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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

24
Ene
2009
Levantada excomunión a obispos lefebvrianos
2 comentarios

Pensaba hoy introducir un post que continuase la reflexión del anterior. Pero hay una noticia que no conviene pasar por alto, producida hoy y esperada desde hace varios días: se ha levantado la excomunión a los cuatro obispos consagrados ilícitamente por Mons. Marcel Lefebvre, hace 20 años en Ecône (Suiza). Supongo que los lectores han oído hablar de Mons. Lefebvre y su fraternidad S. Pío X. Se trata de un obispo que no asumió el Concilio Vaticano II ni la reforma litúrgica y que hizo de la celebración de la Misa en latín según el rito preconciliar la bandera más visible de su actitud. Pero el fondo del problema no era la liturgia, sino la aceptación del Concilio. Para perpetuar su obra, poco antes de morir, consagró a cuatro obispos, que fueron inmediatamente excomulgados. Ahora se ha levantado la excomunión. ¿Con qué finalidad? No nos engañemos. No se trata de bendecir lo que entonces resultó inaceptable. Se trata de facilitar que se llegue lo antes posible a la completa reconciliación y a la plena comunión, según palabras de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. O sea, se reconoce que todavía no hay reconciliación completa ni comunión plena. La Santa Sede ha dado un paso para facilitarla confiando en el compromiso expresado por estos obispos de llegar a una solución satisfactoria, dice el decreto que levanta la excomunión.

Todo lo que sea tender puentes es cosa buena. Puentes en todas direcciones. Sería una pena que para entrar en diálogo con voces discordantes o críticas haya que pasar previamente por la ruptura. O que se premie la ruptura en detrimento de la permanencia dolorosa. Lo fraterno es también tender puentes con los críticos que están dentro y quieren permanecer dentro. Lo fraterno es aceptar la legítima diversidad de posiciones teológicas, espirituales y personales, siempre dentro de la comunión en la fe, sean del signo que sean. A veces, algunos tienen la impresión de que se toleran más fácilmente las discrepancias que buscan un retorno a formas pasadas que las discrepancias inteligentes que buscan nuevas formas de vivir hoy el Evangelio.

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22
Ene
2009
En Dios vivimos I
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Solemos pensar nuestra relación con Dios con imágenes espaciales: Dios tiene su propio lugar, está en el cielo y, cuando crea seres distintos a él, los coloca en la tierra. Un día, esos seres irán al cielo, y también allí cada uno ocupará su sitio: Dios será una especie de presidente de una gran asamblea que le contemplará con admiración. Pero la imagen espacial no es la mejor para pensar a Dios. Una frase, atribuida a San Pablo, a primera vista resulta sorprendente: “En Dios vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28). ¿Qué significa este “en”? Dios ocupa todo el espacio del ser, lo invade todo, lo penetra todo, lo abarca todo (Ef 4,6). Si Dios crea seres distintos no queda más remedio que pensar que, al hacerlo, tiene que dejarles sitio, de algún modo se retira para que ellos sean. Pero esta retirada no resulta en menoscabo de una presencia que todo lo alcanza. Dios se retira y sin embargo “en él vivimos”. Es necesario encontrar un correctivo a la imagen espacial para que sea posible eso de que Dios es distinto del ser humano, que el humano goza de su propia autonomía y, sin embargo, los seres humanos y todo lo que existe vivimos “en” Dios. Una buena imagen sería la de la madre en cuyo seno vive una criatura distinta. La madre hace sitio al hijo en su propio seno, el hijo vive en la madre y, sin embargo, el hijo es distinto de la madre. Dios es como una madre que nos alimenta, nos sostiene y al mismo tiempo nos deja libres, nos hace independientes. Se entiende así mejor la trascendencia y la inmanencia de Dios. Dios es totalmente diferente y al mismo tiempo está más dentro de mí que lo más íntimo mío.

