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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

8
Mar
2008
Pescar en río revuelto
1 comentarios

Me escribe una amiga para agradecerme mi último blog. Me habla de la necesidad de “enfocar con buena luz la situación, tan dura, tan execrable, tan sin sentido. Y de mantener viva la luz de la Esperanza”. Me añade algunas reflexiones sobre la necesidad de ir a votar y lamenta que los partidos “ni siquiera son capaces de unirse sin fisuras en un manifiesto unitario”.

Le respondo agradeciendo sus palabras. Y añado: Ayer fui a Xátiva a dar una clase de esas que damos los profesores de teología, clases de formación permanente a comunidades y grupos. A la ida y a la vuelta escuché la radio, cambiando el dial para tener una mejor panorámica de la situación. Me entristecí. En la Cope, Cristina entrevistaba a Miguel Buén para echarle en cara sus declaraciones a favor de la negociación. En la Ser, Gemma entrevistaba a Martínez Pujalte para echarle en cara que hubiera manifestado que el PSOE seguía negociando con los terroristas. Todos aprovechando la situación para pescar en río revuelto. Al final, uno termina por sospechar que de eso se trata: de pescar votos. Los periódicos de hoy enfocan el asunto buscando el lado más favorable para atraer el voto hacia el partido con el que simpatizan.

Claro que mañana debemos ir a votar, pero sabiendo que por encima de la política está la vida. Por encima del ganar o perder está la convivencia, el señorío del saber ganar y del saber perder; está la voluntad de solucionar los problemas a base de razones; está el aceptar la parte de verdad del otro, las cosas buenas que pueda aportar. Porque, si al fin y al cabo, todos buscamos el bien, entonces el bien, venga de donde venga, tiene que ser bienvenido. Lo que yo sospecho es que no buscamos exactamente el bien, sino el poder. El bien es una añadidura al poder, y sirve en la medida en que sirve al poder.

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7
Mar
2008
Isaías ha muerto
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De pronto todo se ha paralizado. La campaña electoral ha sido suspendida. Los amigos, los compañeros de su partido y los compañeros de política de otros partidos lo lamentan sinceramente. Todo eso no es nada comparado con la parálisis, con el tremendo dolor de su familia, su mujer, sus hijas. No hay palabras suficientes. Y por eso lo mejor es no alargarse mucho. Lo han matado en su propio pueblo, en el que la basura sectaria que apoya a los asesinos gobierna en el ayuntamiento. ¿Gobierna? Las palabras ya no tienen sentido. Para que lo tengan hay que buscar algún adjetivo. Por ejemplo: ¿tiene sentido hablar de unidad entre los partidos? ¿No tendría más sentido adjetivar la unidad? Unidad en contra del terror, unidad para acabar con viles asesinos.

Se ha cometido una injusticia irreparable. Irreparable en este mundo. Nadie le devolverá a Isaías la vida que injustamente se le ha quitado. Derechos humanos, democracia, libertad, autodeterminación, y todo lo que quieran añadir sólo tiene sentido si hay vida. La vida es la base de todo. Descanse en paz Isaías, en la paz del único que puede hacerle justicia. Mi pobre, pero sincera solidaridad con su apenada familia. Mi oración por ellos y por Isaías. Todo lo demás me parece que, en estos momentos, sobra.

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4
Mar
2008
Nuevo presidente de la CEE
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Tengo la impresión de que la presidencia de la Conferencia Episcopal Española es más una cuestión de imagen que un asunto que vaya a cambiar sustancialmente la vida de la Iglesia en España. El nuevo presidente estaba ya lo suficientemente presente en los medios y gozaba de gran influencia sin necesidad de ser aupado al cargo. Por otra parte, cada obispo, en su diócesis seguirá gobernándola según sus criterios; y, si tiene discrepancias con las líneas emanadas de la presidencia o de otro organismo de la Conferencia, las manifestará cuando crea conveniente. Como hasta ahora.

Si descendemos a lo concreto de la vida cristiana, la personal de cada uno o la de nuestras comunidades cristianas, nada va a cambiar con uno u otro presidente. Alguno puede pensar que dónde si habrá cambios es en las relaciones con el Estado. ¿Cambios para bien o para mal? El tiempo lo dirá. A lo mejor nos depara alguna sorpresa. El Cardenal de Madrid es un hombre hábil. Tendrá una buena ocasión de ejercer de Pontífice (= el que es puente) felicitando al ganador de las elecciones del próximo domingo.

Este es el momento de agradecer a Mons. Blázquez su gestión moderada, ecuánime. Agradecerle su paciencia, sus silencios, su espíritu fraterno, su imagen comprensiva, su falta de ambiciones humanas. Dios, que lee los corazones, sabrá como premiarle.

