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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

28
May
2013

A falta de teología, apologética

16 comentarios

La apologética, o sea, la defensa de la fe cristiana frente a los malentendidos, descalificaciones o ataques venidos del exterior, siempre ha existido en la Iglesia. Ha tenido una doble orientación, que dependía más del talante del apologeta que del tipo de ataque al que había que responder. Hay una apología que se dedica a descalificar al adversario y lo trata como un enemigo; y hay otra que busca puentes de diálogo con la postura distante, diferente o disidente. Por lo demás, la apología no es la más importante tarea eclesial. La tarea principal de la Iglesia es dar a conocer el Evangelio y ofrecer una reflexión teológica que ayude a comprenderlo mejor, primero por los propios creyentes y luego por los que deben ser evangelizados.

Hoy abunda la apologética y es escasa la buena teología. A falta de propuestas teológicas y de ofertas teologales, hacemos apologética. Y además de la mala, de la que descalifica y es incapaz de ver nada bueno en el diferente o en el distinto. Una apologética que piensa que una tradición humana (Col 2,8) es tanto más divina cuanto más contraria es a las ideas del mundo moderno. Esta apologética no tiene ideas propias, se alimenta de lo que dicen otros, pero no para dialogar, aprender o aprovecharlo, sino para mostrarse escandalizada y condenar. No aporta nada, sólo critica lo que otros ofrecen. No hace ninguna concesión. Todo es blanco o negro. Para ella no hay escala de grises. No reconoce nada bueno fuera de lo que ella dice. En vez de resaltar el fondo cristiano que pueda haber en las nuevas tendencias, no hace sino provocarlas para que rompan con los pocos vínculos que las unen a la Iglesia. Así el diálogo y el acercamiento con el otro es imposible.

Además de buena teología (reflexión que ayuda a comprender mejor a Dios), necesitamos recursos teologales (que propician el encuentro con Dios), como la oración, el compromiso apostólico, una liturgia viva y comprometida, un servicio de caridad y solidaridad iluminado por la fe, que ve en todo ser humano la imagen misma de Dios. La oferta y vivencia de estos recursos es mucho más eficaz que todas las apologéticas condenatorias. De entrada y de salida, debemos buscar la salvación. Para que resplandezca la salvación no hace falta estar todo el día lamentando y condenado la oscuridad. La oscuridad desaparece por sí sola cuando se enciende una pequeña luz, una cerilla. La oferta teológica y teologal es esa cerilla que tenemos que cuidar, para que no se apague. No sea que después de tanto lamento lo que tengamos es más oscuridad porque nadie se ha preocupado de encender una cerilla.

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Marceliano de Garganta y Sauras de Híjar
29 de mayo de 2013 a las 10:33

Suele ignorarse, fray Martin, que uno de los secretos de la eficacia evangelizadora de la Compañía de Jesús durante la Contrareforma fue el cumplimiento de su "Ratio Studiorum", en el que tuvo papel destacado un mallorquín paisano suyo. Tal fue su eficacia, que Melanchton pugnó por hallar una suerte de réplica protestante. En una de sus renovaciones, tras la supresión o expulsión, la Compañía impuso la enseñanza de cuestiones científicas fronterizas con la religión. Aparte del impulso que dieron ellos mismos a las ciencias. (Recuérdese por abreviar la red de observatorios.)

También la Orden de Predicadores dio la importancia que merecía a la apologética. Me parece que esa asignatura ya no la enseñan ustedes. Y lo que no se enseña no se estudia y termina por descalificarse o ridiculizándola.

No diré yo que vuelvan ustedes a Garrigou y su texto. Pero es obvio que un mundo avanzado en lo científico y en lo técnico como el nuestro, las nuevas formas de apologética se hacen imprescindibles para difundir el mensaje de Cristo.

Martín Gelabert
29 de mayo de 2013 a las 11:19

La normativa de la Santa Sede exige que en todas las Facultades de Teología haya una asignatura troncal que se llama Teología Fundamental. Esta asignatura asume las tareas de la antigua Apologética, integrándolas en un contexto más amplio y positivo. Un talante positivo como el que manifiesta el libro de Ramón Llull, Libro del Gentil y los tres sabios. Por cierto, en España funciona una asociación de profesores de teología fundamental (en la que hay profesores de todas las Facultades), y que se reúne para tratar temas importantes, entre otros los relacionados con el diálogo de la fe con la ciencia. Solo que esta asociación no hace mucho ruido, precisamente en aras de la eficacia. Por lo demás, en España hay publicados (por los profesores de las Facultades de Teología) muchos y buenos libros y manuales sobre Teología Fundamental, reconocidos y acreditados. La teología fundamental tiene la tarea de explicar la revelación como acontecimiento creíble, tanto de cara a la comprensión creyente como de cara a los no cristianos, teniendo en cuenta los desafíos de la cultura.