Una aclaración: a este modelo la teología lo llama “panenteísmo”, palabra que significa “todo en Dios”. Distinto, pues, de “panteísmo”, que significa “todo es Dios”. Evidentemente no es lo mismo. Y una aplicación: A partir de ahí cobra toda su grandeza el seno materno en este mundo. Las madres son una imagen de la maternidad divina. Su misión es hacer posible la vida, respetar la vida que llevan dentro.

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19
Ene
2009
Aviso para navegantes
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Demasiadas veces los católicos hemos expuesto nuestras convicciones como reacción ante posturas o doctrinas consideradas inaceptables. Cuando se reacciona en contra de algo, se suele endurecer la propia posición, presentarla de forma parcial, recalcar aspectos que en circunstancias más serenas se hubieran acentuado de otra forma. De este modo obstaculizamos el diálogo y nos cerramos al encuentro con otras posiciones. El Concilio Vaticano II sigue siendo ejemplar: allí no se trataba de responder a nadie, sino de ofrecer al mundo lo que la Iglesia es y lo que cree.

Digo esto porque ante los anuncios sobre la no existencia de Dios aparecidos en los autobuses públicos españoles, se oye que se prepara una campaña de signo opuesto, si es que no ha empezado ya. No aconsejaría a nadie que se sumase a esta campaña supuestamente creyente ni que gastase un céntimo para favorecerla. Más bien aconsejo la lectura de un reciente artículo de Olegario González de Cardedal. En él se puede leer: “Quien se apropia el nombre de Dios o lo blande como arma frente al prójimo, está profanando a Dios y ofendiendo a su prójimo”. “No se puede hacer comercio, propaganda o ideología con este santo nombre”. “Lo que causa asombro al creyente no es la increencia del prójimo, sino su propia fe, porque sabe que es puro don de Dios. Nada más contradictorio con ella que despreciar o acusar a quien no la tiene: esto revelaría que quien lo hace no sabe lo que es el admirable don de creer, que ha confundido lo que es gracia con lo que es un vulgar producto que se compra, una idea que se fabrica o una mera herencia que se recibe”.

Las afirmaciones, las negaciones, las polémicas o las frases propagandísticas nunca convencen del todo. En el terreno de la fe convence una vida transformada como efecto de un encuentro transformador. Dios ni se demuestra ni se impone. Se propone y siempre de forma respetuosa. Jesús dejó un signo para que el mundo creyera: el amor mutuo. En eso, y posiblemente sólo en eso, se reconoce a sus discípulos.

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15
Ene
2009
Dinero, poder y sexo
3 comentarios

Eso de la pobreza, castidad y obediencia no es solo cuestión de monjas y frailes. Todo cristiano está llamado a vivir en la pobreza evangélica, en la obediencia a Dios y en la castidad, sea en la soltería, en la viudedad o en el matrimonio. Porque cuando los esposos realizan el acto matrimonial, están poniendo por obra un sacramento por medio de un acto honesto, humano y humanizador. En este terreno la diferencia entre un religioso y un casado no está en castidad sí o castidad no, sino en castidad en la continencia o castidad en el matrimonio.

Dicho lo cual, me interesa resaltar que en cada página del Nuevo Testamento aparecen serias advertencias contra las riquezas y el poder que, como es bien sabido, son las dos caras de la misma moneda. La riqueza y el poder son dos auténticos ídolos que impiden el acceso a Dios. No encuentro, a propósito de la castidad, tanta insistencia ni advertencias tan duras. Nunca se dice: “no podéis servir a Dios y al sexo”, pero sí: “no podéis servir a Dios y al dinero”.

