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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

28
Ago
2020
Convicciones privadas y repercusiones públicas
5 comentarios

torbellino

Entiendo por convicciones privadas las que no tienen consenso científico ni social. Tales convicciones son muy respetables. Pero pueden ser peligrosas. Y de hecho lo son cuando tienen consecuencias que van más allá de la persona que sostiene la convicción. Eso vale igualmente cuando se trata de convicciones religiosas. Si una persona, por motivos religiosos, está en contra de las transfusiones de sangre, tiene todo el derecho a negarse a que se la practiquen, por mucho que los médicos le digan que está su vida en juego. Pero no tiene el derecho de impedir que se la hagan a su familia. Y, si se trata de un menor que está a su cargo, tampoco tiene ese derecho. Hay leyes que amparan a los menores. Los padres no tienen derechos absolutos sobre sus hijos.

Digo eso porque están apareciendo noticias preocupantes sobre el maldito bicho que nos está trastornando la vida. Unas son falsas, bien negando que el virus sea real, u ofreciendo remedios que cualquier persona con un poco de cabeza adivina que son inútiles y hasta peligrosos. Algunas tienen relación con comportamientos religiosos. Cuando en una Iglesia los responsables del culto no guardan las debidas precauciones, o no advierten a los fieles de la necesidad de protegerse y mantener las distancias requeridas, no solo están desobedeciendo a sus superiores religiosos, sino que están poniendo en peligro a la gente.

Otras noticias están relacionas con sentimientos. No se puede engañar diciendo que lo que se hace bajo capa de religión no tiene peligro, bajo el falso pretexto de que la religión nos protege. Acabo de leer que en algún país americano han muerto pastores evangélicos por no tomar elementales medidas de prevención contra el virus. Esos pastores se acercaban a los enfermos u ofrecían servicios sin pensar en el peligro que sus actos comportaban. Dígase lo mismo de aquellos ministros que minusvaloran el riesgo de contagio. Los signos religiosos son humanos, están hechos de realidades terrenas. Las realidades terrenas (el pan, el aceite, el agua, o la madera de las imágenes), por muy bendecidas que estén, no están protegidas contra la degradación del tiempo o de la naturaleza.

Las convicciones personales tienen un límite, a saber: las consecuencias públicas que puedan derivarse de ellas.

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25
Ago
2020
Fidelidad y perseverancia
5 comentarios

jarrocontoalla

Un reciente documento de la Santa Sede, dirigido a las personas consagradas, lleva por título: “El don de la fidelidad, la alegría de la perseverancia”. Las reflexiones centrales del documento valen para todos los cristianos e incluso para todas las personas de buena voluntad. Hoy abundan las infidelidades, en todos los estados de vida. Y la perseverancia no es precisamente una virtud que esté de moda: todo pasa muy rápido y “dura mientras dura”. Las cosas, y hasta las personas, son de “usar y tirar”. Nos cansamos pronto, y enseguida necesitamos nuevos estímulos para no aburrirnos. Y, sin embargo, la fidelidad es esencial en toda relación interpersonal.

El primero que es fiel es Dios. Bondad y fidelidad caracterizan la naturaleza de Dios. La historia de la salvación es el relato de una alianza entre Dios y su pueblo, una alianza constantemente rota por un pueblo de “corazón duro” y constantemente mantenida por un Dios que no se arrepiente de sus promesas, un Dios que sigue amando a pesar de las infidelidades del pueblo. El libro de los salmos canta que la fidelidad del Señor permanece de generación en generación. Cristo es la mejor manifestación de la fidelidad de Dios (1 Tes 5,23-24) y, como “testigo fiel” (Heb 3,2), enseña al ser humano la fidelidad, invitándole a ser fiel a la Palabra de Dios. Se comprende así que uno de los títulos primitivos de los cristianos sea precisamente “fieles” (Hech 10,45; Ef 1,1).

La perseverancia es una cualidad indispensable de la fidelidad. El verdaderamente fiel lo es en toda ocasión. De ahí está exhortación del tercer evangelio a los discípulos: “con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas” (Lc 21,19). Jesús mismo, en el solemne contexto de la cena pascual, alaba a los suyos con estas palabras: “vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas” (Lc 22,28). Precisamente los buenos amigos son los que están a nuestro lado en los momentos difíciles, no sólo en la salud, sino también en la enfermedad; no sólo en las alegrías, sino también en las penas. En la perseverancia se demuestra el amor auténtico.