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2
Mar
2008
Lo religioso y lo teologal
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Leo una entrevista a la Catedrática Amelia Valcárcel (en páginas dominicales de “Levante-El Mercantil Valenciano” del 2 de marzo, que no he encontrado en Internet). Ofrece una serie de reflexiones razonadas y razonables. “Ni Dios ha muerto, ni tampoco se ve claro que la religión sea el opio del pueblo”, dice Valcárcel. Y ante la pregunta de si la fe religiosa es un sentimiento individual, responde: “la fe no es un sentimiento individual”. A continuación la filósofa hace una serie de consideraciones sobre la fuerza que tienen las estructuras religiosas y afirma: “las religiones no son fe, son sistemas explicativos del mundo y normativos, que te dicen lo que está bien y lo que está mal, lo que tienes que hacer y lo que tienes que evitar”.

Esta distinción entre fe y religión es muy antigua y merece alguna precisión. En el evangelio encontramos una palabra de Jesús sobre el sábado, hecho para el hombre, y no el hombre hecho para el sábado. Y Tomás de Aquino nota que los actos de culto no recaen directamente sobre Dios; la fe sí: cuando creemos establecemos contacto directo con Dios (II-II,81,5). No puede absolutizarse lo religioso. Las prácticas e instituciones religiosas nacen y mueren. Y cuando por su instinto de conservación ya no sirven al ser humano, sino que se sirven de él, existe la obligación de cambiarlas.

Chenu cuenta que entró en la Orden de Predicadores atraído por el clima contemplativo que se respiraba en el convento de noviciado y estudiantado. Y aclara: no me atrajo la liturgia -liturgia pre-conciliar que le parecía pesada y aburrida-, pues la liturgia pertenece al orden de la religión, sino la contemplación, que pertenece al orden de lo teologal. Palabras sabias. Pues lo importante es el encuentro con Dios, el conocimiento de Dios (favorecido según la Dei Verbum por la oración y el estudio, tan inseparables que casi se confunden); las formas sirven en la medida en que nos ayudan a este encuentro. Desgraciadamente solemos hacer problema de las formas religiosas, y olvidamos lo importante, lo teologal.

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29
Feb
2008
La Iglesia es el Pueblo de Dios
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Alguna vez, estando hablando de un determinado tema, alguien me ha preguntado: ¿y de eso qué piensa la Iglesia? La pregunta parece muy concreta. Pero suele esconder presupuestos que hacen que esté mal formulada.

Hay quien cuando habla de la Iglesia piensa en la jerarquía. Este insuficiente pensamiento se refuerza cuando se distingue Iglesia de Pueblo de Dios. La Iglesia serían los obispos y el Pueblo de Dios el resto de los fieles cristianos. Resulta entonces que “la Iglesia dice” y “el pueblo escucha” y, sobre todo, obedece. Pero la Iglesia es el Pueblo de Dios. En ella hay distintas funciones, carismas, ministerios. Todos son necesarios. Ninguno está por encima. Todos están dentro. La mejor imagen de la Iglesia no es la de un teatro, en la que hay una presidencia destacada y separada. Es la de una mesa, en la que todos se escuchan y todos se quieren. O la de un círculo, en donde todos se miran y se sienten iguales. Y si en esta mesa o en este círculo hay funciones de gobierno, este gobierno se ejerce desde el amor. “Yo estoy en medio de vosotros como un diácono (como el que sirve)”, dijo Jesús a sus discípulos. En medio sí, porque así llega mejor a todos. Por tanto, la pregunta sobre el qué piensa la Iglesia de un determinado tema pudiera tener una respuesta plural: depende de a qué cristiano o grupo de creyentes se refiera usted.

Tampoco está de más aclarar que, cuando se pregunta por lo que dicen los obispos, no siempre coinciden sus opiniones. Más aún, es posible que sobre algún tema no tengan opinión. La jerarquía no tiene respuestas para todo. Es bueno, como siempre, recordar al Concilio: No piensen los laicos que sus pastores están siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente solución concreta en todas las cuestiones, aun graves, que surjan. No es ésta su misión. Más aún: sucede en ocasiones que la misma concepción cristiana de la vida puede conducir a soluciones divergentes (Gaudium et Spes, 43).

