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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
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13
Jun
2018
Aquarius, una llamada de Dios
8 comentarios

barce

Aquarius: nombre de una frágil embarcación. A bordo 629 personas que huyen de la miseria, de la guerra, del hambre jugándose la vida en el mar. Italia: un país de gente buena, cuyo actual gobierno impide que las personas de esa nave desembarquen en tierra italiana. Con todo, ese gobierno, procura alimentos a la personas del Aquarius y pone a disposición de las mismas dos barcos más, que puedan trasladarlas a Valencia, después de que el presidente del gobierno español haya dispuesto que sean acogidos como refugiados. El sábado se les espera en el puerto de Valencia. Cruz Roja será la que, en principio, se ocupe de recibirlos. En el espacio que un día acogió la copa de América, el sábado se acogerá a los refugiados. Donde antes hubo boato y derroche, ahora habrá justicia y compasión.

¿Y después? Hay quién habla de improvisación. Pues sí, quizás haya improvisación. Porque la situación no ha sido prevista y porque ante una urgencia hay que improvisar. Vuelvo a preguntar: ¿qué pasa una vez que esas personas han llegado a Valencia? Ahí es dónde cobra todo su valor la decisión del Arzobispo de Valencia, el Cardenal Cañizares. La diócesis está desarrollando ya una gran labor social. En pisos de la diócesis hay acogidas familias necesitadas. Ahora, con la tragedia del Aquarius, el Arzobispo ha puesto todos los medios de los que dispone la diócesis, para que estas personas no sólo sean bien recibidas, sino bien mantenidas. Porque después de la recepción hay que vivir y hay que esperar. El Cardenal ha dicho que “en ellos vemos una llamada de Dios” para salvarlos.

Efectivamente: “tuve hambre, y me distéis de comer, estaba desnudo y me vestisteis”. Lo importante es dar de comer y vestir. Saber a quién se da de comer o a quién se viste también es importante. En eso la diócesis de Valencia está dando una gran lección: a Cristo mismo estamos dando de comer. Nadie se engaña, ni los creyentes ni los no creyentes: lo que mueve al Arzobispo de Valencia es el evangelio. ¿Es esto buenismo? A mí que me expliquen qué quieren decir con esta palabra. ¿Y los que no saben a quién dan de comer? Pues también se están encontrando con Cristo. Ahí es dónde el presidente del gobierno español está dando una lección: importa mucho acoger a Cristo, aunque a veces uno no se entere del todo de la identidad del acogido.

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9
Jun
2018
Confianza: apoyo que nunca falla
0 comentarios

casitarío

Confianza es valorar al otro, darle ánimos, comprenderle y ayudarle. Confianza es abrir puertas, no cortar las alas al otro, creyendo que será capaz de superar determinados límites o de alcanzar determinadas metas. Sin esta actitud de base no hay educación posible. La desconfianza de los padres en los hijos es uno de los principales obstáculos para la maduración del hijo. En este contexto, confianza es dar nuevas oportunidades; creer que, a pesar de todos los pasados, sigue habiendo nuevos futuros.

Confianza también es tener alguien en quién apoyarte, saber que hay una casa en la que siempre eres acogido, tener un lugar al que poder ir vengas de donde vengas. Entre los humanos, un buen ejemplo de este tipo de confianza es la madre. Pero incluso la madre a veces falla, tiene sus límites. Para los creyentes, hay una madre o, si se prefiere, un padre con entrañas maternales, que nunca falla y con el que siempre es posible volver a empezar. Es el buen Padre del cielo que, en Jesucristo, se nos ha revelado como perdón sin límites y amor incondicional. Solo en alguien así, alguien que sea Amor sin fisuras, es posible confiar plenamente.

Pero hay más, pues este padre con entrañas maternales, confía siempre en sus hijos, estén donde están y hayan hecho lo que hayan hecho. Incluso si tú no confías en él, Dios confía en ti. Cuando has perdido todas las confianzas humanas, alguien sigue creyendo en ti y te sigue esperando.

