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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

8
Abr
2016

El amor en la familia: luces y sombras

6 comentarios

La exhortación apostólica del Papa Francisco “sobre el amor en la familia” es larga porque son muchas y complejas las cuestiones relacionadas con la familia. El documento está dirigido explícitamente a los cristianos. Hay puntos que tienen mayor interés para unos que para otros, dependiendo de la situación en que uno se encuentra y de sus necesidades. El texto merece una lectura reposada. Sería bueno que cada uno se quedase con lo que más directamente le afecta. Me temo que los distintos comentarios que aparecerán en los próximos días seleccionaran los aspectos más llamativos o que más se aproximen a la ideología del comentarista. Sería una pena que estas insistencias nos desviaran de una lectura en profundidad de la rica teología sobre el amor cristiano que ofrece la Amoris Laetitia.

El Papa comienza recordando que, en estos asuntos tan personales, no todo se resuelve a base de leyes. Y, si bien es cierto que la Iglesia tiene una doctrina luminosa sobre el amor y el matrimonio, “hay diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella”. El Papa, siendo firme en lo doctrinal, es consciente de que hay situaciones que necesitan un tratamiento propio.

La realidad de la familia tiene sus luces y sus sombras. Su luz más esplendorosa deriva del hecho de ser el reflejo viviente del Dios Creador: “la familia no es algo ajeno a la esencia divina”; “el varón, la mujer y los hijos conforman una comunión que es imagen de la unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”. En la familia también hay sombras, debidas a la fragilidad humana y, sobre todo, al hecho de que cuando las cosas no dependen solo de uno, es más complicado controlarlas a gusto de uno. A propósito de estas sombras, el Papa reconoce con humildad que, a veces, el modo de presentar las convicciones y de tratar a las personas, no ha facilitado que resplandezca la belleza de la fe cristiana y ha dificultado responder a las necesidades reales de los fieles.

Lo importante es leer el texto completo y que cada uno saque sus propias conclusiones. Una clave: el respeto a la conciencia de cada uno, que debe hacer su propio discernimiento y, a veces, hacerlo en situaciones donde se rompen todos los esquemas. La Iglesia está llamada a formar las conciencias, no a sustituirlas. Un principio inspirado en Tomás de Aquino puede dar luz a los responsables de acompañar a esas personas que se encuentran en situaciones difíciles: cuanto más se desciende a lo concreto y a lo particular, tanto más difícil es ofrecer una norma general. O dicho de otro modo: tanto más aumenta la indeterminación.

Un detalle menor, pero agradable: en otras ocasiones he notado que Francisco cita gustoso a las Conferencias Episcopales. En este documento la primera Conferencia citada es la española. Si no me equivoco, es la primera vez que este Papa cita a nuestra conferencia episcopal en un documento de este nivel.

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Jmv
8 de abril de 2016 a las 23:02

No quisiera ni de lejos enmendarle la plana al POntifice. Es obvio que se aleja del estilo de los papas preecedentes.Hasta en la referencia a la EScritura. Sospecho que la doctrina expuesta dara mucho juego. Alguien se ha fijado en BOrges. A Mi me recuerda el existencialismo criollo del argentino Helen Ferro. ESpero poder desarrollar en otra ocasion Mi impresion.Lamento las incorrecciones. Estoy fuera de Espana.

Lo que veo durante todo el día
9 de abril de 2016 a las 01:33

La prensa dice lo que le parece y le interesa (de una tendencia u otra, y obviamente sin leer el texto, pues ya tendrían el titular escrito el día previo, es lo que tiene la noticia, la rapidez). Usted fray Martín avisa y reitera lo de cada cual cogerá lo que le parezca más para él, luego comenta lo de la conciencia, y como cada uno tiene la suya, leerá y entenderá lo que quiera. Yo ya me ahorro leer los kilos de papel de Tomás de Aquino, me gusta eso de que en lo particular los principios generales desaparecen, y como solo conmigo existe lo concreto y nadie conoce mi conciencia, veo bien que yo sea quien diga la última palabra y mis principios para mí. Me mola esto un montón. Que no se meta nadie a decirme nada con principios generales. En fin, y viendo prensa y blogs diversos y escuchando a algún sacerdote: está claro que la Iglesia por fin ha mostrado que todo es posible. La horrible "Veritatis Splendor" se ha demostrado como una "Lutum Mendax" ("Suciedad mentirosa"), y ya puedo con más tranquilidad hacer hermenéutica de lo que no me gusta mucho de las palabras de Jesús, perdón, palabras de copistas, apóstoles encorsetados en su cultura de hace 2000 años, o comunidades cristianas que hablan de manera general, y no saben mi particularidad ni mi concreta mismidad. Y con ello, poner en duda al cura que el otro día en Pascua me confesó y me dijo que rezará 5 Ave Marías. Mañana le canto las cuarenta porque creo que realmente no tenía pecado alguno, hoy lo veo claro.

Anónimo
9 de abril de 2016 a las 12:22


“Toda casa es un candelabro”. Papa Francisco en el nº 8 de Amoris Laetitia cita a su tocayo el poeta J.L Borges.

Y como en el candelabro, en toda casa, la luz individual de cada vela son Luz-Una que alumbra a quienes la habitan.

Si una vela arde con luz más brillante, compensa aquella que, tenue, parpadea.

Con un poco de aceite prendió Fuego de Amor en el candelabro de nuestros hermanos judíos.

Seamos brazos comunicantes en el Candelabro de la Vida
Alegría de Amor
Aceite, aire, fuego
Llama
Luz

c.m.c

Anónimo
10 de abril de 2016 a las 11:03

fe de errata:

Papa Francisco es paisano no tocayo de J.L. Borges.
Ruego disculpas

c.m.c

fr. J.E.
10 de abril de 2016 a las 15:27


La experiencia, por maravillosa y transformadora que sea, es siempre subjetiva. No puedo elevar a verdad eterna e inmutable lo que un ser humano limitado experimenta

Anónimo
14 de abril de 2016 a las 01:19

Fe de erratas a la fe de erratas.
Son paisanos por lugar de nacimiento.
También son tocayos por llevar el mismo nombre.

Disculpen la aclaración

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