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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

28
Nov
2025

Adviento, presencia comenzada de Dios

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adviento2025

El Adviento y la Navidad se han convertido en fiestas profanas. Los cristianos debemos aspirar a vivir un Adviento y una Navidad auténticas, según su sentido religioso. ¿Cuál es el sentido del Adviento? Este término no significa espera, como algunos suponen, sino que es la traducción de la palabra griega parusía, que significa bien la presencia, bien la llegada de personas, cosas o sucesos importantes.

Adviento significa pues la presencia comenzada de Dios. Por eso nos recuerda dos cosas: primero, la presencia de Dios en el mundo ya ha comenzado, aunque ahora está presente de manera oculta. Y segundo, esta presencia aún no es total, sino que está en proceso de crecimiento y maduración. Su presencia ha comenzado, pero somos los creyentes los que debemos hacer presente a Dios en el mundo. Como bien dice el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, 50), “en la vida de aquellos que, siendo hombres como nosotros, se transforman con mayor perfección en imagen de Cristo, Dios manifiesta al vivo ante los hombres su presencia y su rostro. En ellos Él mismo nos habla y nos ofrece un signo de su reino”.

Por medio de nuestra fe, esperanza y amor, Dios hace brillar su luz en la noche del mundo. Por eso, las luces que encendamos en nuestras celebraciones de Adviento son, por una parte, expresión de nuestra certeza de que la luz del mundo se encendió en Belén y allí se manifestó el gran amor de Dios a todos los seres humanos. Y por otra, nos recuerdan que esta luz puede seguir brillando si los cristianos continuamos la obra de Cristo.

Adviento significa presencia de Dios ya comenzada, pero todavía no manifestada en plenitud. Por eso, el cristiano no mira solo lo que ya ha pasado, sino también lo que está por venir. En un mundo en guerra, donde mucha gente sufre, un mundo en el que parece que cada uno solo piensa en sus propios intereses egoístas, el cristiano vive en la esperanza de que la luz de Cristo, ahora en parte escondida, un día se manifestará plenamente y el bien triunfará definitivamente: el día en que Cristo vuelva. La presencia de Dios será un día presencia total.

Celebrar el Adviento es despertar a la presencia de Dios oculta entre nosotros. Pero para ello es necesario un camino de conversión, alejarnos de tantas cosas bien visibles y tangibles que nos separan de Dios (nuestra ambición de dinero, nuestra ansia de poder, de dominio y de placer descontrolado, nuestros egoísmos y enemistades) para abrirnos a lo invisible, y aprender que no hay alegría más luminosa que la que nace del seguimiento de Cristo, transformando nuestra vida según los valores del Evangelio. En definitiva, vivir tal como indica la carta de San Pablo a los romanos que leeremos en la Eucaristía de este primer domingo de adviento: “dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz. Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo”. Quién celebre así el Adviento podrá vivir una Navidad llena de gracia.

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