Valero Martinez
29 de mayo de 2013 a las 11:45

Los cristianos de a pie estamos llamado a "explicar" a Jesucristo, a hacerlo entendible fundamentalmente desde el testimonio de vida. Eso significa que el alejado se de cuenta que Jesucristo es AMOR sin límites, entrega, servicio, comprensión, humildad, etc. Y eso requiere de nuestra parte el vivir de Cristo, en Cristo y para Cristo. Sólo unidos a él es posible dar testimonio, que es a mi entender, la mejor apologética posible. Pero a veces alguien te pregunta -en el trabajo me pasa con frecuencia- y tienes que responder y entrar en el diálogo. Yo en esos casos procuro buscar puentes, que no significa hacer concesiones si no hablar con claridad pero desde un: "quizás tú piensas eso, pero yo en mi vida he experimentado que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida porque desde el momento en que le conocí, mi vida inició un camino de transformación que sólo en Él, se explica"

Joaquín
29 de mayo de 2013 a las 18:24

Padre Martín, ¿a qué apologética descalificadora se refiere? ¿Es acaso por el "asunto Pagola"? No pretendo polemizar, pero si no dice a qué apologetas y/o apología se refiere (es decir, de quién y sobre qué se trata), parece un texto bien escrito, pero sin trascendencia.
Por otra parte, el diálogo es necesario (deseable y conveniente), pero la defensa de las verdades de la fe católica puede ser necesaria, no con beligerancia pero sí con contundencia argumental y fundamento (Sagrada Escritura, Tradición, Magisterio), cuando lo que se puede pretender por parte de, valga la redundancia, de la/s otra/s parte/s es llegar a una especie de consenso gratificante, o de mínimos. A veces, tras la superficie del diálogo queda una profundidad de real indiferencia (bueno, cada cual que piense lo que quiera). En fin, no son más que reflexiones a vuelapluma por mi parte. Gracias y saludos.

wilberto_rijos@yahoo.com
29 de mayo de 2013 a las 22:29

Joaquin, cual es el problema de Pagola? tambien tu comentario queda sin trascendencia, El escrito lo entendi bien.

Mercedes
30 de mayo de 2013 a las 12:00

Comparto lo dicho por Valero Martinez. Creo que todo cristiano debería formarse en cuestiones de teología para poder defender con fundamento nuestro seguimiento de Cristo , y porque en definitiva , aquello que amamos , deseamos conocerlo profundamente....

No poner disyuntivas
30 de mayo de 2013 a las 18:12

Lo que hizo Domingo de Guzmán no fue precisamente teología, sino apologética, y así fue su predicación por Francia. Tomás de Aquino hizo Teología y además apologética, que en gran parte eran sus cuestiones disputadas, libres y candentes. Las Escuelas dominicanas de lenguas árabes y hebreas eran principalmente apologéticas. Es verdad que la apologética se ha desvirtuado desde el CVII, y descalificado, y a muchos les suena mal, pero en las raíces de la Iglesia está, desde los conflictos de las comunidades de Juan y el gnosticismo, el problema del canon,...y los posteriores padres apologetas, que siguen siendo una delicia leerlos hoy. Los estadounidenses hoy en día la siguen practicando, les va mucho el mundo de los debates, propio de muchas de sus universidades, y así hay multitud de muy buenas publicaciones apologéticas en lengua inglesa provenientes de aquellas tierras. Los EE.UU en muchas cosas son el semillero de vocaciones religiosas del Occidente hoy, en buena parte al menos. No creo que sea buena poner en disyuntiva la teología o la apologética. Por otro lado, durante mucho tiempo hemos pecado quizás de "buenismo" y nos ha faltado decir con claridad esa teología fundamental apologética que aclara multitud de cosas frente a muchas mentiras que se han ido colando en las ideologías del siglo XX y XXI.

Juan
30 de mayo de 2013 a las 22:32

La Iglesia Católica se siente orgullosa -y con razón- de poseer y defender la verdad: el peligro está en creernos que sólamente nosotros la poseemos. La Historia de la Iglesia está llena de ejemplos nefastos, que tenemos que evitar con o sin apologéticas.
No disfiguremos el rostro de la Iglesia con fundamentalismo: prediquemos con el ejemplo.

AEL
1 de junio de 2013 a las 00:52

De la radical intransigencia, en todos los supuestos, de la Instrucción Donum Vitae a la reflexión actual del Papa Benedicto XVI. "Bien sabemos que, fuera de Dios, la verdad no existe como un “en sí”. Sería un ídolo. La verdad sólo puede desarrollarse en la relación con el otro que se abre a Dios, el cual quiere manifestar su propia alteridad en y a través de mis hermanos humanos. Por tanto, no conviene afirmar de manera excluyente “yo poseo la verdad”. La verdad no es posesión de nadie, sino siempre un don que nos llama a un proceso que nos asimile cada vez más profundamente a la verdad. La verdad sólo puede ser conocida y vivida en libertad; por eso, no podemos imponer la verdad al otro; la verdad se desvela únicamente en el encuentro de amor”. Aquella Instrucción "en manos" de grupos eclesiales de gran radicalidad exterminaba la vida germinal humana matrimonial, vida llamada a permanecer en la existencia por su Creador.

