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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
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25
Jul
2014
Bendiciones en vez de sacramentos
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Se ha hablado mucho de evangelizar la cultura. ¿Cómo denominar al fenómeno inverso, o sea, al hecho de que la cultura seculariza determinados elementos religiosos o, por mejor decir, utiliza la religión como pretexto para determinadas celebraciones que tienen un sentido también secular, pero para las que no se ha encontrado un acto secular que satisfaga todo el sentido que uno quiere darles? Quizás podríamos hablar de secularización de la religión por parte de personas que piden un acto religioso pero prescinden del sentido religioso del acto.

Hay católicos no practicantes que todavía acuden a la Iglesia para solicitar determinados servicios, fundamentalmente bodas, bautizos, primeras comuniones y funerales. Cuando a estas personas se les dice que deben hacer un cursillo para poder recibir alguno de esos sacramentos, unas veces lo aceptan con resignación, otras ponen mil excusas para no hacerlo y otras hasta protestan. En realidad esas personas buscan un modo de celebrar un acontecimiento que les afecta muy de lleno. No han encontrado el equivalente no religioso que pueda dar un sentido a la fiesta o al acontecimiento. Primero porque todavía están imbuidos de un ambiente social cristiano, que les hace recordar que en su familia esos acontecimientos se celebran de ese modo. Y segundo porque no se han impuesto aún los sustitutivos seculares correspondientes. El único sustitutivo que está ya totalmente impuesto es el matrimonio. Pero para celebrar el nacimiento, o la entrada en la adolescencia y no digamos para llorar la muerte, todavía los mejores servicios los presta la Iglesia.

Si ponemos dificultades a estas personas, poco a poco irán buscando otros modos de vivir y celebrar estos acontecimientos. Ya en la antigua República Democrática Alemana se intentó algo de eso sustituyendo la primera comunión por una fiesta de entrada en la adolescencia. ¿Vale la pena “aprovechar” esta demanda de servicios para intentar mantener un catolicismo de mínimos, o nos ponemos serios y rechazamos a los que no son serios según nuestros criterios de seriedad? No lo tengo claro, pero me planteo si no deberíamos hacer lo posible para no apagar las mechas humeantes. Siempre ha habido grados en la vivencia de la religión. Me pregunto si ha llegado el momento de distinguir entre un sacramento y una bendición eclesial. Hay muchas personas que no están preparadas para recibir un sacramento, pero sí que lo están para acoger una bendición o una oración que les ayude a vivir mejor un acontecimiento humano que les importa.

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20
Jul
2014
Esa mirada cómplice
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El término cómplice parece tener connotaciones negativas. Cómplice se dice de aquel que ayuda a cometer un delito. Pero con el término complicidad podemos denotar una colaboración para el bien, como cuando se dice que dos amigos se intercambian una mirada cómplice; o también indicar un movimiento de simpatía hacia otra persona, como queda claro en la siguiente frase: Antonia se apresuró a santiguarse ante la beneplácita y cómplice mirada de las monjas.

Las religiones, en ocasiones, han sido acusadas de complicidad con el mal. Cuando han callado ante la injusticia, han favorecido a los poderosos, han ocultado los delitos de sus dirigentes, han presentado un Dios represivo, han llamado a la guerra y la han calificado de santa. Desgraciadamente, la imagen que ofrecen las religiones está muy ligada al comportamiento de sus dirigentes. En demasiadas ocasiones esos dirigentes se han aprovechado de la sensibilidad religiosa de muchas personas para pedirles dinero, no precisamente para los pobres, sino para su propio enriquecimiento. Jesús de Nazaret lanzó serias diatribas contra esos que se aprovechan de los bienes de las viudas so pretexto de largos rezos.

Las religiones, por ser humanas, son ambiguas. Lo interesante es que a través de la ambigüedad de lo humano, Dios se hace presente. Las mejores imágenes del Dios de Israel lo presentan como solidario con los oprimidos, como defensor del huérfano y de la viuda. Para Jesús de Nazaret, Dios es aquel que tiene una mirada cómplice con aquellos que lo pasan mal, con los enfermos y los pobres, los oprimidos y los deprimidos. Cuando Jesús nos invita a ser misericordiosos como el Padre celestial es misericordioso, nos está indicando cuáles deben ser nuestras complicidades.