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24
Feb
2008
Otra palabra episcopal ante las elecciones
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Llevo dos días sin leer prensa. Alguien me hace notar que el sábado el obispo de San Sebastián hizo unas declaraciones sobre la próxima cita electoral. Busco, como siempre que puedo, el texto original, y lo único que encuentro son informaciones de prensa y de radio. Por eso prefiero no poner ningún enlace. Leo que en la sesión ordinaria del Consejo Pastoral Diocesano celebrado el sábado y en respuesta a una pregunta, Monseñor Uriarte pidió a los responsables eclesiales que eviten "con sumo cuidado cualquier signo o apariencia de proclividad partidista, particularmente en tiempo electoral o preelectoral". Es otra opinión episcopal. Otra porque es una más. Y otra porque posiblemente suena de forma distinta a la nota de la Comisión Permanente de la CEE.

Quiero aprovechar la noticia para ir un poco más allá. Cuando digo que suena de forma distinta estoy indicando que en las palabras de los pastores o de los catequistas hay una instancia que, a veces, no se nota suficientemente, a saber, los oyentes, los receptores. Esto de la “recepción” en la Iglesia siempre ha tenido su importancia. Porque la recepción de un documento o de una palabra de los prelados, en sus distintos niveles de Magisterio, condiciona, en cierto modo, el futuro de la palabra dicha. E incluso puede servir como motivo de matización, modulación, ampliación o corrección de la primera palabra. Así ha ocurrido con algunas intervenciones de Benedicto XVI, por ejemplo cuando ha emitido palabras sobre el Islam o sobre las culturas indígenas de América Latina.

La palabra del Magisterio requiere una recepción. La recepción implica una dimensión activa por parte del que recibe. Por una parte, una correcta comprensión supone una benevolente atención a lo que se ofrece; exige ir al texto mismo y a sus contenidos. Por otra, al acoger en el propio pensamiento las aportaciones de otro, éstas quedan moduladas por la capacidad, sensibilidad e intereses del pensamiento receptor. Una recepción pasiva es una mala recepción. La recepción activa requiere actitud serena, acogida inteligente, escucha crítica, capacidad de discernimiento. Limitarse a aplaudir o rechazar sin examinar no es recibir.

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22
Feb
2008
¿Nuevo dogma mariano?
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Seguimos con los divertimentos. Cinco cardenales han enviado una carta al resto de sus pares para que se sumen a su petición a Benedicto XVI de proclamar como dogma “la cooperación de María en la obra de la Redención, así como su papel en la distribución de la gracia y en la intercesión por la familia humana”. Porque, dicen ellos, así se tendrá una clarificación “al máximo nivel de auténtica certeza doctrinal” sobre “la participación humana de la Madre de Cristo en la gran obra de la Redención”. A pesar de la gran sensibilidad que hay en muchos sectores del pueblo cristiano ante todo lo que se refiere a la Virgen María, este tipo de peticiones tienen poco futuro. Las preocupaciones pastorales y doctrinales de la Iglesia no van en esta línea.

Además, en los motivos de la petición hay un prejuicio que viene bien clarificar, pues los dogmas no son lo más importante en la vida de la Iglesia. Una declaración dogmática no aumenta la importancia ni el grado de certeza de la verdad así proclamada, ni la hace subir de categoría. Lo más importante en la vida eclesial es la constante predicación doctrinal, que tiene lugar de forma sencilla. ¿Dónde se ha definido, por ejemplo, que el amor a los enemigos es un deber del cristiano? Nadie negará que esta verdad es revelada y que es de gran importancia predicarla y confesarla como revelada. De ahí, de la Revelación, saca sus certezas el cristiano. Y el Magisterio, cuando define, lo hace conforme a esta misma Revelación a la que todos debemos atenernos y a la que todos podemos acudir.

Por otra parte, la importante en María es su fe y el haberse unido de modo nuevo a los discípulos de Jesús, destinados a convertirse en esta nueva familia de Jesús cuyo lazo unitivo es la fe, y no la carne ni la sangre, como muy bien ha sabido decir Benedicto XVI en su última encíclica. Me repito: a veces lo más importante es lo que se predica menos.

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19
Feb
2008
¿Los milagros hay que grabarlos?
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Entre las noticias religiosas y eclesiales de la prensa de hoy hay una que resulta un pequeño divertimento, o sea, una distracción momentánea de la atención. En la primera página del seguramente periódico más leído de esta Península se titula: “Los milagros hay que grabarlos”. Titular que remite a la página 40. Allí ya queda un poco más claro que se trata de una recomendación para usar ordenadores y grabadoras como medio de archivar los testimonios sobre la vida de los candidatos a ser canonizados.

