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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

20
Oct
2026

Bombardear puentes

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puentes2026

Un signo de ser buena persona es construir puentes. Y un signo de ser mala persona es levantar muros. Hay católicos, musulmanes, ateos, asiáticos, americanos, españoles, jóvenes y mayores, gente de todo tipo que construye puentes. Y gente de todo tipo que levanta muros. Dejo aparte lo incoherentes que resultan esos que levantan muros si se dedican a proclamar que lo hacen en nombre de alguna religión. Porque a las religiones les importan las personas, no las estructuras. Cuando no importan las personas, seguro que estamos ante una falsa religión o ante una mala religiosidad.

Una tentación que desanima a los que construyen puentes es comprobar que, a veces, duran poco, porque hay quién se complace en destruirlos. Pero es necesario superar esta tentación. El que construye puentes está siempre decidido a reparar los dañados, y a construir de nuevo los destruidos, tantas veces como sea necesario. Eso es esperanza: mantenerse firmes y seguir adelante, a pesar de la aparente falta de resultados. El que vive con esperanza sabe que nada, nada, ni siquiera la muerte, puede separarnos del amor de Dios, que nos mueve a seguir amando en toda circunstancia, incluso cuando somos odiados. El amor dura siempre, es indestructible. Es posible destruir el puente, pero no es posible destruir la esperanza. Y la esperanza hace posible la reconstrucción.

Abundan las descalificaciones a nivel religioso. Y aclaro: una cosa es reflexionar sobre temática religiosa y manifestar desacuerdos o matices con otras reflexiones, y otra es descalificar y condenar como hereje a aquel que opina de modo diferente en asuntos opinables, en los que el gusto personal se confunde con la tradición o con el dogma. La conocida como conversación en el espíritu, que es el método de diálogo utilizado en el encuentro sinodal, debería hacerse extensivo a todos los niveles: escuchar, no discutir. Y escuchar tras haber orado juntos. Y tras escuchar, acoger lo bueno que uno ha visto en el otro, olvidando lo que no le ha gustado. Así se tienden puentes, así nos acercamos. Así podemos seguir manteniendo nuestra postura y mejorarla, respetando la del otro que, al escucharnos a nosotros, también está invitado a mejorar su postura.

El puente es una buena imagen. La luz es otra. En Cuba, por ejemplo, eso de quedarse sin luz durante varios días es lo habitual, que los más mayores han conocido durante toda su vida. Los apagones no son cosa de ahora, tienen una larga historia, consecuencia de muy malas políticas internas y externas. Pues bien, un fraile domingo español, que estuvo caminando con el pueblo cubano durante casi 30 años, fray Manuel Uña, cuenta que cuando llegó a La Habana, en 1993, en pleno apagón, los jóvenes le regalaron una linternita, que todavía conserva, al tiempo que le dijeron: “Padre, esto no alumbra mucho, pero sirve para iluminar”. Otro signo de ser buena persona es iluminar. Las malas personas se complacen en incendiar. Y cuando aparece la oscuridad, se dedican a criticar y descalificar. Pero la oscuridad no desaparece cuando se la critica, sino cuando se enciende una cerilla. Todas las buenas personas deberían tener siempre una cerilla para los muchos momentos de oscuridad que debemos atravesar. Con cerillas podemos ayudar a mucha gente. Criticando no ayudamos a nadie. Creamos más oscuridad.

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