Por si sirve ofrezco esta reflexión: el dinero hace que nos sintamos poderosos, seguros, satisfechos; con dinero y poder pensamos que se puede lograr todo, por ellos perdemos la vida. Pero cuando peca contra la castidad, aunque a veces haya algo de psicológico y de mala formación, el buen cristiano suele sentirse intranquilo, no está a gusto, la conciencia le remuerde. No cabe duda de que es mucho más grave no socorrer al pobre que pecar contra el sexto mandamiento, aunque lo segundo parece que remuerde más. Por este motivo digo que las riquezas son un obstáculo insalvable para acercarnos a Dios, mientras que el pecado contra la castidad puede ser ocasión de arrepentimiento que facilita la vuelta a Dios.

Espero que a nadie se le ocurra decir que esa reflexión es luterana, porque suponiendo que lo fuera, la mejor respuesta sería: ¿y qué tiene de malo que sea luterana?

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12
Ene
2009
Sobre morfina y agonías
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Reconozco que entiendo poco de medicina. Y estoy convencido de que en todas partes hay más gente buena que mala. Esto hace posible que la sociedad y las instituciones funcionen. Por otra parte, considero que todo profesional debe ser consciente de sus responsabilidades y practicar su profesión como un servicio. Ahora añado que, en ocasiones, me cuentan determinadas prácticas médicas que me parecen cuando menos discutibles. Por ejemplo, que en nuestros hospitales se practica la eutanasia con aquellos ancianos, en estado grave, que no tienen personas que les cuiden, buscando así reducir costes. O que hay personal que avisa a las funerarias de la proximidad del fallecimiento, tras asegurarse el pago de una buena comisión. Últimamente alguien me ha contado de una enfermera que pretendía dar una dosis mayor de morfina de la necesaria a un anciano, pues así el enfermo estaba más tranquilo y se evitaba que la familia llamase de nuevo al personal sanitario. Cuando la profesión no se vive como un servicio a los demás lo único que importa es cobrar y trabajar lo menos posible, aunque sea a costa de acelerar la muerte con una dosis excesiva de morfina.

Como contraste cuento la reflexión que no hace mucho me hizo un médico. Me decía que durante mucho tiempo no entendió porqué las agonías eran tan largas. Después pensó que tal vez ese tiempo era necesario para que la familia pudiera asumir la situación, para que el enfermo pudiera despedirse en paz, para que tuviera su tiempo de decir una palabra a su esposa y a sus hijos. ¡Hay que respetar los tiempos de las personas!, me decía. Cierto: el tiempo de las personas que, para los creyentes, es el tiempo de Dios.

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10
Ene
2009
Unos vienen y otros se van
1 comentarios

Unos vienen y otros se van. Es ley de vida. Cuando se trata de poder suele ocurrir lo contrario de lo que dice un salmo, a saber, que al ir se va cantando y al marchar se vuelve llorando. Pero cuando no se trata de poder, sino de servicio, entonces uno nunca se va, y vive de esa alegría que, como decía Jesús, nadie puede quitarle.

En algunas idas y venidas hay acompañantes. Los que vienen y van se convierten así en multitud. Y la multitud disimula peor los sentimientos que el propio interesado. Porque entre la multitud hay intereses que son más dependientes del que viene o se va. Y al ser más dependientes son menos controlables. Por eso producen ansiedad.

Un nuevo Pastor viene a la diócesis de Valencia. Lo mejor que podemos desearle es que sea de verdad pastor y pontífice, que cuide de todos y tienda puentes que a todos unan, que cuente con todos, que sus relaciones principales sean con los pobres y necesitados, que apoye las buenas iniciativas que parroquias e instituciones puedan tener. Evidentemente, otro Pastor nos deja. Y deja una herencia, como todos los que se van. Esta herencia es de toda la diócesis. Nadie debería querer una parte para él solo. Lo digo porque el mismo día del anuncio oficial del cambio, la prensa publicaba que la considerada hija predilecta, la Universidad Católica, pretendía continuar vinculada al Cardenal. Es de esperar que con vínculos afectivos, porque si fueran jurídicos podría interpretarse como el temor de la hija a que con el nuevo padre las cosas ya no sean como antes. Seria algo así como pensar que ese nuevo padre tendrá también sus predilectos. Si así fuera, sería una pena, porque los padres deben querer a todos por igual, tratar a todos con objetividad en función de su valía y competencia. El que vale, no vale por los padrinos que tiene.