Un buen ejercicio para los profesores de religión sería invitar a sus alumnos a buscar historias de complicidad en la Biblia: la de Judas con los sacerdotes que prenden a Jesús, la de las mujeres que están al pié de la cruz, la de María con su prima Isabel. O estas otras del Antiguo Testamento: la de Jonatán, el hijo del rey Saul, que avisa a David de que el rey quiere matarle; la de Rajab, la prostituta de Jericó, que esconde a los espías israelitas en su casa; la de Rut que no quiere abandonar a su suegra Noemí, cuando se queda viuda. En las historias de solidaridad se descubre un reflejo de la bondad de Dios. Los personajes que aparecen no siempre son recomendables a primera vista, como es el caso de la prostituta Rajab. Pero estos personajes son propuestos a nuestra imitación precisamente porque supieron discernir quiénes son los cómplices malos y los cómplices buenos.

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16
Jul
2014
Las gacelas, presas de la nostalgia
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Antoine de Saint-Exupéry, el autor del Principito, cuenta una curiosa historia sobre la cría de gacelas en un oasis de los confines del Sahara: capturadas jóvenes, comen en la mano, se dejan acariciar y, cuando se las cree domesticadas, se las encuentra empujando contra el cerco, en dirección al desierto. Estas gacelas que han vivido siempre encerradas y nada saben de la libertad de las arenas, ignoran lo que quieren. Buscan galopar a ciento treinta kilómetros por hora, buscan los chacales, que las obligaran a superarse, a dar grandes saltos, a correr hasta desfallecer. No saben lo que quieren, pero lo quieren. Tienen nostalgia de realizar su ser de gacelas, aunque para ellas este ser sea todavía desconocido. El objeto del deseo existe, aunque no sepamos ni como se llama ni como describirlo.

Tomás de Aquino decía que hay en todo ser humano un deseo natural de ver a Dios. ¿En todo ser humano? ¿Cómo es esto posible si muchos creen que Dios no existe? Y, ¿cómo es esto posible si incluso para los que creen que existe, Dios es lo más desconocido? ¿Cómo se puede desear lo que no existe o lo que no se conoce? El deseo natural del que habla Santo Tomás es un deseo de felicidad, de bien, de belleza, de plenitud. Tomás, como creyente, estaba convencido de que Dios es la suma bienaventuranza y la plena felicidad del ser humano. Aunque no lo sepamos, buscamos a Dios. Por eso, muchas veces experimentamos la frustración de los bienes de este mundo. Sin duda, en este mundo hay cosas buenas y placenteras. Pero ellas no logran hacernos felices del todo. El ser humano siempre busca más, es un ser permanentemente insatisfecho. Nada de este mundo le llena.

La nostalgia es lo propio de los humanos. San Agustín decía que el corazón humano está inquieto mientras no descansa en Dios. Como en este mundo nunca nos encontramos clara y totalmente con Dios, nuestro corazón está siempre inquieto, demandando más, dando sin parar nuevos rodeos. Miguel de Unamuno decía que la satisfacción de todo anhelo no es más que semilla de un anhelo más grande y más imperioso. Por su parte, J.P. Sartre habló del hombre como pasión inútil. Es interesante el contexto de esta afirmación: el ser humano desea, ni más ni menos, que ser Dios. Pero como Dios no existe, el ser humano es una pasión inútil.

La carta a los hebreos describe a los creyentes como peregrinos, porque van en busca de una ciudad mejor, una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios. Dentro de nosotros hay algo que nos mueve a buscar una patria última y definitiva. Somos caminantes en busca de la verdad de nuestra vida, como el espacio abierto del desierto constituye la verdad de la vida de las gacelas.

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12
Jul
2014
Nada más delicioso que el prójimo
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El análisis que hacía en el post anterior es incompleto. En realidad el ser humano es una mezcla compleja de sentimientos y tendencias. Está sometido a múltiples solicitaciones, unas buenas y otras malas. Quizás es más fácil hacer caso de las malas. Pero cuando uno ha podido ver en sus padres o en sus maestros muestras de generosidad, se ha dado cuenta que tales actitudes enlazaban con sentimientos muy profundos de su ser. El egoísmo es una tendencia que nos acompaña siempre, pero hay otras tendencias que anidan en nosotros y contrarrestan los impulsos egoístas. La compasión también es un sentimiento natural. Cuando yo veo la desgracia del otro, siento que eso mismo podría ocurrirme a mí. Esta reflexión me ayuda a sentir la dolencia del otro como algo propio, a mirarle con simpatía.

