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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

24
Mar
2018

Confesarse: algo así como tomar café juntos

4 comentarios
confesarse

A propósito del sacramento de la confesión, el Papa Francisco recordó hace unos días que Jesús no amenaza, sino que llama con dulzura, inspirando confianza. Y describió así la actitud de Jesús ante el pecador: “El Señor dice: ‘Ven, vamos. Ven y discutamos. Hablemos un poco’. No nos asusta. Es como el papá del hijo adolescente que ha hecho una travesura y debe reprenderlo. Y sabe que si va con el bastón la cosa no irá bien, debe entrar con la confianza. El Señor nos llama así: ‘Vamos, vengan. Tomemos un café juntos. Hablemos, discutamos. No tengan miedo, no quiero aporrearlos’”.

Hay que reconocer que el Papa tiene ideas originales y llamativas, que hacen pensar, dan paz y ofrecen esperanza. Sin duda, es un buen catequista. A mi no se me hubiera ocurrido comparar el sacramento de la reconciliación, con un “tomar un café juntos”. Pero no es una mala metáfora: dos amigos, tomando café, hablando con confianza, buscando comprenderse y ayudarse. Olvídense del café y quédense con la confianza, el comprender y el ayudar. Eso es lo que debe hacer el ministro de la confesión, porque sin duda eso es lo que Cristo haría con el pecador.

Si uno acude a confesarse con buena intención (y es de suponer que todos lo hacen así), seguro que es consciente del mal que ha hecho (porque a solas nadie se engaña) y seguro que está arrepentido y dolido. El hecho mismo de acudir al confesor es ya signo de arrepentimiento. No se trata, por tanto, de hundirlo más en sus miserias. Se trata, como hizo el padre del hijo pródigo, de levantarlo y decirle que el Señor está de fiesta por su confesión.

Hace muchos años recuerdo haber absuelto a una joven muchacha, que vino con miedo a confesarse (no me conocía de nada y no sabía con quién se iba a encontrar). Estaba angustiada, porque le acababan de reñir seriamente y de negarle la absolución. Motivo: se había confesado de no haber ido a Misa el domingo anterior. Bueno, yo digo que celebrar la Eucaristía es una necesidad de todo creyente. Pero también digo que confesarse de no asistir a ella un domingo, cuando se suele celebrar habitualmente, no es motivo para negarle a nadie la absolución.

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1
Un amigo
24 de Marzo de 2018 a las 07:48

Mucha gente, por experiencia lo digo, ha abandonado la confesión tras una amarga experiencia en los confesionarios.
Yo también las he tenido. (He recibido una bronca desmesurada, creo yo, con falta total de misericordia. También un confesor puede tener una "mal día")
Mi solución ha sido más práctica. Saber con quien me confieso. Saber elegir al confesor adecuado, cuando se puede, es la mejor solución.
Si la práctica de la confesión está en grave crisis, se debería plantear muy seriamente, de qué parte del confesionario han venido las causas.

2
J.E.Falconi
24 de Marzo de 2018 a las 18:13

Nadie está por encima del hombre, sólo Dios, quien es la fuente de la Misericordia.
La historia de la Iglesia está ligada a la historia del pueblo; el pueblo refleja lo que la Iglesia manifiesta.
Siempre está presente en el ser humano la concupiscencia, la fuerza del amor de Dios que subyace en la persona revela quien es él.
El confesor sabe que quien acude a buscarlo, es por que el Espíritu Santo se lo envía, por tanto lo acoge con amor, ternura y compasión, lo ayuda a seguir el camino trazado por Cristo. Si no fuese así, entonces el confesor deberá ser confesado.
Sólo la Verdad nos conduce a la Paz como fruto de la Justicia. La Verdad es Jesucristo, nuestro Dios.

3
Toni Oliver
25 de Marzo de 2018 a las 00:17

A colación de este último comentario que usted hace, por más vueltas que le doy, no acabo de entender como es que la Iglesia obliga la asistencia a Misa a cualquier niño/a que acaba de recibir laPrimera Comunión, bajo pena de falta grave (pecado mortal), en caso de no asistir en fiestas de precepto. ¿Por que obligar? No sería lo ideal revisar el catecismo para introducir un matiz más acorde con el mensaje cristiano que sería, -es muy recomendable para nuestra alma la asistencia semanal a la Eucaristía-. Dado que en la práctica y la experiencia lo demuestra, es del dominio público general que está “norma“ no es seguida estrictamente por la mayoría de las familias practicantes por razones más que obvias. ?En que cabeza cabe hacerle entender a un niño de unos 9/10 años la obligatoriedad de este precepto? Cuando lo matizara esto la Iglesia.......

4
Emilio
27 de Marzo de 2018 a las 23:05

Por los comentarios, veo que el problema de fondo es el de siempre, el hombre, no Dios, y el daño que puede hacer algún sacerdote o cualquier cristiano a otro semejante por juzgarle y ver solo la paja en ojo ajeno.
Creo que no se puede ser cristiano si no te reconoces constantemente pecador y en cuanto a lo de ir a misa, acción que muchos utilizan para diferenciar de forma errónea, según mi modo de ver, a los cristianos "practicantes" de los que "no lo son".
La vida que llevamos, la presión social, el miedo, incluso la actitud de no pocos sacerdotes, está alejando a muchos cristianos de esta práctica tan necesaria para un cristiano, pero no por eso debemos juzgar a nadie y menos condenarle, al contrario, como muy bien apunta Frai Martín, el cristiano debe invitar, animar a acudir a la reconciliación con Dios, empezando por uno mismo y por los que deben dar mas ejemplo en la Iglesia, pero no por miedo a un castigo, sino por convencimiento de no perder la oportunidad de vivir eternamente feliz con nuestro Padre, que como una Madre, siempre nos está esperando con un café calentito.
Un saludo

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