Logo dominicosdominicos

Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

4
Ene
2014

Contemplar a Dios y atender al prójimo

7 comentarios

San Bernardo de Claraval, en su interpretación alegórica del Cantar de los Cantares, reconoce que la esposa siempre está dispuesta a disfrutar de las delicias de la contemplación, pero no puede negarse a ver las necesidades de su prójimo. Copio un texto significativo a este respecto: “Tras haber realizado una buena acción, se puede descansar con mayor seguridad en la contemplación, y cuanto más consciente es uno de no haber descuidado las obras de caridad por amor de la propia tranquilidad, con tanta mayor confianza se entregará a la contemplación de las cosas sublimes y se atreverá a estudiarlas”. Para Bernardo, en esta vida, todas las formas de amor son complementarias. No puede descuidarse el amor al prójimo en nombre del amor a Dios. Porque precisamente el amor al prójimo, la “buena acción”, proporciona “mayor seguridad en la contemplación”.

 

A la luz de este pensamiento de San Bernardo, parecen inadecuadas las contraposiciones o tensiones entre vida contemplativa y acción social; o entre vida monástica y compromiso político. Me pregunto qué hay detrás de afirmaciones de este tipo: una monja contemplativa debe dedicarse a la oración y dejar las obras sociales a otras religiosas llamadas de “vida activa”. En muchos conventos, desde hace tiempo, se reparte a los necesitados la comida que no encuentran en los servicios sociales de los ayuntamientos. Si eso se hace sin ruido, nadie hace problema. Pero en cuanto el reparto va un poco más allá de la comida y se convierte en denuncia profética, aparecen las voces discrepantes. Estas voces olvidan que oración y caridad, contemplación y acción, están estrechamente implicadas. La una sin la otra se desvanece. Marta y María que, a lo largo de la historia de la espiritualidad, han sido utilizadas como icono de la acción y de la contemplación, van siempre unidas. Separadas una de otra, dejan de ser la Marta y la María del evangelio, amigas de Jesús juntas e inseparables.

Cierto, en esta vida no todos lo podemos hacer todo; cada uno tiene su carisma y sus posibilidades. Pero un cristiano con un determinado carisma debe reconocer en el carisma de otro cristiano algo propio y, por eso, debe valorarlo y apoyarlo. Además, en la vida humana y en la cristiana, no podemos hacer separaciones tajantes. Por eso son admirables y respetables aquellos cristianos que tienen capacidad de integrar distintos carismas y tareas. Más que criticar o contraponer carismas y tareas, lo que hay que hacer es aplaudir la capacidad de síntesis que tienen algunos y explorar los nuevos caminos que ahí se abren.

Posterior Anterior


Hay 7 comentarios, comparte el tuyo

En caso de duda, puede consultar las normas sobre comentarios.

Aviso: los comentarios no se publican en el momento. Para evitar abusos, los comentarios sólo son publicados cuando lo autorizan los administradores. Por este motivo, tu comentario puede tardar algún tiempo en aparecer.

Cancelar repuesta


Juanjo
5 de enero de 2014 a las 10:00

...Y además la exhortación apostólica del Papa Francisco; Evangelii Gaudium, lo dice bastante clarito, con valentía, de forma cercana, y con una fuerza y claridad que no deja lugar a dudas. Lo que hace falta es leerla y tomar postura

Anónimo
5 de enero de 2014 a las 11:18

Hay voces y actitudes proféticas que actualizan carismas nacidos hace siglos. Como la dominica Lucía Caram. Gracias Lucía por tu testimonio contemplativo encarnado-
Hoy difícilmente pueden sostenerse vocaciones contemplativas conventuales a base de figuras a extinguir como las antiguas “mandaderas” que realizaban labores de intendencia, para que nada perturbara el clima del interior del monasterio. Cabría preguntarse si es esa una contemplación evangélica. Una contemplación-separada-del-mundo, que demoniza el mundo.
Papa Francisco alerta contra la “trata de novicias”. La importación de vocaciones jóvenes, de países emergentes para cuidar al “pequeño resto” de vocaciones ancianas. Van surgiendo nuevas formas de contemplación, del tronco de antiguos carismas.

