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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

26
Ene
2026

Tomás de Aquino: pasión por la verdad

3 comentarios
Tomásaquino2026

Hace casi dos mil años que un procurador romano pasó a la historia por un famoso juicio, para él probablemente insignificante, en el que, cuando el acusado le habló de la verdad, diciendo que “todo el que pertenece a la verdad escucha mi voz”, le respondió con esta pregunta: “¿Y qué es la verdad?” (Jn 18,37-38). Al procurador romano la respuesta no le interesaba. Por eso, tras formular la pregunta dió la espalda al testigo de la verdad, en vez de pararse a escuchar su respuesta.

En contraste con esta actitud escéptica de Poncio Pilato, la verdad fue una preocupación que acompañó a Tomás de Aquino a lo largo de su vida. Si inteligencia es la capacidad de comprender, razonar, aprender, resolver problemas y adaptarse a nuevas situaciones, bien podemos decir que la inteligencia de Tomás de Aquino, su estado de mente, estaba totalmente orientada hacia la verdad, entendida como conformidad de las cosas con el concepto que de ellas se forma la mente. Ella es lo determinante de toda su reflexión, de toda su búsqueda, de toda su investigación.

De hecho, las dos grandes Sumas o síntesis de teología que dejó escritas comienzan con la palabra “verdad”. En la Suma contra los gentiles, la palabra se encuentra en una cita del libro de los Proverbios: “mi boca dice la verdad y mis labios aborrecerán lo impío”. Traduzco por “impío”, basándome en el texto latino que utiliza el santo. Pues si impío es el falto de piedad y de religión, el que se aleja de Dios, entonces la cita, al contraponer verdad e impiedad, está indicando que la verdad es lo que nos acerca a Dios.

Santo Tomás de Aquino decía que “la verdad es verdad no porque la dicen muchos, sino porque se ajusta a la realidad”. Hay una máxima que decían los antiguos: “amigo de Platón, pero más amigo aún de la verdad”. A este respecto, Felicísimo Martínez nota que la verdad está por encima de la amistad y, por supuesto, de lealtades institucionales (el partido, la Iglesia, la empresa, el sindicato). La verdad está por encima de cualquier interés partidista o de escuela. Por eso, Sto. Tomás no duda en distanciarse explícitamente de Aristóteles o de san Agustín cuando piensa que no tienen razón. Esta lealtad a la verdad contrasta con los actuales fanatismos políticos, religiosos, ideológicos; y, por supuesto, con aquellas (malas) lealtades que, para defender a su institución eclesiástica, empresarial, sindical o política, son capaces de sacrificar el valor sagrado de la verdad.

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Marina
26 de enero de 2026 a las 20:51

Santo Tomás, Santo Domingo y Santa Catalina nos miran desde el cielo. ¿Qué dirían a la gente de hoy? ¡Cuánto los extrañamos! Predicadores veraces, abnegados y justos. Defendieron abnegadamente a Cristo y a la Iglesia en su tiempo. SABÍAN la Verdad con certeza. Sin lugar a dudas. Así se manifiesta la verdadera Fe. Y predicaron como Cristo: sin ambigüedades, sin casuísticas.

Chiquet
27 de enero de 2026 a las 22:49

En Mc 3, 31 - 35 Cristo se muestra radical, corta con la pretensión de separarlo del plan de Dios. Él fue la misericordia; llevaba la vida al género humano y no podía separarse de la verdad. Además, ?cómo distanciarse de sí mismo? Cristo no buscaba congraciarse o aliarse con los distintos grupos sociales que querían influir, dominar, en aquella sociedad. No se desvió: anunció la buena nueva, procuró la semilla del reino; amó y especialmente a los más necesitados.
Traía la verdad, no necesitaba, para sus conclusiones, (también elaboradas como hombre acompañado por el Espíritu), de los logros intelectuales de sabios y poderosos (Juan 13,13). Se complacía en los niños y en los que como niños lo escuchaban. Procuraba la amistad y tocaba a pecadores y enfermos para aliviar, para liberar …; la semilla era de amor.
Sé que los cristianos debemos valorar a nuestros hermanos que no lo son; dialogar con los pensadores y participar en las instituciones es propio de todos; sin embargo la radical verdad de Cristo no lo es, y no porque no se ofrece sino porque no se quiere. El amor de Cristo urge a no ajustarse a las ideologías del mundo; a oponerse, más bien, a las instituciones que no busquen el bien, … a denunciar las injusticias.
Es por esto que la presencia de ciertos líderes o pensadores, que no están por la verdad de Cristo, en alguna reunión eclesial (sinodal u otras) debe ser contemplada sólo como acercamiento conveniente, puede ser positivo para un mejor conocimiento y reflexión; pero debemos dejar patente en un diálogo serio que la Iglesia tiene la revelación y a Cristo en ella (“no os dejaré solos”): la verdad no hace daño, tampoco se impone.
Y la deseable unidad con los otros hermanos cristianos separados sólo dará pasos con la verdad (desde el respeto mutuo), teniendo el amor de Cristo y al Espíritu Santo.
!Gracias!
(Espero no haber incurrido en algún error teológico, no sería extraño)

juan garcia
29 de enero de 2026 a las 15:17

Santo Tomás de Aquiino es un amante e incansable buscadpr de la Verdad, con mayúscula. Fray Martín nos lo recuerda hoy y el testimonio de los escritos del santo son la corroboración de lo dicho. La identificación de lo real con la definición racional y representativa de lo existente debe ser el motor que nos empuja
en nuestro proceder de lo AUTÉNTICO. Estamos llamados a ser verdaderos representantes de lo razonable y del sentido común.

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