El Concilio Vaticano II define la vida de los consagrados por su perseverante y humilde fidelidad a la consagración (aunque lo que dice es aplicable a todo cristiano): “el sagrado Sínodo confirma y alaba a los varones y mujeres, Hermanos y Hermanas que en los monasterios, o en las escuelas y hospitales, o en las misiones, hermosean a la Esposa de Cristo con la perseverante y humilde fidelidad a su consagración y prestan a todos los hombres los más variados y generosos servicios” (Lumen Gentium, 46).

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21
Ago
2020
Virus que retrata lo peor de lo humano
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mascarilla

Publicaba ayer que la religión promueve un nivel de vida más humano. Más humano quiere decir más fraterno, más solidario, más comprensivo. Más humano significa tratar con misericordia a quién más lo necesita. A veces, se dice que pecar es humano. En realidad, pecar es la degradación de lo humano, sobre todo para aquellos que entendemos que la medida de lo humano es el Dios revelado en Jesús, Dios compasivo y misericordioso, que quiere que los pobres y los enfermos sean felices. El ser humano ha sido creado a imagen de Dios. Por eso, pecar no es humano. Y ser compasivo es humano porque es divino, se crea o no se crea en Dios.

Digo todo esto porque nos estamos enterando de situaciones inhumanas ocurridas durante este tiempo de pandemia, sobre todo en las residencias para personas mayores. Tener a las personas encerradas bajo llave; ancianos golpeando las puertas suplicando salir; obligar a los cuidadores a suministrarles sedantes, que pueden ser letales, para que dejen de gritar; cuidadores que se van a casa llorando y tienen pesadillas por las noches por lo que veían en directo; hospitales que obligaban a esas residencias a elegir sólo a uno de los que necesitaban ir a urgencias, porque no les permitían recibir a más. En fin, un escándalo. Nuestros políticos, al menos una vez enterados, ¿no pueden hacer algo? Si ellos no pueden hacer nada o son otras sus preocupaciones, mejor que se larguen.

Claro que no se trata solo de lo ocurrido en esas residencias. Se trata también de ancianos que se han sentido abandonados por sus propios hijos. No es extraño que en este momento haya peticiones para rehacer testamentos y desheredar a los hijos. Los niños repiten lo que ven hacer a los mayores. Yo digo alguna vez a los jóvenes con los que trato que tienen que aprender muchas cosas de sus mayores. Sobre todo, tienen que aprender a no repetir sus errores. Conocer bien las cosas malas que hacen sus superiores para que, cuando les toque a ellos tomar decisiones, lo hagan de otra forma. Es bien sabido que muchos maltratadores han sido antes maltratados.

Una cosa más. Es posible que pronto dispongamos de medicación apropiada. Están apareciendo noticias de gobiernos que pretenden quedarse con esos medicamentos. Pero los remedios que se encuentren deben ser para todos y repartirse en función de las necesidades más perentorias. Algo de eso ha dicho el Papa. Como siempre, algunos le han criticado por ser poco realista. ¿Poco realista? Real es el enfermo, el necesitado. Claro, también es real el dinero, fuente de todos los egoísmos. La cuestión es si el dinero promueve un nivel de vida más humano.

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20
Ago
2020
La religión promueve un nivel de vida más humano
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antenaespacial

Dios promueve humanidad. Lejos de ser el rival del ser hombre es su mejor aliado. Más aún: es el que le constituye desde su más profunda raíz, de modo que cuanto más humano es uno, más divino es; y cuanto más embargado está uno por Dios, más pleno de humanidad está. Desde la encarnación, Dios y la persona humana van en la misma dirección.

En esta línea van estas afirmaciones del Vaticano II: “la santidad suscita un nivel de vida más humano, incluso en la sociedad terrena”; “eleva la dignidad de la persona, consolidando la firmeza de la sociedad y dotando a la actividad diaria de la humanidad de un sentido y de una significación mucho más profundos”; “no hay ley humana que pueda garantizar la dignidad personal y la libertad del hombre con la seguridad que comunica el Evangelio de Cristo” (LG, 40; GS, 40 y 41).

