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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

23
Jul
2017

Callar cuando hay que hablar

3 comentarios
campana

Callar es no decir conscientemente algo. Los motivos por los que uno omite decir algo son variados. Unos pueden ser buenos; otros no tanto. No saber es un buen motivo para callar. Hay gente que opina sobre todo. Opinan sobre lo que desconocen. Más les valdría callar, no solo porque no aportan nada, sino porque normalmente hacen el ridículo. Otro motivo para callar es no querer responder a un insulto o a un gesto descortés. El que calla por este motivo puede ser una persona pacífica y educada, que no quiere provocar discusiones inútiles.

Hay ambientes que favorecen el hablar y otros que invitan a callar. Un ambiente amistoso invita a las personas a comunicarse con confianza, sabiendo que sus palabras no serán mal interpretadas ni utilizadas en su contra. Desgraciadamente hay familias o grupos en los que hay padres o jefes que quieren controlarlo todo, que no admiten que nadie discuta sus opiniones, en suma, hay dictadores que provocan miedo. Ante ellos, sus subordinados guardan silencio, no por respeto, no porque están de acuerdo con el padre patrón, sino porque tienen miedo de que la reacción del patrón les dañe aún más de lo que les daña su sola presencia.

Cuando en una familia o en un grupo hay silencios ante el jefe, es un claro signo de que no hay familia ni fraternidad. A veces se dice que “el que calla otorga”. Hace tiempo escuché decir a un compañero que, en una comunidad, el que calla no otorga nada. Y si le fuerzan a hablar, en este forzarle queda clara la dictadura imperante; por eso, el que habla forzado, diga lo que diga, no tiene ninguna responsabilidad. Y lo mejor que puede hacer es decir lo que el jefe o la jefa quieren oír.

A veces callamos cuando es más necesario que nunca que hablemos. Por ejemplo, cuando en un colectivo se comete una injusticia contra uno de sus miembros, los que callan se hacen directamente cómplices de la injusticia. El silencio o la resignación no es una buena postura ante el mal o la injusticia. Naturalmente, a la hora de protestar es necesario ajustarse a la verdad y tomar las necesarias medidas de prudencia, para que la protesta sea lo más efectiva posible. Importa dejar clara la obligación moral de que hablen aquellos que pueden, cuando otros no pueden o no saben hacerlo, aunque los modos y maneras de este hablar dependan de las circunstancias.

Hay silencios cobardes que suelen esconder deseos de medrar, búsqueda de poder. Esos silencios cobardes de los que callan, cuando podrían y deberían hablar, favorecen la mentira, la injusticia, el abuso y la prepotencia. Por el contrario, el abuso y la mentira se reducen, y terminan desapareciendo, cuando se escuchan palabras equitativas y verdaderas.

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1
Pedro J. Luque
23 de Julio de 2017 a las 05:03

Mi estimado Martín, hoy tu escrito viene como anillo al dedo. Hoy, justamente hoy pero 5 años atrás, murieron en condiciones muy raras dos opositores al régimen cubano. Uno de ellos, Oswaldo Payá, fue el gestor del conocido Proyecto Varela, con el que se pretendía (de manera constitucional), solicitar un referéndum en Cuba. Ciertamente soy de los que piensa que su muerte no fue accidental... y ahora, mientras leo tu artículo, resuenan dentro de mí estas últimas palabras: "Hay silencios cobardes que suelen esconder deseos de medrar, búsqueda de poder. Esos silencios cobardes de los que callan, cuando podrían y deberían hablar, favorecen la mentira, la injusticia, el abuso y la prepotencia. Por el contrario, el abuso y la mentira se reducen, y terminan desapareciendo, cuando se escuchan palabras equitativas y verdaderas.". Gracias mil por tu escrito

2
juan
26 de Julio de 2017 a las 18:19

la verdad es muy dificil ser libres, cuanto mejor formados, mas decididos somos, cuesta trabajo cuando hay mucha hablar, gracias por su comentario

3
Kléver Calle
28 de Julio de 2017 a las 17:12

Dios le pague por estas palabras, Fray Martín. Escribo desde el Ecuador, soy un laico de la Comunidad del Santísimo Rosario de Cuenca.

Le agradecía por sus palabras porque afrontar nuestra misión cristiana en tantos y tantos contextos necesitados del agua salvífica de la justicia y el perdón.

En Ecuador, millones de hectáreas de bosques y ecosistemas fundamentales para la vida y la economías campesinas están siendo concesionadas sin ningún tipo de consulta a empresas multinacionales para el desarrollo de actividades mineras (de las más deprededoras y contaminantes). Esta es quizá una de las injusticias más grandes que se puedan cometer porque destruye la naturaleza y el sustento de las presentes y futuras generaciones. Nobles motivaciones son enarboladas: el desarrollo y el trabajo. Deslumbrantes promesas son lanzadas: ecosistemas que quedarían igual o mejor de lo que se encontraban. Pero puestos a investigar el tema seriamente no se encuentra un solo caso que haya cumplido sus promesas. Son mentiras.

Frente a esta realidad, aún nuestra comunidad e iglesia no han levantado una voz firme. Que con sus palabras, Dios, por medio de Santo Domingo, nos ayude a ser obstáculos para los planes perversos e instrumentos de su justicia.

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