Armando Martínez Arellano
20 de agosto de 2020 a las 05:16

El tema es por demás interesante y actual. Considero que la apologética no debería depender del talante de quien la lleva a cabo, pues esto limitaría el diálogo con aquellos a quienes responde. Por otra parte, no me parece que deba ser considerada fuera de la teología, sino como parte de ella. Finalmente, creo que la mejor defensa de la fe consiste en vivir plenamente nuestra vida cristiana y dar testimonio de ella.

Jacobo García
21 de agosto de 2020 a las 01:46

El tema de la apologética me ha parecido muy importante, ciertamente muchos hombres y mujeres de hoy actúan en defensa de su fe, pero pareciera que no se da el sentido teologal de unificación del amor a Dios para con los hombres, es más como cristianos vivimos en una separación que no nos permite vislumbrar ese encuentro que Cristo quiere con el otro. Creo que un mundo donde observamos cambios constante necesita de una verdadera teología que permita abrirnos al campo del dialogo y del encuentro de un Dios vivo que se hace presente en la vida de todos los hombres que luchan en defensa de la fe cristiana.

Nathán Montero
22 de agosto de 2020 a las 05:47

Los cristianos de todos los tiempos han tenido que defender su fe de una u otra forma y en los tiempos actuales en donde ser cristiano y profesar la fe es ante los demás extraño u obsoleto, la importancia de una auténtica teología, la apertura al paso de Dios en el otro, en la misma vida y la lucha por una vida coherente creo que esa es la apologética más acertada. Muchos creemos que defender la fe puede ser convencer o atraer, convertir al otro o demostrarles sus errores lejos de la creencia cristiana cuando en realidad lo que estamos llamados es a testimoniar el Amor de Cristo en nosotros. Jesús atrajo con el testimonio de su vida, su apertura a la escucha y al diálogo y con eso dejaba en el otro la invitación a seguirlo.

Carlos Ramírez
22 de agosto de 2020 a las 19:16

Considero que el tema de la Apologética es bastante polémico en cuanto a la mala interpretación que muchos hacen de este término cuando es utilizado como arma de combate o instrumento de condena que solo crea división y una insana confrontación. Por ello es necesario el estudio de una Teología fundamental que brinde los conocimientos necesarios basados desde las Sagradas Escrituras y la Sagrada Tradición que permitan hacer un análisis reflexivo y critico de la Fe propiciando un ambiente de apertura y escucha en un diálogo con fundamento.

Luis Fernando Andaracua
26 de agosto de 2020 a las 01:04

De manera personal, la apologética es una herramienta que puede tener sus partes positivas siempre y cuando sea utilizada de la manera correcta, no tenga como fin la "censura" y se apoye de otros elementos, llegando así al verdadero descubrimiento de una teología que tenga como fin la interpretación y ello permita acercarse al misterio de Dios y alcance de la salvación, y no solo para quedarse en una "simple" defensa que finalmente también se cierra al diálogo, coloca barreras y desecha ideas. Por ello ahora es necesaria una buena hermenéutica de la Teología, cómo ahora que la Teología Fundamental llega a modificar lo que era la apologética y se pone de manifiesto la centralidad de Cristo como mediación para la revelación.

William Jaime
30 de agosto de 2020 a las 23:59

Con todo respeto y como laico, es decir, pueblo básicamente entramado en la doctrina católica, debo decir que me interesé por esta por el camino de la apologética. Esta bien que haya hermanitos piadosos que se vayan por los caminos del diálogo, pero la mentira y el antorché galio deben enfrentarse con toda firmeza y convicción. Se caer en los amedrentamientos típicos de los peores lobos que arrastran las mansas ovejas de nuestro rebaño. No señor. Si somos soldados o rescatistas no instruidos con mucha filosofía y teología “freudiana” léase Inentendible para El pueblo, debemos hacerlo con la apologética a ultranza y teniendo claro que aquí nosotros somos las Victimas y no los victimarios.

Víctor Hugo Andrade
8 de septiembre de 2020 a las 17:15

En un mundo lleno, día con día, de descalificaciones, si no descalifico no brillo, si no destruyo no escalo, su no señalo no soy... el teólogo de hoy debe, más que señalar, destruir, descalificar; ayudar a crear lazos de diálogo, permitir que no se pierda el objetivo principal, la salvación. Seamos hoy esa cerilla que a nuestro mundo le hace falta.

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