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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

4
Sep
2018

Dios, modelo de fidelidad

2 comentarios
Jesuspastor

Cuando oímos hablar de fidelidad enseguida pensamos en las personas que cumplen sus compromisos o que mantienen el amor por largo tiempo. El término tiene muchas aplicaciones: fidelidad a una empresa, fidelidad a la pareja, fidelidad al rey o al superior. Y también fidelidad a Dios. En todos estos casos, el sujeto de la fidelidad es una persona humana. Cierto, también puede hablarse de un perro fiel, pero fundamentalmente la fidelidad es un atributo de las personas.

Y, sin embargo, el primero que es fiel, y el modelo de toda fidelidad, es Dios. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, a Dios se le atribuyen dos características estrechamente entrelazadas: misericordia y fidelidad. Dios es “rico en misericordia y fidelidad” (Ex 34,6; Sal 85,15; Rm 3,3). Rico, o sea, la misericordia y la fidelidad le desbordan por todas partes. Es fiel a su amor, a su misericordia, hasta el punto de que su fidelidad permanece siempre.

Fidelidad tiene que ver con fe. Uno suele ser fiel porque se fía de otro, aunque a veces uno es fiel no porque se fía de otro, sino porque mantiene su compromiso y su amor a pesar las infidelidades del otro. La madre es fiel a su hijo, mantiene su amor, a pesar de que en algunas ocasiones el hijo pueda portarse mal con ella. Ese es el caso de Dios que, a pesar de todas nuestras infidelidades, se mantiene fiel a su amor, y nos ama a pesar de todo. Nos ama porque él es así, el siempre fiel, un amante perdido. Si dejara de ser fiel, dejaría de ser Dios, dejaría de ser lo que es: Amor incondicional y definitivo. Como bien dice la segunda carta de Pablo a Timoteo: “si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo”. Nótese la razón de porque permanece fiel: porque no puede negarse a sí mismo.

Entre los humanos no es fácil mantenerse fiel con aquellos que no son fieles. Pero es posible. En Dios no es solo una posibilidad. Es una realidad definitiva y siempre operante, porque él “es” fiel. No tiene fidelidad. “Es” fiel. La fidelidad no es una cualidad más junto a otras. Pertenece a la esencia de su ser. Dios se fía del hombre, confía en el hombre, espera siempre la vuelta del hombre. Con Dios siempre hay nuevas oportunidades.

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1
Roberto
4 de Septiembre de 2018 a las 17:05

A propósito de el presente artículo, me viene a la mente, cómo el hombre, ha corrompido los abrazos, los besos, signos sublimes de amor y fidelidad, a causa de su hipocresía y egoísmo! Y a veces damos por sentado estos signos como un simple saludo, sin meditar el gran significado que estos debería tener en nuestras vidas. Justo como Dios en su misericordia y fidelidad, nos abraza el alma con profunda ternura, si nos dejamos consolar.

2
Emilio
7 de Septiembre de 2018 a las 09:56

En la sociedad actual se penaliza en general cualquier tipo de fidelidad, aunque hasta hace un tiempo no era así. Ahora se ha llegado al extremo del usar y tirar (o vender lo viejo o lo que ya no nos gusta), en todos los ámbitos, en cuanto se puede.
Por poner un ejemplo en el terreno económico y cotidiano, lo que se premia hoy al cliente es cambiar de banco, de compañía telefónica, de compañía de..., solo se acuerdan del cliente cuando se va y a veces ni eso.
La fidelidad hoy ni vende, ni interesa económicamente. Los "poderosos", no quieren que exista lo más mínimo, por eso Dios estorba, por eso la familia estorba,... por eso, aunque pueda parecer paradójico, cada vez somos menos libres e infelices.

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