El rostro sufriente nos interpela. Yo puedo negarme a responder ante este interpelación. Cuando un pobre, un enfermo o un emigrante, llama a mi puerta, yo puedo negarme a responder, o responder con un portazo, o mirar para otro lado. Pero puedo también dejar lo mío para atenderle. Eso es exactamente amor: dejar lo mío para atender lo ajeno. A veces pensamos que el amor es un sentimiento. Sin duda hay sentimiento en el amor. Pero si lo reducimos a sentimiento, entonces el amor es muy limitado: los que no me caen bien, no pueden ser objeto de mi amor. Cuando entendemos el amor como sentimiento, pensamos que amar es sencillo: basta encontrar alguien que me guste. Pero en realidad el amor es una aptitud y una actitud. Porque es una aptitud puedo concretarla en actitudes. Y porque es una aptitud puede cultivarla y mejorarla. Ya no se trata de encontrar a alguien que me guste, sino de decidirme a poner en práctica mi capacidad de amor.

Dejar lo mío para acoger al otro es amor. Y eso es humano y es divino. Toda persona debería plantearse esta pregunta: cuándo somos más humanos, ¿cuando amamos o cuando odiamos? El evangelio ilumina la actitud de amar con esta palabra: el que pierde su vida por el otro, ese la gana. En el dejar lo mío parece que hay una pérdida. En realidad, el evangelio nos descubre que ahí está la máxima ganancia. En el amor todos salimos ganando. Y cuando ganamos nos sentimos a gusto, estamos contentos. La ganancia del amor produce alegría y resulta deliciosa. Algo de eso insinuaba el salmista cuando afirmaba que vivir los hermanos unidos es una dulzura y una delicia.

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8
Jul
2014
Nada es más molesto que el prójimo
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“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. ¡Una conmovedora exhortación poco realista! Porque la historia y la vida nos enseñan que lo realista no es amar al prójimo sino amarse a uno mismo. Peor aún, a veces la historia enseña que lo realista es que el hombre es un lobo para el hombre. El peor enemigo del hombre es el propio hombre. ¿Cómo es esto posible? Precisamente porque somos egoístas. Cada uno busca lo suyo, por encima de los demás y a costa de los demás. Ante tal coincidencia de intereses, necesariamente chocamos los unos con los otros. Cada uno es un estorbo para que el otro pueda sobresalir. Nada hay más molesto que el prójimo. La teología católica habla de un pecado original, resultado del primer acto de libertad del ser humano. En cuanto tuvo capacidad para decidir, lo que primero vino a la mente del humano fue esto: pretender ser dueño absoluto de sí mismo, no deberse a nadie, tener plenos poderes.

El egoísmo está tan arraigado en la naturaleza humana que, incluso cuando parece que somos amables y generosos, somos egoístas. Me muestro amable con aquellos de los que quiero obtener algo para mi propio provecho. Y aparento generosidad pensando en mi propio beneficio. ¿A qué se debe que de vez en cuando los comercios rebajen los precios? No lo hacen para favorecer al comprador, sino para incitar a los compradores a consumir más. De este modo el comerciante obtiene más beneficios. Esa regla es aplicable al conjunto de la sociedad. Si yo no me muestro violento con el prójimo o no le ataco directamente, no es por falta de ganas, sino porque pienso que esta actitud (de no agresión) me beneficia, o porque temo que, de adoptarla, me arriesgo a grandes perjuicios. Los efectos más perversos y destructivos del egoísmo, llevados al extremo, terminarían por ser autodestructivos.

Así se comprende eso que dice el código de Hammurabi: “ojo por ojo, diente por diente y mano por mano”. En este antiguo código se basan los modernos códigos de justicia. Pero ahí el amor y el desinterés están totalmente ausentes. De lo que se trata es de dar una respuesta proporcionada al mal que el otro me hace, y evitar los excesos de la venganza. Porque si devuelvo dos por uno, entonces me arriesgo a que el otro también me devuelva el doble de mal, y a entrar así en un círculo imparable de réplicas y contrarréplicas que podrían destruirme. Continuará.