Y estas otras: “las conquistas logradas por el hombre son signo de la grandeza de Dios… El mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo ni los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo” (GS, 34). El Espíritu de Cristo “alienta, purifica y robustece los generosos propósitos con los que la familia humana intenta hacer más llevadera su propia vida y someter la tierra este fin” (GS, 38). La esperanza cristiana “no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo”. De ahí que “el progreso temporal, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios” (GS, 39).

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16
Ago
2020
Justicia, herencia cultural y religiosa
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catarataconsol

Todos reclamamos justicia. Apelamos a ella no sólo cuando sentimos que se nos ha dañado, sino cuando pretendemos conseguir algo que nos beneficia, incluso sin merecerlo. Probablemente el condenado debe pensar: “lo justo es que me den una segunda oportunidad. Lo justo no es que pague por mi culpa, sino que me ofrezcan la oportunidad de actuar de otra manera”. Este concepto de justicia se parece bastante a la justicia de la que habla la Escritura: Dios es justo cuando perdona, porque su pretensión es nuestra salvación. Al perdonar, Dios realiza lo adecuado, lo justo, lo que él considera más conveniente para que se realice su designio de amor. La justicia humana podría aprender alguna cosa del concepto cristiano de justicia.

Hay dos aspectos de la reflexión cristiana que tienen que ver con la justicia, interpelan a toda cultura y muestran la capacidad humanizadora del evangelio a toda persona de buena voluntad. El primero encuentra su fundamento en la doctrina de la creación. Ante el reto de construir un mundo más humano y, por tanto, más justo, la Revelación cristiana nos recuerda que Dios ha entregado la tierra y cuanto ella contiene a “todos” los seres humanos y que, por tanto, allí donde los bienes no son accesibles a todos, no se cumple la voluntad de Dios. Se amplia así el concepto de justicia, que entiende que hay que dar a cada uno lo suyo, pero entiende este “suyo” en clave individualista. Por el contrario, la Revelación afirma la clave social y universal de lo que corresponde a cada uno.

El otro aspecto tiene su fundamento en lo más original de la predicación de Jesús: el mandamiento del amor. Pues una aplicación estricta de la justicia podría convertirse, como indicaba la máxima de Cicerón, en inhumana: “summum jus, summa injuria”. Jesús contesta esta actitud, puesta de manifiesto en las palabras: “ojo por ojo, diente por diente” (Mt 5,38). Tanto en sus tiempos como en los actuales, muchos modelos de justicia se inspiran ahí. De modo que en nombre de una presunta justicia (histórica o de clase, por ejemplo), tal vez se aniquila al prójimo, se le mata, se le priva de la libertad, se le despoja de los elementales derechos humanos.

La justicia sola, si no se deja impregnar por el amor, no es suficiente para el logro de una auténtica humanidad. Al abrir la vida humana al amor, el Evangelio eleva toda justicia y nos abre a la gratuidad y a la misericordia como auténtica dimensión de lo humano. Hay obligaciones que ningún código de justicia puede prescribir. Ningún código ha llegado a persuadir a un padre para que ame a sus hijos, ni a ningún marido para que muestre afecto hacia su mujer. Los tribunales de justicia pueden obligar a proporcionar el pan del cuerpo, pero no pueden obligar a nadie a dar el pan del amor. En este sentido, el samaritano misericordioso (Lc 10,29-37) representa la conciencia de la humanidad, porque va más allá de toda justicia, elevándola desde el amor.

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12
Ago
2020
¿Dónde encontrar un poco de esperanza?
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cruzyvela

En este mes de agosto están ocurriendo muchas cosas que no invitan al optimismo. Lo que ha contado el único superviviente de una patera que quería llegar a Canarias, a saber, que a medida que sus ocupantes se iban muriendo por falta de agua, los superviviendo tiraban los cadáveres al mar, es una muestra más de esta sociedad deshumanizada en la que nos toca vivir. Lo cierto es que las tragedias humanas, debidas no a nuestra limitación, sino a nuestra falta de solidaridad, son tan antiguas como la historia. Ocurre que ahora estamos más informados. La información nos inclina espontáneamente a pedir responsabilidades a quienes gobiernan.