En el libro de los Salmos se puede leer: “mejor es refugiarse en el Señor, que confiar en los hombres”. Y añade: “mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes”. Ese tipo de sentencias valen especialmente para los creyentes. Deberíamos meditarlas despacio los que decimos que este Señor del que hablan los salmos, o este Padre al que invocaba Jesús, es nuestro punto de referencia.

Cuando todos te han fallado, hay uno que no falla. Y cuando todos tus jefes, superiores, o educadores, han dejado de confiar en ti, hay uno que sigue confiando. Si esos jefes, superiores o educadores quieren parecerse a ese que también es su Señor y al que dicen representar, ahí tienen un camino que les vendría bien recorrer.

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5
Jun
2018
Confianza en vez de paciencia
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confianza

En círculos piadosos y monásticos se suelen exaltar las virtudes de la paciencia y de la resignación. Sobre todo cuando se trata de “sufrir” decisiones tomadas por otros, y no digamos si esos otros son superiores, se apela a la paciencia de los discordantes, añadiendo a veces este verso de Teresa de Jesús: la paciencia todo lo alcanza. Depende de lo que entendamos por paciencia y de lo que queramos alcanzar. Lo cierto es que en ambientes seculares la paciencia no goza de buena prensa. Cuando se trata de sufrir las consecuencias de decisiones ajenas, en vez de apelar a la paciencia, se apela al derecho y a la justicia; y cuando estas apelaciones resultan insuficientes se llama a la protesta y a la rebeldía.

Entre una y otra postura, la del que apela a la paciencia para acallar los desacuerdos y el que apela a la rebeldía, convendría poner en valor la virtud de la confianza. La confianza apela no a la suerte o al azar, sino a lo interpersonal, a la buena relación mutua que se establece entre dos personas. Cuando confío en otro, acepto más fácilmente lo que me dice, aún cuando a veces no lo comparta o no lo comprenda. Más aún, la confianza está emparentada con lo que se conoce como “parresia”, o sea, el comunicarse con franqueza, el poder exponer el propio pensamiento con libertad, sin saberse juzgado ni condenado por ello. Donde no hay confianza para hablar, prevalece la mentira y el engaño, a veces en forma de adulación.

La confianza facilita expresar los desacuerdos, manteniendo la amistad y la buena relación. La confianza es el mejor antídoto contra la agresividad. La confianza es el camino para superar las diferencias, puesto que en la base de toda confianza está el amor que une por encima de todas las distancias. La confianza suele ser contagiosa, pero también hay que ganársela. Cuando alguien tiene algún recelo para confiar en otro es importante conocer estos recelos, bien sea para aclararlos, bien para corregirlos. Adelantarse a preguntar a otro por su falta de confianza es un buen paso para ganarse su confianza. La confianza también puede perderse y, desgraciadamente, a veces se pierde para siempre. Lo grave de la mentira no es tanto la mentira misma, sino que cuando la descubres te impide seguir creyendo en el otro (Continuará).

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1
Jun
2018
Bien venido, señor presidente del gobierno
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cruzsobremundo

España tiene un nuevo Presidente del Gobierno. De entrada, hay que darle la bienvenida y desearle suerte, porque la va a necesitar. Cierto, eso no quita que muchos estemos preocupados. Es claro que tanto los que le han dado el “sí”, como los que han votado “no” a esta investidura, lo han hecho pensando en sus propios intereses partidistas, lo cual es comprensible, pero también es un poco lamentable. El nuevo presidente no lo va a tener fácil, entre otras cosas porque la base parlamentaria que lo apoya es muy débil. Intentar gobernar así es una imprudencia. Quizás lo mejor que puede hacer es convocar elecciones cuanto antes. Si quiere mantenerse en el poder, tendrá que negociar, dialogar, pactar. No está mal, porque eso es la esencia de la democracia: dialogar y tener en cuenta a todos. Esperemos que de este diálogo no esté excluido nadie. Y que durante el gobierno de Pedro Sánchez se tengan en cuenta los intereses de todos los sectores sociales, se respete la libertad religiosa y se busque favorecer a los grupos más necesitados.