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4
Jul
2014
Un Dios escondido
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“Tú eres un Dios escondido” exclama el profeta Isaías. El profeta añade que este Dios escondido es también el Salvador de Israel (Is 45,15). En lo referente al escondimiento de Dios, hay una coincidencia básica entre el creyente y el no creyente. Precisamente lo que hace posible el ateísmo es la no evidencia de Dios, el hecho patente de que Dios no se impone y de que no existe ningún argumento concluyente que nos obligue a afirmar su existencia. El creyente también está de acuerdo en que Dios no es una evidencia. Si existe no hay modo de señalarlo con el dedo. Señalar con el dedo solo se puede a los ídolos. Por tanto, la diferencia entre creyente y no creyente no está en afirmar el silencio o el ocultamiento de Dios, sino en que el creyente afirma que, a pesar de este ocultamiento, Dios existe y es Salvador. En la base de toda religión está esta convicción y esta confianza.

En la creación no existen signos evidentes del Creador. La grandeza del universo, la frondosidad de la naturaleza o la maravilla de la vida, plantean muchas preguntas. Científica y filosóficamente es posible dar distintas respuestas a estas preguntas. Unos dicen que el universo existe desde siempre y no necesita de ningún agente externo para explicarse. Otros concluyen que Dios está en el origen de lo creado. Estas respuestas, si son serias, tienen sus buenas razones, pero nunca son concluyentes y definitivas. Ahora bien, si Dios existe tiene que ser un Dios coherente con este silencio que, en última instancia, aparece en la creación. Una respuesta creyente, explicativa del silencio de Dios, es que Dios no quiere imponerse, porque quiere ser aceptado libremente, ya que solo desde la libertad es posible el amor, y solo desde el amor es posible la salvación.

En la revelación cristiana aparece un Dios muy coherente con el silencio de la creación. La religión que mejor explique el silencio de Dios y que más en consonancia se muestre con el Dios escondido de la creación, tiene más visos de ser considerada auténtica. Precisamente el Dios que se revela en Jesús está tan escondido que es posible rechazarlo, sin que este Dios pronuncie una sola palabra o responda con una sola amenaza. Es un Dios que permanece en silencio ante el Crucificado. Es un Dios tan callado que parece impotente. Se diría que no está. Este Dios que se oculta ante el conocimiento y el sufrimiento es también el Salvador. La resurrección del Crucificado que clamaba a Dios y no obtenía respuesta, manifiesta la futura liberación con que Dios salvará a la historia humana.

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29
Jun
2014
Del código al Codificador
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Cuando un científico inicia una investigación parte de una premisa de fe: espera obtener un resultado porque confía en que la naturaleza es cognoscible. Eso es lo mismo que confiar en que la naturaleza está ordenada, estructurada matemáticamente. Porque hay orden el universo es descriptible y, por tanto, cognoscible. Cierto, hoy la ciencia también es consciente de que, en nuestro mundo, hay relaciones no inteligibles todavía y que quizás nunca lo serán; se trabaja con hipótesis y modelos que quizás nunca podrán experimentarse. De hecho aún no entendemos del todo el formidable big bang que dio origen al universo. ¿Hay algo detrás de esta explosión? ¿La nada quizás? ¿Un caos cuántico? Por otra parte, después del big bang, este mundo ha evolucionado con estructuras y funciones, hábitos y reglas que se han convertido en leyes de la naturaleza.

Podemos considerar la Tierra como una especie de invernadero en medio de un vasto universo inerte, privado de mente y conciencia, en el que se han dado las condiciones medioambientales necesarias de aire, tierra y agua, que han hecho posible el desarrollo de la vida, de la mente y de la conciencia. Ya decía Pascal, mientras reflexionaba sobre la pequeñez humana (el hombre es una “caña”), que los humanos somos más grandes que todas las estrellas, ya que las conocemos a ellas y a nosotros mismos, y ellas no conocen nada. El ser humano es una caña frágil, sí, pero su grandeza está en que es una caña pensante y en que es consciente de su pequeñez. La estrella no sabe ni de su pequeñez ni de su grandeza.

