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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

25
Abr
2017

Encarnación es todo el universo

3 comentarios
encarnacion

La ley de la Encarnación, que encuentra en Jesús de Nazaret su momento más álgido, es aplicable a toda la realidad. Porque Dios está presente en todo lo creado por medio de su Espíritu. Sin esta presencia las cosas volverían a la nada. El himno de Laudes del viernes de la primera semana lo expresa poéticamente: “Hombre quisiste hacerme, no desnuda / inmaterialidad de pensamiento. / Soy una encarnación diminutiva; / el arte, resplandor que toma cuerpo: / la palabra es la carne de la idea: / ¡encarnación es todo el universo! / ¡Y el que puso esta ley en nuestra nada / hizo carne su verbo!

Por medio de su Espíritu, el Dios trascendente, el que no puede ser limitado por nada ni por nadie, está presente en toda la realidad. Dios es el lugar por encima de todos los lugares, pero al mismo tiempo en toda la realidad hay una huella divina. Dios está en todas partes, aunque nada lo aprisiona. Si estuviera en un lugar concreto, sería limitado. No está en un lugar concreto y, sin embargo, él es la realidad que sostiene toda realidad. Dios lo engloba todo. El está en las cosas y las cosas están en él: “en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hech 17,28); Dios “lo trasciende todo, lo penetra todo y lo invade todo” (Ef 4,6).

La presencia de Dios es de una índole distinta a la nuestra. El es Espíritu, espiritu personal. Por eso no puede circunscribirse a un lugar concreto, pudiendo al mismo tiempo estar en todo lugar. De alguna manera eso también ocurre con la persona humana: gracias a que somos seres espirituales, podemos trascender el lugar y el tiempo en el que estamos. Yo no estoy sólo donde se encuentra mi cuerpo. Por ser espiritual, vivo con un horizonte ampliado; mi ser espiritual me permite estar aquí y en otro lugar al mismo tiempo; y estar en comunión profunda con la persona amada por muy distante que esté corporal y físicamente de mí.

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1
JC
26 de Abril de 2017 a las 10:23

Acretada reflexión, aunque a veces me planteo que si podemos habitar lo alto, lo ancho y lo profundo en cuanto a las formas, nos es posible transcender el espacio; no ocurre lo mismo con el tiempo ya que no podemos experimentar al unisono el pasado, el presente y el futuro, por lo tanto transcender el tiempo se me hace dificil por no decir imposible.

2
felicianolopezrobles
26 de Abril de 2017 a las 18:52

Lo entiendo tal como usted lo explica, porque lo he vivido siempre desde esa dimensión.- A su vez encontramos muchas personas que no asimilan la existencia de un Dios espiritual, que puede estar al mismo tiempo en todas partes.- En general, me parece, no nos entra vivir en la presencia de Dios, nos cuesta admitir que está presente en cualquier lugar en que nos encontremos.- Para dirigirnos a Dios no es necesario elegir lugar determinado, lo tenemos siempre a la escucha de nuestra voz y de nuestros deseos.-

3
Pedro Martínez
2 de Mayo de 2017 a las 03:13

Por tristeza al ser limitados -y muchas veces muy autosuficientes-, los seres humanos tenemos una tendencia muy profunda a definir a Dios, sin ver, que, solamente por Gracia podemos "no definir a Dios", ya que al conceptualizarlo lo estaríamos limitando; como bien se dice Erich Fromm, -lo plantea muy interesantemente- en su Arte de Amar, un libro muy actual, pero que también eleva a Dios: Quien se ha logrado hundir en el misterio de Dios, simplemente calla, porque ninguna palabra es capaz de expresar aquello que es Aquel que ha sido, es y será y nosotros, al ser fruto de su amor, compartimos parte de su trascendencia, por eso aunque seamos finitos, al llegar a la meta - no sin antes, sufrimientos ni pruebas-, nos hundiremos de nuevo en el abismo que es Él mismo.

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