La Iglesia católica siempre ha respetado a los gobiernos legítimamente constituidos. La misión de la Iglesia no es tomar partido por una u otra solución, que siempre será humana y mejorable. En todo caso, su papel está en “la gran política”, o sea, en el recuerdo y defensa de los grandes principios que favorecen y protegen la dignidad humana. Más aún, la Iglesia es consciente de que sus propuestas deben competir con otras aportaciones, en el contexto de una sociedad plural, libre y abierta. Ahora bien, precisamente porque en este contexto plural hay muchas aportaciones, es bueno que las leyes del Estado sean como un río en el que se recogen aguas de muchos afluentes. Los preceptos cristianos deben ser llevados a la práctica bajo las condiciones del mundo.

La primera carta a Timoteo recomienda a los cristianos que oren por todos los hombres, añadiendo a las oraciones “acciones de gracias”. Oremos, pues, por el nuevo presidente del gobierno y demos gracias por él. Y eso tanto más cuanto que en ese texto neotestamentario, la primera concreción de la oración y acción de gracias por todos los humanos, se refiere a “aquellos que están constituidos en autoridad”. ¡Atención! No se trata de rezar por los gobernantes porque sean más buenos o porque sean más malos. Se trata, según esta carta a Timoteo, de rezar para que, bajo su gobierno, “podamos vivir una vida tranquila y apacible” (1 Tim 2,1-2). Ese es el objetivo de todo gobierno: que los ciudadanos vivan tranquilos y en paz. Por eso, cuando oramos por los que gobiernan, oramos por la paz, la convivencia, el buen entendimiento y el bienestar de todos los ciudadanos.

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30
May
2018
La Eucaristía y la Iglesia son el cuerpo de Cristo
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calizypate

Tanto la eucaristía como la Iglesia se definen de la misma manera. Ambas son "cuerpo de Cristo". El pan que partimos, dice San Pablo, es comunión con el cuerpo de Cristo (1 Co 10,16). Y, a continuación, utiliza el símil del cuerpo para explicar la pluralidad de miembros y funciones en la Iglesia que, no obstante la diversidad, forman una unidad en Cristo, y así termina defiendo a la Iglesia como cuerpo de Cristo (1 Co 12, 12 ss. 27). Si la eucaristía y la Iglesia se definen por lo mismo, es una incoherencia participar en la eucaristía sin vivir a fondo la comunión eclesial. No cabe disociar la participación en el cuerpo, en la persona, del Señor, y la participación en su cuerpo eclesial, pues ambos son dos dimensiones de una misma realidad: Cristo.

El problema de la Iglesia de Corinto, en tiempos de san Pablo, y de muchas iglesias o comunidades cristianas en el nuestro, es que celebran el cuerpo de Cristo, pero no son el cuerpo de Cristo. No viven lo que el sacramento de la eucaristía pide y significa. Y esta incoherencia invalida la eucaristía, impidiendo que sea la cena del Señor. Sólo puede participar en la eucaristía el que antes ha colaborado en la edificación de ese mismo cuerpo de Cristo y en la superación de sus problemas y quebrantos. No se puede estar en comunión con el Señor como cabeza de un cuerpo, olvidando el servicio fraterno a los miembros de ese cuerpo. Cuando esto ocurre el desprecio a la eucaristía se convierte en un desprecio a la Iglesia de Dios (1 Co 11,22).