El hecho es que en este universo nuestro ha aparecido la conciencia. El ser humano, gracias a ella, puede observar, pensar y teorizar. Parece legítima y hasta inevitable la pregunta de por qué existen esos seres capaces de interpretar y razonar. ¿Se trata de un accidente o hay que atribuir su existencia a la oculta voluntad de Dios? Y estas leyes que parecen regir el funcionamiento del universo, ¿las descubrimos o las inventamos para responder a la necesidad de hacernos una idea creíble de la naturaleza? Si son un descubrimiento, entonces tiene sentido buscar la verdad. Quizás buscar la verdad sea una de nuestras principales misiones. Ahora bien, si las leyes son un invento, entonces la realidad es una ilusión. ¿Somos un sueño de Dios o soñamos a Dios? ¿Los códigos son producto de nuestra imaginación o remiten a un Codificador?

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25
Jun
2014
Sagrado Corazón de Jesús
12 comentarios

A muchos de nuestros contemporáneos no acaban de gustarles las representaciones que muestran a Jesús con el corazón traspasado y, a menudo, rodeado con una corona de espinas (pongan en google: “sagrado corazón de Jesús”, pinchen en “imágenes” y verán lo que encuentran). Si queremos actualizar esta devoción y encontrarle un sentido que responda a los anhelos de muchas personas de hoy, es necesario dejar de concentrar nuestra mirada en el corazón físico de Jesús (“yo no tengo devoción a una víscera”, me dijeron una vez en el confesionario), y recuperar el sentido bíblico y amplio del corazón como centro de nuestra afectividad y de nuestras decisiones más íntimas. En este sentido, el corazón de Jesús sería un buen símbolo de la misericordia de Dios que se expresa en todas las palabras y hechos de Jesús.

Walter Kasper ha tenido el acierto de señalar dos pasajes del evangelio de Juan que pueden ayudarnos a dar un sentido más actual a esta devoción. El primero, el texto de Jn 13,23, que muestra al discípulo amado descansando sobre el pecho o el corazón de Jesús. Esta representación, dice Kasper, puede ilustrar que en medio de la inquietud y del ajetreo del mundo, existe un lugar en el que podemos descansar y encontrar la paz interior. Todos necesitamos un buen amigo que nos apoye en los momentos difíciles, un amigo en el que poder confiar. Los creyentes sabemos que Jesús es este buen amigo que nunca falla (cf. Jn 15,15: a vosotros os he llamado amigos).

El otro texto que cita Kasper es el del escéptico Tomás que cree cuando introduce su dedo en la herida, pascualmente transfigurada, del costado de Jesús (Jn 20,24-29). Este encuentro puede ser importante para aquellos que se hacen preguntas y viven con un corazón inquieto, atormentados por las dudas. En cierto modo, todos somos como Tomás: no queremos creer fiados solo en la palabra de los demás, necesitamos una experiencia de encuentro personal con Cristo.

A propósito de este segundo texto (Tomás puso su dedo en el costado de Jesús), me surge la pregunta de cómo se compagina con este otro de Jn 20,17, en el que, cuando María Magdalena quiere abrazar a Jesús resucitado, éste le dice: no me toques. A Jesús resucitado no se le puede tocar materialmente. Una pista para entender los dos textos juntos, la ofrece Blas Pascal cuando dice: tras su resurrección, Jesús solo permite que se toquen sus heridas. La cuestión entonces es: ¿dónde están hoy las heridas de Jesús? O dicho de otra manera: ¿dónde pone hoy Jesús su corazón? Jesús pone su corazón en sus heridas que permanecen en este mundo: los pobres, los hambrientos, los malqueridos sociales. Ahí es dónde debemos poner la mano si queremos encontrar el corazón de Jesús.

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22
Jun
2014
El verano da para mucho
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En verano hay de todo: gente que descansa de sus trabajos; buenas personas que aprovechan este tiempo para hacer libremente el bien a los demás (como voluntario en campamentos, o en lugares de misión, o en residencias de ancianos, o en sesiones de refuerzo escolar). Hay también personas que no disponen de ese tiempo para dedicarlo libremente a hacer el bien, sino que deben seguir haciendo el bien desde sus obligaciones ordinarias o desde lo que otros les solicitan.