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8
Ene
2009
El Bautismo es Epifanía
4 comentarios

La fiesta de la Epifanía no se celebra sólo el seis de enero. Continúa dos domingos más: el del bautismo del Señor y el siguiente en el que la Iglesia recuerda el episodio de esa boda en Caná de Galilea en el que el agua se convirtió en vino. Es una pena que actualmente ese Evangelio sólo se lea en el segundo domingo del tiempo ordinario del Ciclo C y se haya sustituido por otros en los ciclos A y B. Las antífonas de Laudes y Vísperas de la fiesta de la Epifanía dejan muy clara la profunda unidad, más aún, el entrelazamiento, entre estos tres acontecimientos: la adoración de los Magos, el Bautismo de Jesús y la boda en Caná: “Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque, en el Jordán, Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del Rey, y los invitados se alegran por el agua convertida en vino”.

Digo esto para prevenir contra una mala comprensión de la fiesta del Bautismo de Jesús, que celebraremos el próximo domingo. No se trata de ver en el bautismo de Jesús ni un anticipo ni un modelo de nuestro propio bautismo. El bautismo de Cristo en el Jordán es una epifanía, una manifestación. De nuevo se manifiesta que Dios se ha solidarizado con el ser humano, no con una humanidad ideal, sino con una humanidad real, una humanidad pecadora. Por eso Cristo es bautizado con un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados. El, ya desde el comienzo de su ministerio, se manifiesta como el que “carga con el pecado del mundo” y así se une a esta historia humana de pecado y de alejamiento de Dios. Se une porque sólo desde la unión y la solidaridad es posible salvarla.

La relación que puede y debe verse entre el bautismo de Jesús y el nuestro hay que situarla en el nivel de la acogida de la Palabra. En el bautismo de Cristo, Dios hizo oír su voz para que el mundo creyera que Jesús es la Palabra enviada por el Padre. El bautismo de cada cristiano es signo de la fe, o sea, de la acogida de esta Palabra de salvación. No hay paralelismo entre los dos bautismos. Lo que hay es relación, la que se da entre una epifanía, una manifestación, y la recepción, la acogida de la epifanía.

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5
Ene
2009
El silencio del emperador
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Dentro de unos días tomará posesión el nuevo emperador Barak Obama. ¿Irá a adorar al niño, cual nuevo Rey mago, para volver luego a su casa por otro camino? Están por ver esos nuevos caminos que muchos anhelan que sean de paz, justicia y solidaridad. Para empezar, su silencio clamoroso ante los bombardeos sobre Gaza y la actual invasión, ha hecho rebajar las expectativas. Cierto: él todavía no puede hablar como Presidente. ¿Y qué? ¿No ha hablado como candidato a presidente durante largos meses? Y una vez elegido, ¿no se manifestó a propósito de la crisis económica o de las ayudas a la industria automovilística? Pero, claro, no es lo mismo comprometerse a favor del gran capital que comprometerse a favor de la paz. Lo primero es siempre rentable para el poder. Lo segundo, depende. En ocasiones el poder se mantiene mejor con guerra que con paz. Porque el poder es la otra cara de la economía. Y la guerra favorece el suculento negocio de la venta de armas.

Por sus frutos les conoceréis, dijo Jesús, que desconfiaba enormemente del poder y del dinero. Mirándole a él nos queda una esperanza: lo vulnerable y vulnerado es visitado por Dios. Esta esperanza nos impele a cada uno de nosotros, según la medida de nuestras posibilidades que, a veces, son más de las que imaginamos, a ser constructores de paz, a abrazar lo pequeño y acompañar lo que está roto. Ante la desgracia ajena lo humano no es el silencio. Lo humano es llorar, pero levantando la voz. Humano es también confiar en que Alguien acunará las zozobras, pero poniendo nosotros las manos en la cuna, porque ese Alguien sólo actúa a través de nuestras manos.