Viene bien aquí recordar un texto de san Agustín que me parece verdaderamente audaz: "Este alimento y bebida quieren significar la unión entre el cuerpo y sus miembros, el cual es la Iglesia santa... Si queréis entender lo que es el cuerpo de Cristo, escuchad al Apóstol; ved lo que dice a los fieles: vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros (1 Co 12,27). Si, pues, vosotros sois el cuerpo y los miembros de Cristo, lo que está sobre la mesa del Señor es símbolo de vosotros mismos, y lo que recibís es vuestro mismo misterio. A lo que sois respondéis con el Amén, y con vuestra respuesta lo rubricáis. Se te dice: El cuerpo de Cristo, y respondes: Amén. Sé miembro del cuerpo de Cristo para que sea auténtico el Amén" (Sermón, 272).

Ya el concilio de Trento relaciona y une eucaristía e Iglesia. Nuestro Salvador, dice el concilio, dejo la sacrosanta Eucaristía "en su Iglesia como símbolo de aquella unidad y caridad con las que él quiso ver unidos y fusionados a todos los cristianos". "Quiso que fuera... símbolo de aquel solo cuerpo, del que es El mismo la cabeza (1 Co 11,3; Ef 5,23) y con el que quiso que nosotros estuviéramos, como miembros, unidos por la más estrecha conexión de la fe, la esperanza y la caridad, a fin de que todos dijéramos una misma cosa y no hubiera entre nosotros escisiones (cf. 1 Co 1,10)".

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26
May
2018
Creados a imagen de la Trinidad
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trinidad

En la primera página de la Biblia se afirma que el ser humano, varón y mujer, ha sido creado a imagen de Dios. Este es un dato básico en toda antropología teológica, o sea, en toda comprensión cristiana del ser humano. Pero, gracias al Nuevo Testamento, sabemos que este Dios creador del ser humano, es un Dios cualificado, un Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Si esto es así, entonces no queda más remedio que afirmar que la persona humana ha sido creada a imagen de la Trinidad, y que cada una de las tres personas deberá reflejarse, dejar su huella y su marca en su imagen humana.

San Ireneo decía que el Padre crea a través de sus dos manos, a saber, el Hijo y el Espíritu Santo. La creación es una obra conjunta de las tres personas, pero cada una juega su papel. Así se podría decir que el Padre, al crear al ser humano, tenía delante el mejor de los modelos, a saber, su propio Hijo que se iba a encarnar. De modo que toda la creación, y especialmente el ser humano, lleva una huella cristológica. El Hijo, el Verbo que se iba a encarnar, es el modelo en el que el Padre se fijaba al crear al hombre. El papel del Espíritu es igualmente importante, porque el Espíritu hace posible la presencia de Dios en la intimidad, en el corazón, en lo más profundo del ser humano. Más aún, esta presencia permanente de Dios en lo creado y en el hombre, es la que hace que todo se mantenga en el ser, es la posibilidad de que la vida permanezca. El Espíritu es la inmanencia del trascendente, el modo cómo Dios se hace presente en lo creado.

Las tres personas divinas se reflejan en el ser humano, creado a su imagen, de distinta manera: el cristiano refleja al Padre, que es fuente de amor; por eso el cristiano es capaz de amar. El cristiano refleja al Hijo, el eterno Amado. Por eso el ser humano es capaz de sentirse amado, llamado a dejarse amar en el gozo de la gratitud. El cristiano es reflejo del Espíritu Santo, que imprime en nosotros lo que Él es en el misterio divino: vínculo de unidad entre el Amante y el Amado, y así es en el hombre principio de unidad y fuerza de salida de sí mismo. El Espíritu nos mueve hacia los otros, nos impulsa a extender los brazos para abarcar a todos los hombres en un mismo querer, a unir a tanta gente separada en un nosotros de amor.

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23
May
2018
Estos hombres no me van a ganar
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cruzencueva

De todos es conocido el delicado momento que está atravesando la Iglesia en Chile, debido al escándalo producido por los graves abusos de un sacerdote considerado como santo, y al encubrimiento que algunos de los actuales Obispos han hecho de tales delitos y abusos. También es sabido que el Papa ha recibido y escuchado con atención a algunas de las víctimas. Una de ellas, Juan Carlos Cruz, ha sido entrevistado en una cadena de radio española. Transcribo la respuesta que ha dado a la siguiente pregunta: después de lo ocurrido, “usted que tenía fe, ¿la conserva?”.

