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Elogio del estudio de la teología
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Cuanta menos consideración ambiental tenga aquello que se pretende elogiar, tanto mayores son las posibilidades de no ser comprendido o de ser calificado de inepto por alabar aquello que supuestamente no se lo merece. ¿Cómo osar alabar una actividad que en muchos sectores de nuestra sociedad no tiene especial relevancia?
No todos los estudios son iguales ni están igualmente valorados. Hay un tipo de estudio que se considera útil. La utilidad es uno de los criterios de lo valioso en nuestro mundo moderno. Útil parece el estudio de muchos científicos, técnicos y especialistas que nos informan sobre medicina, economía, microchips, internet y televisión digital. Este estudio está orientado a conseguir lo que ya poseemos (discúlpese la redundancia) y ofrece certezas a la mente humana. Pero ¿es esto todo lo que necesitamos saber para vivir y vivir bien? Muchos así lo consideran. Y, sin embargo, a la vista de las múltiples noticias que todos los días recibimos, muchas de las cuales se diría que “claman al cielo”, brota de nuestros labios una exclamación: ¡en qué mundo vivimos!, que podría también convertirse en pregunta acuciante, una pregunta que pretende comprender esta realidad y que el estudio calificado de útil no resuelve: ¿en qué mundo vivimos? Una vez que hemos comprendido, aunque sea muy mediocremente, en qué mundo vivimos, cabe formular otra pregunta que resulta todavía de más difícil respuesta: ¿qué podemos esperar de este mundo en el que vivimos?
En lo que acabamos de decir hay como un triple paso que, al menos como primera aproximación, valdría para caracterizar el recorrido que va de la ciencia a la teología pasando por la filosofía. La ciencia, intentando identificar la realidad, se preocupa del saber. La filosofía, deseando comprender la realidad, se interesa por el significado y sentido de las cosas, ayudándonos a transformar y ampliar la visión personal del mundo. La teología habla de salvación y expresa fundamentalmente una preocupación por el destino; en el fondo, se preocupa por la suerte del ser humano, y tiene serias incidencias en el modo de vivir el presente, no sólo según modalidades éticas, sino también y sobre todo existenciales. Naturalmente, la teología supone la fe y sólo es posible entenderla por quién cree que únicamente Dios es la salvación definitiva y estable de todo lo humano, lo que no significa que no interese a todo ser humano.