Sin duda, en muchos casos una política un poco más sensata y previsora evitaría muchas tragedias. Un ejemplo reciente y claro es la explosión en Beirut de unos depósitos de nitrato de amonio, que han destrozado gran parte de la ciudad y provocado 170 muertos y más de seis mil heridos. ¿Dónde estaban esos depósitos con un producto tan letal? En plena ciudad. ¿Quién es el irresponsable que permite la ubicación de esos depósitos en tal lugar? Los ciudadanos nos sentimos impotentes. Y los ciudadanos de países que tiene menos libertad para manifestarse y protestar, más impotentes aún.

Uno piensa, en ocasiones, que, para conservar la tranquilidad del ánimo, es mejor cerrar los ojos y taparse los oídos. Pero eso es imposible y no sólo no soluciona los problemas, sino que los empeora, y de paso manifiesta el egoísmo y la indiferencia del que no quiere ver ni oír. La esperanza no se alimenta con la pasividad. Se mantiene y se reaviva con solidaridad. Cada uno desde sus posibilidades. Es bueno estimular y animar a los demás, pero siempre que el estimulo y el ánimo empiecen por uno mismo. El Obispo Pere Casaldáliga ha sido un ejemplo de solidaridad. De esa solidaridad con la que todos estamos de acuerdo en teoría, aunque, a veces, nos molesten determinados ejemplos.

Ante el mal que nos acosa, la única postura digna del ser humano es tender la mano a los heridos que están a nuestro alcance. Y, si uno es creyente, siempre cabe confiar en el Señor de la historia que, aunque parezca callado, está muy atento. A pesar de todo, el creyente cree que Dios no nos abandona. Un himno, que se encuentra en libro del profeta Habacuc, lo dice de esta manera:

Aunque la higuera no florezca,
    ni haya frutos en las vides;
aunque falle la cosecha del olivo,
    y los campos no produzcan alimentos;
aunque en el aprisco no haya ovejas,
    ni ganado alguno en los establos;
aun así, yo me regocijaré en el Señor,
    ¡me alegraré en Dios, mi libertador!

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9
Ago
2020
Agosto con mucho descontrol
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remolino

El de agosto es un mes eminentemente vacacional. Cierto, hay quién no tiene vacaciones, no precisamente por exceso de trabajo, sino por falta de dinero. Pero también es cierto que las vacaciones se han convertido en un derecho y en una necesidad. Los que en este mes disponen de más tiempo libre, se habrán visto saturados de noticias, malas la mayoría. La peor, a mi entender, es la segunda oleada del covid-19 que, por suerte, parece menos agresiva que la primera. En algunos casos, la culpa de la propagación del virus ha sido la irresponsabilidad de personas en fiestas descontroladas. La fiesta es maravillosa, la vida lo es más. Y la fiesta descontrolada, como todo lo descontrolado, no aumenta la fiesta, sino que la estropea. Pequeña lección para todos: la moderación da vida; el descontrol tiene consecuencias negativas para uno mismo y los demás.

Hablando de descontrol, hay otra noticia que debería hacernos pensar, a saber, la salida de España del rey emérito. Sin duda, a D. Juan Carlos hay que reconocerle muchos y buenos servicios al Estado y su contribución a la consolidación de la democracia. Pero eso no quita que la falta de control en asuntos quizás privados, haya sido motivo de descrédito y esperemos que no sea motivo de nada más. El dinero puede hacernos perder la cabeza. Y el dinero opaco, como todo lo que se quiere ocultar (también pienso en lo que se quiere ocultar so capa de religión o de “secretos de gobierno”), muestra su indecencia cuando sale a la luz.

Otro descontrol agosteño de trágicas consecuencias pasadas y presentes: hace exactamente 75 años, el 6 y el 9 de agosto de 1945, las ciudades de Hiroshima y Nagasaki fueron atacadas con armas nucleares. Desde entonces no han dejado de fabricarse bombas atómicas, que están en manos de gobernantes que dan miedo y se dan mutuamente miedo. El mutuo miedo hace que nadie se atreva a disparar. Pero el peligro está ahí. Y no lo va a controlar el miedo. Solo puede hacerlo la mutua confianza. Las armas impiden la mutua confianza. Estamos en un mundo peligroso y desconfiado.

