así, en Jesús se recapitula toda la historia de la salvación.

Y todo esto fue posible gracias a la obediencia de José, gracias a que José supo leer los designios de Dios en sus sueños. Nosotros también estamos llamados a leer los designios de Dios y a defender al débil y al inocente. Se puede soñar dormido y se puede soñar despierto. La cuestión es: ¿cómo saber que nuestros sueños son signos de Dios? Si nos conducen a hacer el bien. Todo aquello que nos mueve al bien procede de Dios, es una inspiración del Espíritu Santo. Cuando actuamos guiados por el bien y buscando el bien estamos cumpliendo la voluntad de Dios.

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