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31
Dic
2008
Año nuevo: del peor modo posible
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Acaba el 2008 y empieza el 2009 del peor modo posible: con guerra. La guerra es manifestación extrema de ruptura, tan extrema que cada uno de los contendientes busca la desaparición física del otro. La guerra es culto a la muerte. El otro estorba hasta el punto de desear su desaparición. Hoy tenemos cada vez más claro que toda guerra es injusta y que las diferencias pueden y deben resolverse de otro modo. La paz es, debe ser, un imperativo absoluto. El resultado de la guerra moderna es un cúmulo de víctimas inocentes y de sufrimientos irreparables.

Ante la actual guerra entre Israel y Gaza es urgente, como medida inmediata, intensificar la presión internacional para que cesen los combates. Es urgente ayudar a los heridos y aliviar su sufrimiento. España ha enviado ayuda médica a Gaza. No hay que olvidar que España también fabrica y vende armas. Sí, esas máquinas que matan. Israel es uno de sus buenos clientes. No bastan las ayudas humanitarias y los gestos diplomáticos. Hay que comprometerse más a fondo.

Una cosa más. Las medidas diplomáticas son muy necesarias. Pero a largo plazo yo espero mucho más de iniciativas que buscan la conversión y el acercamiento de los corazones. Pienso en la labor de Daniel Barenboim y su orguesta de músicos palestinos e israelíes. O en los encuentros no muy conocidos, pero muy meritorios, de mujeres israelíes y palestinas. Hay que globalizar los movimientos por la paz y contra la guerra y globalizar la compasión por todas las víctimas.

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26
Dic
2008
Cimientos del porvenir
2 comentarios

Esta sociedad está envejeciendo. Se trata de una constatación sociológica. Ahora bien, el que cada vez haya personas con más edad pudiera ser algo muy positivo. Significa que la esperanza de vida, y de una vida con calidad, se prolonga cada vez más gracias a los avances de la medicina. Lo grave del envejecimiento sería que condujera a la desesperanza, al aislamiento, a la soledad; igualmente grave sería que los cuidados no llegasen a todos, o estuvieran condicionados por la situación económica, porque esto sería signo de una sociedad acomodada, en la que muchos seres humanos son con frecuencia olvidados, aislados, despreciados.
   
Entre las personas mayores, como ocurre en todos los grupos sociales, hay unos que están más integrados, o tienen más nivel económico o cultural. Pero, de un modo u otro, todos tienen una experiencia y unos recuerdos más abundantes que los de los jóvenes. En ocasiones han perdido algo de vitalidad. Se diría que los ancianos, de entrada, deberían tener más insatisfacciones que los jóvenes. En realidad no es así. La satisfacción no depende de la edad, sino de cómo se vive la vida, de los amores que se conservan, de la mirada con la que nos dirigimos a los demás, de la riqueza interior que se tiene y, para el creyente, de su grado de encuentro con Dios. Eso sí, cada etapa de la vida tiene sus propias necesidades. Y es posible que, en relación a la llamada Tercera Edad, sea verdad que la capacidad de hacerse oír no sea precisamente proporcional a las necesidades que uno tiene. De ahí la importancia de descubrir debajo de muchos silencios los gritos que no se hacen oír.

Nuestros mayores merecen gratitud. Seamos o no conscientes, todo lo que tenemos lo hemos recibido. Tener conciencia de ello es signo de lucidez. Ser agradecido es signo de grandeza de espíritu. Los mayores no son el pasado. En todo caso son el presente sobre el que se cimienta el porvenir. Si no cuidamos nuestro presente tampoco tendremos ningún futuro.

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