20
Mar2026Para los que no creen en el infierno
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Los que no creen en el infierno basta que se den un paseo por Ucrania o por Irán para convencerse de que el infierno existe. Para afirmar la existencia de estos infiernos no hace falta ninguna fe, porque estamos ante una evidencia. Estos infiernos son creación del hombre, no de Dios. Porque Dios es un Dios de paz. Como bien ha dicho León XIV no hay guerra santa, mal que les pese a los pastores evangélicos que, si las fotos no engañan, se diría que avalan la guerra de su todopoderoso presidente. Lo santo es la paz.
La política es muy compleja. Hay gobiernos con los que se puede estar en desacuerdo, pero el desacuerdo no impide vivir con normalidad, esperando que haya elecciones y que se compruebe si el desacuerdo es mayoritario o minoritario. Pero hay gobiernos que conducen a la ruina a sus países, que oprimen a sus ciudadanos, que no toleran la crítica ni el desacuerdo. O sea, gobiernos corruptos que impiden a la mayoría de la gente vivir con normalidad. No hace falta decir nombres.
Pero aceptando que la política es compleja, los cristianos tenemos que tener claro que hay medidas poco o nada compatibles con el evangelio. La guerra es una de ellas. No hay guerra santa, como ha dicho León XIV, pero tampoco hay guerra justa. La guerra justa de la que hablaban los teólogos medievales era, en primer lugar, una defensa ante injustas agresiones. Y no se daba en las condiciones actuales. Entonces morían soldados. Hoy mueren poblaciones inocentes. Entonces había espadas y piedras. Hoy hay bombas atómicas. Por eso, el magisterio de los últimos Papas, empezando por Juan Pablo II, ha declarado que ya no se dan las condiciones para poder hablar de guerra justa. La guerra siempre es evitable.
Estos infiernos intrahistóricos, que como he dicho son creación del ser humano, nos ayudan a comprender que, si hay infierno ultraterreno también será creación del hombre. Porque Dios solo saber hacer cielos. De él solo sale lo bueno. El infierno ultraterreno no sabemos si está estrenado. Pero es una posibilidad que hay que mantener para dejar claro que la salvación depende no solo de la bondad de Dios, sino también de la acogida del ser humano. Cuando el ser humano rechaza a Dios se encuentra con lo que él mismo ha buscado. Cierto, parece difícil que alguien diga “no” a Dios sabiendo lo que hace. Pero ya no es tan difícil decir “no” al ser humano como imagen de Dios, en la que Dios mismo se hace presente. Ahí, desgraciadamente, sí se sabe lo que se hace.
A pesar de las apariencias no podemos emitir un juicio sobre lo que ocurre en el fondo del corazón humano. Por eso he dicho que no sabemos si el infierno ultraterreno está estrenado, pero lo esté o no, hay que mantenerlo como una posibilidad real de la libertad humana. Porque si no es posible decir “no”, entonces tampoco el “si” tiene sentido. Y si es posible decir “si” y “no”, entonces hay que asumir responsabilidades.