La violencia, que aflora un poco por todas partes, producto del egoísmo y de la injusticia, es la cara visible del odio que a todos nos acecha y que debemos rechazar con todas nuestras fuerzas. Dice el salmo 11, con una formulación paradójica: “Yahvé odia a quién ama la violencia”. Yahvé odia la guerra y ama la paz. Por eso Jesús proclama dichosos a los que trabajan por la paz. Paz es armonía, entendimiento y amor. Todo lo contrario del descontrol.

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6
Ago
2020
Ser predicador de la gracia
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domingodeguzman

En los conventos de frailes dominicos, normalmente después del rezo de Vísperas, se reza una oración al Fundador de la Orden. En ella se le califica de “luz de la Iglesia, doctor de la verdad, predicador de la gracia”. Quisiera, en este artículo escrito con motivo de la próxima fiesta de Santo Domingo de Guzmán, ofrecer una breve reflexión sobre lo que, a mi entender, significa ser predicador de la gracia.

En primer lugar, se trata de presentar el Evangelio como lo que es, una Buena noticia. Por tanto, la predicación debe resultar estimulante y sus contenidos ser enormemente positivos. Pues hay modos de presentar la fe que destruyen la esperanza. Hay verdades que por su modo de presentarse parecen temibles y se hacen odiosas. Así ocurre cuando se acentúa el temor a la condenación y la dificultad de la salvación. O cuando el acento se pone en lo que Dios exige del ser humano y no en lo que Dios prepara para el hombre. A Santo Domingo se le califica de “predicador de la gracia”. La positividad, o lo que podríamos llamar “cultura de la gracia”, es configurativa de la predicación dominicana.

Predicar la gracia es anunciar que Dios ama al ser humano. La predicación no puede convertirse en un discurso moralizante y el evangelio presentarse como un deber, en vez de como una posibilidad de vida nueva. Sin duda, el anuncio de la gracia tiene consecuencias vitales y morales. Pero estas consecuencias deben aparecen como lo que son: consecuencias de una conversión, de un encuentro con el Señor. Lo fundamental es el encuentro. No se trata de minusvalorar la moral en la vida cristiana. Pero sí se trata de notar que hay modos de presentarla más o menos coherentes con la predicación de la gracia.

Predicar la gracia es ir a lo esencial del mensaje, destacar lo central, lo que ilumina todo lo demás, aquello sin lo cual lo demás no tiene sentido. Lo central es “responder al Dios amante que nos salva, reconociéndolo en los demás y saliendo de nosotros mismos para buscar el bien de todos” (Evangelii Gaudium, 39). Desgraciadamente, en ocasiones, la predicación se convierte en un discurso piadoso sobre ángeles, santos, vírgenes y milagros; o en un discurso mágico sobre poderes de velas, rosarios y sacrificios; o en un discurso sobre moral sexual; y la Palabra de Dios, o el nombre de Jesucristo, no aparecen o aparecen muy marginalmente.

Relacionado con la predicación de la gracia hay un aspecto muy importante referido al anuncio del Evangelio en la sociedad secular, esa sociedad en la que Dios parece que ya no juega ningún papel y que, a veces, se muestra beligerante contra la religión y lo religioso. Lo fácil es condenar al mundo moderno. Lo difícil, pero necesario, es dialogar con él. Y para ello habrá que comenzar por reconocer los aspectos positivos que también hay en la cultura, en la mentalidad y en los modos modernos de vivir y organizarse.

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3
Ago
2020
Purgatorio, antesala del cielo
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purgatorio

A veces se ha dicho y entendido que el purgatorio es un infierno temporal. Pero puestos a comparar el purgatorio con otras estados o situaciones del más allá, la buena comparación no es con el infierno, sino con el cielo. El purgatorio es la antesala del cielo. Y por eso hay que concebirlo, ante todo, en categorías de esperanza. Porque el que está en la antesala, sabe que le queda muy poco para entrar en la sala; más aún, sabe que la entrada en la sala es segura. Y cuanto más segura es la esperanza, más fuerte es la alegría. El purgatorio no es un lugar de pena, sino de alegría por el bien cercano.

