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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

17
Jun
2024

Jesús, hambriento y sediento de justicia

1 comentarios
jesusjusticia

La cuarta bienaventuranza (“bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia") es la más extensa y la única que utiliza dos participios para subrayar la intensa necesidad del grupo humano descrito, que Jesús viene a remediar. En efecto, hambre y sed expresan una profunda necesidad del ser humano considerado en su totalidad, carne y espíritu, cuerpo y alma. El salmo 107 recuerda como los hijos de Israel, en el desierto, “hambrientos y sedientos se sentían desfallecer”. Por su parte, los salmos 42 y 63 describen en términos parecidos la otra gran necesidad de todo ser humano, a saber, la necesidad de Dios, el único que puede saciar totalmente los anhelos más profundos del corazón humano: “mi carne tiene sed de Dios”; “oh Dios, mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua”.

El término clave, al que se aplica esta hambre y esta sed, es “justicia”. El término puede tener varias acepciones, fundamentalmente una profana y otra religiosa, que no sólo no se oponen, sino que pueden complementarse muy bien. En sentido profano justicia es el deseo que todos tenemos de que se respete a nuestra persona y a nuestros bienes, y de que la sociedad funcione armoniosamente según unas reglas respetadas por todos.

En sentido cristiano, la palabra comporta diversos matices, pero fundamentalmente se refiere a la voluntad salvadora de un Dios siempre fiel a su alianza de amor, y al comportamiento que el ser humano debe tener para ajustarse a la voluntad de Dios. De ahí que Jesús invite a los suyos a “buscar el Reino de Dios y su justicia” (Mt 6,33), dejando claro que esta justicia no puede ser como la de los escribas y fariseos (Mt 5,20). La justicia, para los discípulos de Jesús, no consiste en el cumplimiento de una serie de ritos, sino en tomar como norma de la vida la acción de Dios que ama a sus enemigos y, por eso, hace salir su sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos (Mt 5,44-45).

No es extraño, por tanto, que las primeras palabras de Jesús dieran testimonio de su deseo de “cumplir toda justicia” (Mt 3,15), el cual siendo justo se identificó con los pecadores para testimoniar así el gran amor de Dios hacia ellos. Jesús es el hambriento y sediento de justicia por antonomasia, como aparece desde su bautismo (Mt 3,15) hasta el final de su vida, tal como lo reconoce el centurión romano que, al ver su manera de morir, exclamó: “ciertamente este hombre era justo” (Lc 23,47). El cuarto evangelio pone en boca de Jesús estás palabras, dirigidas a sus discípulos: “yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis…, mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra” (Jn 4,32-34). El alimento, lo que da la vida a Jesús es el cumplimiento de la voluntad del Padre (continuará).

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falta
17 de junio de 2024 a las 20:51

y llevar a cabo su obra es tambien el alimento del Señor

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