En la predicación dominicana sobresalen estas tres notas: solidez de doctrina, obediencia a la Sede Apostólica, piedad a la Virgen Madre
S.S. Benedicto XV

Nihil Obstat

Blog de: Martín Gelabert Ballester, OP / Sobre el autor

Todos santos y pecadores

domingo, 30 de octubre de 2011 | Hay 6 comentarios

Si hoy llegase a alguna de nuestras parroquias una carta dirigida a “los santos de la comunidad parroquial”, muchos se sorprenderían y preguntarían quiénes son esos santos. Sin embargo, si el remitente fuera un tal Pablo de Tarso, se sorprendería de nuestra sorpresa. Porque san Pablo, cuando escribía una carta a sus comunidades, se dirigía a ellas y ellos con estas palabras: “a los santos de la Iglesia de Corintio” (o de Roma o de Filipos). Aquellos cristianos no eran gente irreprochable en el terreno moral; tenían sus deficiencias y pecados. Y Pablo les calificaba de “santos”. Porque la santidad no hay que entenderla desde una perspectiva moral. Santo no es la persona virtuosa, irreprochable, intacta y pura; santos son los que se han adherido a Cristo por el bautismo y se esfuerzan, con sus limitaciones y problemas, en seguirle. En esta perspectiva, el pecado tampoco se sitúa en el terreno de lo moral, sino en el de la fe. Pecador es el que no se fía del Señor, el que está lejos de él. Por este motivo, los “santos” a los que se dirigía Pablo son a la vez pecadores, gente de poca fe. Santos y pecadores, santos que están camino, santos necesitados de purificación. Un camino y una purificación que dura toda la vida.

 

La fiesta de todos los santos nos recuerda que la santidad no está reservada a esas y esos que la Iglesia ha canonizado. La canonización introduce en una lista canónica. Hay muchos intereses en juego en esa lista. Intereses legítimos, sin duda, pero intereses. La santidad es más amplia que las canonizaciones. Todos los cristianos estamos llamados a la santidad. En realidad, Santo sólo es Dios. Pero su bondad es tan grande que quiere que todos participemos de su santidad. Quiere que todos vivamos divinamente, de cara a él. Porque en Él está la plenitud de lo humano. Queda así claro que lo santo no se opone a lo humano, más bien lo plenifica. “El que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se perfecciona cada vez más en su propia dignidad de hombre”, dice el Vaticano II. Se hace cada vez más persona, más mujer y más varón, se siente mejor en su piel. La santidad une lo humano y lo divino. Es una vocación, una llamada dirigida a toda persona, aunque sólo los cristianos sean conscientes de ella.

 

La fiesta de “todos los santos”, bien podría también llamarse la fiesta de “todos santos” y “todos pecadores”. Porque los santos son bien conscientes de su pecado y sólo los que se reconocen pecadores están en camino de santidad.



Comentarios de esta entrada:

Me ha consolado tu comentario, gracias Martín. Por mi parte me atrevo a añadir que en el camino de salvación de los santos, incluso el pecado aprovecha si lleva a la humildad y en consecuencia, a la misericordia. Porque si a mí el Señor me ha perdonado 10.000 talentos ¿Cómo no perdonar yo 100 denarios a mi hermano? Y no siete veces, si no hasta setenta veces siete, es decir: siempre. Y no sólo a los demás, si no a uno mismo hemos de perdonarnos, que no es fácil. Así que, gracias Martín por recordarme que santo es aquel que va tras de Cristo y no sólo a pesar de sus flaquezas, si no incluso gracias a sus flaquezas porque como dijo Santa Teresa: "Dios escribe recto con líneas torcidas".

Valero , 02/11/2011 15:18:30

Una fiesta para recordar el misterio de la Comunión de los Santos. En las diferentes modalidades de Vida. Vivos y Resucitados. Todos navegando de claridad en claridad en la Santidad del Único Santo. Subiendo y bajando por la Escala de Jacob, entrelazados en oración y vida. Unos por otros.Que la memoria de quienes nos acompañan nos ayude en nuestro trayecto. Que celebremos haber compartido vida y afecto con quienes hoy celebramos su santidad. La oración es hoy y mañana beso y abrazo. Felicidades. Dulces para todos. ¡ Uns panellets per a vosté fray Martín!

santos-en-comunión , 01/11/2011 10:35:53

La fe nos hace santos, el bautismo nos santifica y el amor al hermano también nos hace más santo aún, y haciendo el bien nos acerca a Dios el único SANTO.
Que bien nos hace recordar estas cosas, gracias Maestro.

Paul , 31/10/2011 13:25:56

Los santos anónimos, la santidad ordinaria... Sin contar los tremendos pecados de los "santos oficiales"...

¡Magistral artículo!

Joaquin , 31/10/2011 0:34:06

El pecado está situado en el terreno de la fe, no en el de la moral. Esta distinción me parece muy acertada, pues no es infrecuente hablar de pecado a no creyentes. ¿Qué sentido tiene? Aunque para el creyente ambos terrenos están relacionados, no así lógicamente para el no creyente. Y me parece muy sugerente que en realidad todo pecado se puede resumir en uno: no fiarse del Señor. Cada vez que pecamos, lo que estamos intentando es colocarnos en primer plano, en ser más que el mismo Dios. Y aunque el creyente eso lo esté haciendo todos los días —en esto poco nos diferenciamos de otros—, sí que lo hace consciente de su limitación y con la mirada puesta en Él. En una imagen muy usada pero no por ello menos bonita somos vasos de barro, simples vasos de barro a los que el Señor les ha concedido la gracia y la dignidad de poder entablar con Él una auténtica relación amorosa. Y sólo conscientes de esa limitación estaremos bien situados, con los pies bien falcados para poder impulsarnos en nuestro caminar hacia el Señor, y así no vivir de ilusiones y fantasías.

Desiderio , 30/10/2011 20:57:57

Es muy de agradecer la publicación de este post, ya que la mayoría de los mortales siguen, (o inconscientemente seguimos), porque así nos lo han inculcado, pensando en la santidad como ser un dechado de virtudes, poseer una integridad moral irreprochable o cumplir con todo lo que está mandado o al menos esforzarnos en ello al máximo.
A la primera parte del post alguien podría tacharlo de luterano, porque recuerda sin duda, la fórmula de Lutero "simul justus et pecator". Y entendido de forma inadecuada algunas personas llegan al razonamiento de que en fondo daría lo mismo ser "bueno que malo".
No han comprendido quizá, que el comportamiento moral debe ser la consecuencia lógica de quien se fía de Dios, y no un mérito que debe hacer para ser aceptado y querido por este.

Juanjo , 30/10/2011 15:29:53

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