He aquí la respuesta: “Mi convicción es que la fe de las personas, la relación que cualquier persona tenga con Dios, sea el Dios que sea, eso es lo más personal que una persona tiene, y nadie se puede meter con eso, nadie puede invadir tu conciencia en eso. Y yo desde un principio me dije: estos hombres no me van a ganar. Para mí, mi fe es importante, para mí ser católico es importante, no soy el mejor de los católicos, pero por lo menos mi fe es importante para mí. No los voy a dejar ganar. Por eso he tratado de mantener mi fe dentro de lo que he podido”.

Admirable respuesta. La fe es un asunto personalísimo que, sin duda, puede tambalearse ante determinadas circunstancias, pero también reforzarse. Porque la causa, el motivo, la razón de la fe no es el buen o mal ejemplo de los eclesiásticos, sino la libertad del que se ha sentido seducido por el Evangelio. La Iglesia propone la fe, invita a creer, pero la causa última de la fe es Dios que mueve mi libertad a creer. Importa dejar claro que el motivo de la fe es Dios mismo ante posibles escándalos que, a veces, nos invaden al notar los pecados de la Iglesia, de su jerarquía o de fieles cualificados. Yo no creo ni dejo de creer porque el Papa o los Obispos sean santos o pecadores, actúen a mi gusto o a mi disgusto. Yo creo, en definitiva, porque Jesucristo me ha seducido y porque el Espíritu me mueve a creer.

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21
May
2018
¿Nuestro Padre Jesús? Pues no
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JesúsMedinaceli

La religiosidad popular merece mucho respeto. Pero también necesita ser educada y reorientada. En algunos lugares es posible encontrar instituciones que se amparan bajo el título de “nuestro Padre Jesús”. Tras este tipo de expresiones hay una inadecuada comprensión del inefable misterio trinitario. El Dios cristiano es un Dios cualificado. Todas las religiones monoteístas hablan de Dios, pero no de la misma manera. No es lo mismo acentuar que Dios es “Señor”, aunque sea un señor clemente y misericordioso, que acentuar que es Amor. La primera acentuación reclama sumisión; con la segunda es posible hablar de una relación de amistad entre Dios y la persona.

La revelación cristiana culmina afirmando: Dios es Amor. Esta comprensión de Dios es coherente con el dogma trinitario. El amor solo es posible si hay relación, si hay comunión y si hay diferencia (una diferencia que no altera la igualdad). La unidad divina no se resuelve en la soledad. Padre, Hijo y Espíritu no son tres maneras de designar a Dios en función de nuestras conveniencias o de nuestras ideas. Esta triple modalidad divina es esencial al Dios cristiano, no es un invento o una proyección humana. Es el modo como en Jesús, Dios revela lo que es en sí mismo.

Porque Dios es personal nuestras relaciones con él son personales. No son relaciones con Dios “en general”. La relación con Dios tiene matices personales, ya que cada una de las personas de la Trinidad se relaciona de forma diferente con nosotros. Como bien dice el Catecismo “toda la vida cristiana es comunión con cada una de las personas divinas”. Y con cada una nos relacionamos en función de lo que es. Por eso, somos hijos del Padre, hermanos del Hijo y templos (amigos del Espíritu). No somos hijos del Espíritu, ni hijos del Hijo.

Sería interesante preguntar que entienden muchos cuando recitan el Padre nuestro. ¿Quién es ese Padre, Dios o una de las personas divinas? Nos dirigimos al Padre, nos relacionamos con el Padre, al que llamamos “nuestro”, porque nosotros somos hijos “suyos”. Él es nuestro y nosotros de él: esa mutua pertenencia solo es posible en el amor. Dígase lo mismo del Hijo, encarnado en Jesús de Nazaret: somos hermanos y no hijos de Jesús. El es nuestro hermano, y nosotros somos “hijos en el Hijo”. Nuestra filiación se asemeja, de algún modo, a la filiación única de nuestro hermano Jesús.