Con todo, es mejor concebir el purgatorio no en términos de lugar (antesala), sino en términos de “estado”. Y en vez de hablar de lugar de purgación, hablar de estado de purificación. Visto desde la perspectiva del encuentro con Dios, habría que decir que el encuentro con el inmensamente Puro requiere una situación adecuada y acorde de pureza. Para encontrarse con el Santo es necesaria la santidad, para que el abrazo con el Amor de los amores sea auténtico se necesita un amor purificado. Visto desde la bondad de Dios, habría que decir que no somos nosotros los que nos purificamos, porque no sabemos ni somos capaces de conseguir la pureza que Dios requiere, sino que es Dios quién nos purifica. Eso sí, nos purifica y hace que nosotros nos purifiquemos.

¿Y cómo nos purifica? ¿Castigándonos? No, abrazándonos. El purgatorio es el primer momento del abrazo amoroso del Dios que, desde siempre, nos ha estado esperando. En este momento primero del abrazo, nos daremos cuenta de lo que mucho que nos ama y de lo poco que nosotros le hemos amado. Y al darnos cuenta de ese gran amor y de nuestro poco amor, experimentaremos una sensación de “vergüenza”, una sensación de indignidad, que nos hará exclamar: “Señor, no soy digno de tu amor, no soy digno de entrar en tu casa”. Y él nos sonreirá y nos levantará. La experiencia de indignidad se convertirá en la experiencia de un gran amor. El amor es purificador, madurador y acrisolador, pero también es plenificador. El momento purificador dará paso enseguida al momento de la plenitud.

El dogma del purgatorio es el dogma del matiz. Ni somos tan buenos como nos imaginamos, ni tan malos como se imaginan nuestros enemigos. Somos frágiles, pero resulta que Dios ama lo débil, lo frágil; por eso enaltece a los humildes y colma de bienes a los hambrientos.

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30
Jul
2020
Origen del pecado en ángeles y humanos
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nubes

Dios, si se decide a crear, no puede crear otro Dios, porque “otro Dios” sólo sería la prolongación de Dios. Si se decide a crear, Dios sólo puede crear lo distinto de él. Y lo distinto de Dios, no es Dios. Por tanto, es una realidad finita y limitada. Eso sí, cuando se decide a crear una criatura a su imagen y semejanza, esta criatura lleva una huella de Dios en su propia estructura. Así se comprende que en esta criatura haya un irremediable anhelo de Dios.

Lo primero que hace una criatura es “afirmarse” a sí misma. Lo más fácil, la tendencia primera, es afirmarse “frente” al otro. La buena afirmación es afirmarse en el amor, en la relación, en la acogida. Pero el amor, siendo algo natural y propio de lo humano, no es la primera tendencia natural, porque no es fácil, porque el amor, en cierto modo, implica dejar de mirarse a uno mismo para fijarse en el otro.

Y ahí está la explicación del pecado original, en el afirmarse “contra” el Otro. Este es “el origen” de todo pecado. Este pecado, propio de los humanos, es una posibilidad y tendencia que se encuentra en toda criatura libre e inteligente. Y cuanto más perfecta sea esa criatura, más posibilidades tiene de cometer ese pecado. De ahí que el pecado original no es una posibilidad humana, sino una posibilidad de la criatura libre e inteligente. Así se comprende la doctrina eclesial sobre el pecado de esas criaturas inteligentes y tan próximas a Dios, como son los ángeles. Algunos de ellos, en su más fácil y cómoda tendencia, buscaron afirmarse frente a Dios. Otros se afirmaron con Dios. Esta es la doble posibilidad de toda inteligencia y libertad no divinas.

En el origen del pecado y, paradójicamente, en el origen de la gracia, está el afirmarse a sí mismo. En el pecado nos afirmamos contra el otro. En la gracia nos afirmamos con el otro, sea el hermano, sea Dios. Como afirmarse con el otro es también una afirmación mutua, resulta que ahí se encuentra la indestructible solidez del amor.

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