JMV
5 de enero de 2014 a las 12:45

No sólo son compatibles y complementarios, sino funciones o carismas íntimamente entrañados. Los tornos de los monasterios siempre fueron intensamente activos. Los tiempos demandan una logística mejor estructurada y en algunos sitios monjes y monjas así lo han entendido. Como los trapenses mártires del norte de Africa que todos hemos visto en el cine.

A veces lo que se critica no es "el activismo", sino los disparates teológicos y morales de quienes, sin especial formación, o con una formación mal aplicada, se lanzan "extramuros". Pero eso vale tanto para los de vida activa como los de vida contemplativa. Para monjes y monjas, religiosas y religiosos. Por supuesto también para laicos.

En nuestra sociedad española tenemos un problema serio de convivencia, como es el separatismo. Todo católico debe enfocarlo desde la doctrina social de la Iglesia. Y eso sirve de manera señalada para quienes van asociados de una forma estrecha a la comunidad eclesial, como son religiosas y religiosos. Juan Pablo II ratificó a la Conferencia Episcopal Italiana en su condena con la deriva secesionista de la Padania. Los políticos septentrionales querían esa segregación porque "Roma les roba, el sur vive de nosotros y somos una nación". No es lo mismo que el secesionista aquí sea un individuo anónimo que un fraile o una monja.

Pensemos, asimismo, en el aborto. No es lo mismo que defienda ese homicidio un político que un religioso o una monja.

En mi opinión, fray Martín, no es tanto el activismo del contemplativo lo que se cuestiona cuanto el disparate teológico y moral.

Otra cosa es que, cuando se les coloca ante el espejo de la doctrina, salgan por peteneras y aduzcan que se cuestiona su labor social.

Gracias.

Juan
5 de enero de 2014 a las 22:21

No como frailes o teólogos, sino como cristianos todos somos llamados a representar el papel de Marta y María. Sin descuidar nuestra vida interior, estamos obligados a participar en el proceso político, o mejor dicho histórico que nos toca vivir, sin hacer caso a los que nos siguen gritando, zapatero a tus zapatos. No existen dos historias. Cristo es el Señor de la Historia, la de Montesinos, Las Casas, la del último cristiano de turno.. Tenemos un destino común.

Isabel
8 de enero de 2014 a las 10:12

No sé si, es oportuna mi intervención pero, ahi va respetando las de los demas comentaristas.
Nos hemos enterado de que las Religiosas de Vida activa que desde su juventud se han entregado a la docencia,bien en Colegios destacados o en Escuelas del Estado que dan cabida a los alumnos mas pobres,al llegar a la edad de su jubilación,ya no saben qué hacer y, se dedican al descanso bien merecido.Visitan Museos; o tiendas curiosas o viajes etc.. y que,los Monjas y Monjes de vida contemplativa,Vida orante con sus penitencias incluidas,siguen hasta su muerte en su Vocación recibida en su juventud con su entrega de oraciones,silencio, penitencias etc.Las hay con edades de ochenta y noventa,asistiendo al Coro aunque sea haciendo acto de presencia,hasta que El Esposo a quien entregaron su vida, venga a por ellas.Valiente rebaño de Cristo que, se mantiene en la Fe recibida hasta que le llegue el momento de supartida y descanso.

Juan raúl salazar (Jurasave)
8 de enero de 2014 a las 23:21

Santa María nos enseña el exitó en nuetra vida cristiana haciendo lo que su Hijo desea; siendo asi que le escuchamos al Señor, lo cntemplamos en su palabra, se nos da en la Eucarístia y salimos al encuentro de nuestros hermanos ya preparados en la acción concreta DE LA CARIDAD, PAZ Y BIEN

Sonia Llamero
9 de enero de 2014 a las 19:46


Hace ya casi 800 años Santo Domingo de Guzmán supo resolver bien este dilema,supo interpretar "los signos de su tiempo",lo que significaba aunar la tradición monástica con la predicación y dar respuesta a las necesidades de la Iglesia de una forma distinta,innovando pero sin alterar la raíz,contemplar para dar lo contemplado.Puede que sea el momento de leer e interpretar de nuevo los signos de nuestro tiempo y seguir el camino de Santo Domingo.

Logo dominicos dominicos