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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

12
Oct
2007

Memorias

4 comentarios
Memoria intencionadamente desmemoriada convertida en ley. Tribulaciones pasadas convertidas en fiesta de la fe. Presente condicionado porque no hay modo de que todos nos acordemos de lo mismo. Futuro incierto. Historia que nunca es neutral. Cosas que son del color con que uno las mira. Memoria convertida en identidad cultural. Las aristas de la memoria atenuadas en periodos de tranquilidad. Relatos de experiencias familiares, populares y eclesiales amplificados y mitificados. Pasados que proporcionan estereotipos del grupo enemigo. El tiempo pasa y el pasado sigue vivo. Por eso es peligroso hablar de él. Porque duele.

El Dios de Israel se acordaba del pasado y se hacía presente al recordar determinados acontecimientos. Dios recuerda sus acciones salvíficas realizando en el presente nuevas obras de salvación. Israel no debe olvidar ese pasado (“recuerda Israel”) si quiere interpretar bien su presente. Pero hay otro pasado que Dios olvida, como si no hubiera existido, tal como dice esa ley de la fe basada en la ley de la oración: “no recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres” (Sal 79); Dios olvida el pecado, no mantiene para siempre su cólera, ama la misericordia, destruye nuestras culpas (Mi 7,18-19). Al contrario de otros, que perdonan pero no olvidan, Yahvé perdona y olvida. Un olvido salvífico que devuelve la paz.

La memoria es característica esencial de los seres humanos. No es posible anularla, aunque sí reprimirla. Pero las represiones no son buenas. Sin embargo sí es posible vivir el presente en paz con el pasado. No sólo cuando el tiempo cura las heridas (aunque hay tiempos que las empeoran), sino cuando se mira el pasado y el presente a la luz de Dios, un Dios capaz de resucitar muertos, regenerar a las personas, sacar de donde no hay, purificar la memoria. El Dios del futuro que actúa ya en el presente, un futuro distinto al que “se merecen nuestros pecados”.
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JM Valderas
12 de octubre de 2007 a las 22:01

Querido Gelabert, hay un Memorial por antonomasia, que es redentor. Hay una memoria de historia de la salvación, que resumes hermosamente. Los psicólogos distinguen un sinfín de memorias, a partir de la división clave entre memoria a corto plazo y a largo plazo. Memoria en física es la histéresis. Hubo una memoria del agua que salió en Nature y fue el hazmerreír de la comunidad científica; aun me parece ver sonrojado a John Maddox. Pero la memoria que quieren legislar no es reconocimiento de injusticias, sino memorial de agravios. Pero ellos van a lo suyo, y no debe sorprendernos. Lo que debiera mover a justa indignación es la de ciertos pseudoteólogos (pon per modum unius la Juan XXIII) y pseudohistoriadores (pon montserratinos) que pretenden descalificar las beatificaciones con el pseudoargumento de que también murieron por razones políticas, como si los mártires no murieran siempre por razones políticas, anteponiendo Cristo al emperador, su fe trascendente a la hoz y el martillo. El dibujo de ese anagrama socialista a navaja sobre la cabeza del ferroviario terciario dominico Antero es en efecto una declaración `política...contra quien, intransigente, no se avenía a abdicar de su Salvador.

Bernardo
14 de octubre de 2007 a las 01:22

Alguien ha dicho que en el neoliberalismo (léase capitalismo globalizado) la historia se ha convertido en un estorbo por lo que representa de memoria. Por eso se promueven los posgrados en olvido, para que la memoria de las víctimas no ague la fiesta o el festín de los que disfrutan tranquilamente de sus rapiñas multiseculares.
Lo hemos visto muchas veces en los últimos cuarenta años. Siempre han sido los vencedores los que han querido olvidar, incluso dictando leyes que ponían punto final a los juicios, queriendo enterrar la memoria. Pero las víctimas nunca han podido olvidar; el hijo secuestrado a media noche, torturado hasta la saciedad y aparecido sin forma huamana, aún espera que sus victimarios sean redimidos por el perdón que nace del reconocimiento del mal, el dolor de corazón, el propósito de enmienda y el cumplimiento de la penitencia.
Si la tra(ns)ición española hubiera sido una verdadera reconciliación, con pública confesión, perdón y restitución, los fantasmas del pasado no nos rondarían todavía. Los traumas presentes son fruto de los olvidos pretéritos y causa de patologías futuras.

Carmentxu
14 de octubre de 2007 a las 10:36

Gracias,querido Martin por tu trabajo en este blog.
Que nadie quiera tergiversar tus preciosas y sanas intenciones.te comento yo que tengo hermanos de mi madre,torturados en checas,y luego fusilados sin saber donde están sus restos.Mi madre y mi abuelo encarcelados y vejados.Tambien tengo un hermano de mi padre muerto por el bando de derechas.
Enhorabuena,repito por este blog.

Aurea Sanjuán
15 de octubre de 2007 a las 14:05

Bienvenidas todas las memorias históricas, las que se aprueban por ley y las que celebran la fiesta de la fe. Bienvenido el recuerdo de todas las victimas las que sucumbieron por represión política y las que cayeron al grito de "viva Cristo Rey". También las que lo fueron por revanchas, odios y rivalidades personales o de clase.
Bienvenido el recuerdo de tanto sufrimiento humano. Bienvenido si ante la imposibilidad de reparar tanto dolor, de resacir tamaña tragedia surge el sentimiento, el propósito y la decisión del "nunca más". Bienvenida la memoria del horror siempre que suscite deseos de perdón, de reconciliación, de fraternidad universal.

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