Hace unos días me comentaba un presbítero relativamente joven que atiende a varias parroquias, que no hay modo de encontrar un sustituto para los meses de verano y que, por responsabilidad, iba a seguir con su trabajo habitual. Probablemente sea más fácil encontrar sustitutos y ayudas en las parroquias cercanas a la playa que en las parroquias urbanas. ¿Hay que cerrar la parroquia como otros cierran el negocio? La parroquia no se cierra, como no se cierra el hospital. La diferencia está en que el hospital funciona con mucha gente y los profesionales pueden hacer turnos. Muchas parroquias funcionan con un solo presbítero y algunas comparten el presbítero con otras.

Se me ocurre que en estas parroquias cercanas a la playa, en las que las Misas dominicales suelen estar bastante concurridas, además de hacer homilías breves (por eso de que lo bueno, si breve, dos veces bueno), sería interesante hacer llamadas a los jóvenes para que piensen en su posible vocación religiosa o sacerdotal. Porque eso de la vocación no es una llamada que el cielo te hace a través del teléfono, sino que es un planteamiento que te haces tú. Dios llama a todos a ser sus hijos y cada uno debe concretar esta vocación en una misión y un servicio concreto. ¿Por qué no ser religiosa o religioso? ¿Por qué no pensar en ser el menor, el ministro de la Eucaristía y desde ahí servir a la comunidad cristiana? ¿Por qué no invitar a tus hijos e hijas a hacerse este tipo de planteamientos?

Hablando de playas no conviene olvidar que en el tiempo de verano las aguas de nuestras costas se calman y atemperan. Eso favorece que desde África salgan pateras con hijas e hijos de Dios, que buscan en Europa un paraíso. Y se dirigen a Canarias o a Andalucía. Evidentemente, ni Canarias ni Andalucía son el paraíso. Pero los cristianos que vivimos en esos lugares podemos contribuir a que la llegada de esa pobre gente sea un poco menos infernal. La circunstancia de que las aguas que nos rodean se tranquilicen es una ocasión no solo para tomar baños de mar, sino para sensibilizarnos ante la tragedia de tanta gente que pone su vida en peligro buscando algo para comer. El buen tiempo del que vamos a disfrutar debería hacernos pensar en nuestra contribución para que haya tiempos mejores para tantas mujeres y varones que, haga el tiempo que haga, siempre están mal. El verano del 2014 y el tiempo libre da para mucho. También para pensar en los pobres.

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7
Jun
2014
Trinidad: unidos por la relación
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Las religiones asiáticas conciben a Dios de forma no personal, pero las religiones abrahámicas entienden que Dios no puede ser menos que personal. Ahora bien, es posible entender la persona como encerrada en si misma o como abierta a los demás. Este segundo modo de entender lo personal parece más rico, más dinámico, más acorde con la experiencia. La concepción cristiana de Dios como Trinidad ha ayudado a concebir la persona como solidaria más que como solitaria. La persona es tal cuando vive en comunión con otras personas. La comunión entre personas la sustenta el amor. Precisamente el amor es lo que une a las personas. Por eso, el amor crea unidad. La unidad más fuerte no es la del átomo, sino la que brota del amor. En esta línea se comprende el Dios cristiano: un solo Dios en comunión de personas. Por eso, los cristianos tenemos con Dios una relación personalizada: somos hijos del Padre, hermanos del Hijo, amigos del Espíritu.

A partir de ahí podemos comprender que el ser humano, creado a imagen de Dios, es tanto más persona cuanto más se asemeja a las personas divinas. Una imagen significativa (aunque limitada) de tres personas entendiéndose como unidad es la del matrimonio abierto al hijo. Ahí podemos encontrar un reflejo del misterio trinitario: por una parte, el amante ama al amado y el amado al amante. Pero si la relación se queda en dos, corre el riesgo de entrar en un “egoísmo de dos”. El amor necesita ser no solo mutuo, sino compartido. El círculo cerrado del amor mutuo entre dos personas es insuficiente para la perfección del amor. Los dos necesitan compartir su amor recíproco con un tercero. Para la perfección del amor es necesario abrirse al tercero. El amor pleno no es binario, sino ternario: el amante, el amado y el co-amado (o los co-amados). El amante no solo ama al amado, sino que desea que los dos (el amante y el amado) tengan la alegría de amar juntos a un tercero, y que ambos sean amados por ese tercero.

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