La teología no nos hace más santos, más buenos o más generosos. Tampoco la falta de teología, no nos confundamos. Pero la teología ayuda a comprender mejor la fe, a vivirla con más precisión, incluso con más alegría, y a presentarla de forma más creíble.

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17
May
2018
Creados para ser habitados
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habitados

“Todo ser humano ha sido creado para ser habitado”. La frase la escuché hace unos 35 años de labios del Hermano Roger de Taizé. Y nunca la he olvidado. Es una frase paradójica, sorprendente; una frase que, de entrada, describe algo que parece imposible, aunque si lo pensamos bien es lo que ocurre con toda maternidad. El hijo habita en la madre. También Jesús un día le hablaba a Nicodemo de “nacer de nuevo”, y la sorpresa de Nicodemo fue tal que exclamó: “¿puede acaso un hombre entrar de nuevo en el vientre de su madre?”. Para Jesús, nacer de nuevo es posible por obra del Espíritu, es posible convertirse en nueva creatura. Igualmente cabría decir que ser habitado es posible por obra del Espíritu. El Espíritu hace presente y real en nuestras vidas a Dios mismo. Por eso, san Pablo dice que somos templos de Dios o templos del Espíritu.

Cuando uno ama y es amado es una persona habitada por el amado. ¿Cómo se recibe a una persona? Por el amor. Por el amor, el amado se convierte en lo más propio mío, habita en lo más profundo de mi. Si esto puede ser una rica experiencia antropológica, puede igualmente ser, y con más razón, una experiencia teologal. Dios se hace el constitutivo más íntimo de mi personalidad cuando yo le abro mi corazón con fe. Y entonces es posible decir con toda verdad: “ya no soy yo el que vive, es Cristo quién vive en mi”. Cristo vive en mi, eso es exactamente ser habitado. Vive en mi cuando acojo su Palabra y me dejo guiar por su Espíritu. Y entonces se produce una maravilla: yo me siento  cada vez más yo, al sentirme cada vez más lleno de Dios. Porque Dios, al habitarme, no me anula, me constituye. Es el constitutivo más íntimo de mi persona. De forma que el crecimiento en humanidad y el estar invadido por Dios son directamente proporcionales, ya que crecen en la misma dirección.

Dice el Maestro Eckhart: “Dios me es más próximo que yo mismo lo soy de mi mismo; mi ser depende de que Dios esté cerca de mí y presente en mí. Y cuanto más lo sé, más feliz soy”.

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15
May
2018
Alguien tiene que irse de Venezuela
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hielo

“Si alguien tiene que irse es quién es responsable de que miles de niños hayan ya atravesado la frontera de la desnutrición severa. Si alguien tiene que irse es quién es responsable de que haya miles de venezolanos hurgando en la basura buscando un desperdicio para saciar el hambre. Si alguien tiene que irse es quién es responsable de la corrupción que condena a los enfermos a morir de mengua, por falta de atención en los hospitales, insumos médicos y medicamentos. Si alguien tiene que irse de Venezuela es quien está empeñado en pisotear la dignidad de los venezolanos, al pretender convertirnos en mendigos y pordioseros, dependiendo sólo de las dádivas que ocasionalmente y clientelarmente nos ofrezcan”.

Son palabras literales del Arzobispo de Barquisimeto, en la homilía que ha pronunciado hoy, martes, 15 de mayo, en Misa. ¿Dónde está el Arzobispo? En el momento en que escribo este post, está preso. En la cárcel. La noticia se comenta por sí sola. Estoy convencido de la verdad de sus palabras. Ustedes que pueden, señores políticos, presionen a sus colegas (o lo que sean), hagan algo.

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