No es lo mismo. Porque eso de grabar los milagros suena a filmarlos y, claro, dicho así, parece muy extraño. Primero porque todo lo que se puede grabar son cosas de la tierra. Y si intervención divina hay en las cosas de la tierra, esa intervención no puede grabarse. Así que, de entrada, si pretenden mostrarme una grabación de un milagro o de una aparición divina o mariana, yo digo: falso. Recuerdo que un operador televisivo intento grabar hace unos meses unas supuestas apariciones. Evidentemente la grabación descubrió la patraña que había detrás. Y segundo, el verdadero milagro, el bueno, el que cuenta, es el milagro de mi conversión. Por eso, cuando se trata de canonizar a alguna persona lo que importa es su vida teologal, su vida de fe, de esperanza y de amor a Dios y a los hermanos. Ahí está la prueba de toda verdadera santidad. No en lo espectacular, sino en la vivencia cotidiana de la vida teologal. Desgraciadamente, lo más importante en la vida de la Iglesia es lo que suele pasar desapercibido, también para muchas y muchos creyentes. Desgraciadamente, lo más importante es lo que se predica menos. Resulta más espectacular hablar de a quién conviene votar que hablar creíblemente de amor a los pobres y de amor a Dios.

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17
Feb
2008
Mutua emulación para el bien
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La unidad eclesial es una tarea permanente. No es algo hecho de una vez por todas. Hay que recomenzarla cada día. Desde el amor, la comprensión y el perdón. Esta tarea se ve facilitada por el mutuo conocimiento y la capacidad de escucha. Incluso por una cierta  habilidad (en la que podríamos adivinar la mano zurda del Espíritu) para “recuperar” a los descontentos y reconocer la parte de razón de su descontento.

Hay algo que contribuye a la unidad. A algunos les parecerá una salida muy teórica, pero pienso que es muy práctica. Se trata de preocuparnos cada vez más para que el nombre de Jesucristo sea anunciado, a pesar de nuestras diferencias y deficiencias, incluso a pesar de nuestras rencillas y rivalidades. Decía el P. Chenu que el lugar de encuentro eficaz, entre hermanos separados, es la evangelización, no la doctrina. Observación aplicable también en el interior de la Iglesia y de nuestras comunidades: Jesucristo nos une, y anunciarlo hace que nos sintamos unidos. San Pablo, cuando fue encarcelado, era consciente de la envidia que suscitaban sus éxitos apostólicos y hasta comprendía que algunos se alegrasen de que le hubieran encarcelado. Pero añadía que, con envidias o sin ellas, lo importante era predicar a Cristo. Y concluía: “esto me alegra y seguirá alegrándome” (Flp 1,12-19).

Lo que, sin duda, contribuiría a una más perfecta unidad sería la mutua emulación en el bien (cf. Hb 10,24) entre los diferentes carismas y grupos eclesiales. Igualmente, una buena dosis de autocrítica es señal de conversión y contribuye a mejorar la imagen propia y la de la Iglesia en general. Y todo ello acompañado por una pasión por el Evangelio, gastando la vida para que el nombre de Jesús sea conocido.

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14
Feb
2008
Aclaraciones sobre la unidad eclesial
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Cuando aparecen discrepancias públicas entre algún cristiano (sea o no teólogo) y su Obispo, se suele oír y leer la siguiente argumentación: “si no está de acuerdo, que se vaya. Porque quedarse sería algo parecido a si alguien estuviera en desacuerdo con la dirección de un partido y quisiera formar parte de este partido”.

Primera aclaración: hay conflictos que no son evangélicos. Los que rompen la caridad. Pero también hay una unidad que no es evangélica. La que exige sumisión. La comunión eclesial es una realidad teológica. La sumisión es un concepto político. La patología del conflicto es la hostilidad. La patología de la unidad es la uniformidad. En la Iglesia hay discrepancias legítimas, que reflejan las diferentes maneras de entender y vivir el Evangelio. Unidad no es ausencia de pensamiento ni de iniciativa.

Segunda aclaración: la Iglesia no es un partido político y la comparación con un partido no es de ningún modo adecuada. La Iglesia es una comunidad y una comunión. Una comunidad de cristianos adultos y responsables, que tienen el deber y el derecho de realizar su propia lectura de la Escritura. Si se entiende bien, hasta podría decirse que la Iglesia es una comunidad de intérpretes (que siguen unas reglas de interpretación, en las que el Magisterio -que también interpreta- tiene su lugar). Y una comunión, o sea, una común unión. La comunión va en todos los sentidos. La comunión ni es uniformidad ni se realiza autoritariamente, porque entonces sólo dura mientras dura el miedo a la autoridad. La comunión se realiza desde el amor. Y en el amor todas las partes son activas. Por tanto, cuando uno no se siente, al menos en parte, responsable de la ruptura de la comunión, en cierto modo está repitiendo ese pecado original que rechaza toda culpa propia y las carga todas en el otro.

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