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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

1
Dic
2014

Ser creyente es ser forastero

3 comentarios

Según la carta a los Hebreos ser forastero es consustancial al ser creyente. El más acabado modelo de fe, Abraham, es presentado como el que sale de su tierra, viviendo como extranjero, “peregrino y forastero sobre la tierra”, porque iba en busca de otra patria, de una “ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor era Dios” (Heb 11, 8.9.13.14.10). A la vista de un texto como este, se puede ver en el extranjero un sacramento, o sea, una señal de lo que uno como creyente debería ser. Y si el extranjero me recuerda lo que soy o debo ser, ¿cómo no alegrarme de su presencia?

Los cristianos, cada vez que celebramos la Pascua (o sea, la Eucaristía dominical), recitamos el Credo. También el israelita, en cada Pascua, recitaba su profesión de fe, su Credo, confesando: “mi padre era un arameo errante”, y emigró a Egipto, viviendo allí como un trabajador extranjero, sometido a dura esclavitud. Y pasados unos años volvió a emigrar, salió de Egipto y entró en otra tierra, que ya estaba ocupada, y allí se estableció, encontrando prosperidad y paz (cf. Dt 26,5-9). No es extraño que a lo largo del Antiguo Testamento se le recuerde a Israel algo que no debe olvidar: “recuerda que tú también fuiste extranjero”. ¿La razón de este recordatorio? Tienes que tratar bien al extranjero, tienes que ser para él lo mismo que Yahvé ha sido para ti: “al forastero que reside entre vosotros, lo miraréis como a uno de vuestro pueblo y lo amarás como a ti mismo, pues también vosotros fuisteis forasteros en la tierra de Egipto” (Lv 19, 34). O sea, ama al inmigrante, porque es como tú. Y si es así ¿amarle no es amarse a sí mismo?

La emigración es un fenómeno tan antiguo como la humanidad. Es incluso el motor del progreso y de la evolución. Es posible remontarse a lo que ocurrió hace 100.000 años, cuando unos humanos dejaron Africa y se establecieron en Europa, y de estos antepasados africanos venimos nosotros. Pero no hace falta llegar ahí. La mayoría de los lectores españoles seguro que tienen parientes, quizás hermanos de sus abuelos o de sus padres, que durante la primera mitad del siglo XX emigraron a América. O que desde los años 40 a los años 70 del siglo pasado buscaron trabajo en Suiza o en Alemania. Hace unos años, en plena euforia desarrollista, los nietos de aquellos que fueron a América regresaron a España, en una situación parecida a la de sus padres cuando llegaron a América. Y se han quedado. Ahora que el trabajo es precario no caigamos en la tentación (como pretende hacer el primer ministro británico) de decirles que se vayan. ¿Cómo se van a ir si son un sacramento? Además, ¿no vemos en ellos a nuestros propios abuelos?

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José María Valderas
1 de Diciembre de 2014 a las 19:25

Nada hay más contrario a esa doctrina que expone, fray Martín, que las declaraciones onfalocentricas de grupos que se consideran tepor encima del resto. Del nazismo perseguidor de judíos, gitsnos, razas inferiores en su locura a la aria, esterilizadora de dementes, a la expresión de grupos de obispos que hablan de naciones para fundar unos derechos secesionistas que carecen no sólo de base, sino que, como explicitó la Conferencia Episcopal Italiana en pleno laboran contra el bien común, la paz y el principio de subsidariedad. El argumento de los secesionistas era Roma nos roba, el sur vive de nosotros y tenemos una idosincrasia cultural propia.

En cierta ocasión le comenté a un obispo del Noreste español que sus soflamas secesionistas no concordaban con el derecho natural recogido por la Iglesia y hecho realidad en la condena aludida, ratificada por Juan Pablo II, de acuerdo con esos principios morales que emanan de la ley natural. El prelado me contestó que lo que él afirmaba se basaba en una declaración de una Provincia eclesiástica de esa región. Le repuse que lo que digan un grupo de obispos sobre si esta o aquella zona es una nación no tiene más valor que el de la ciencia (genética, etnográfica, jurídica, histórica) que aportaran. Como por desgracia en ese caso era nula, el asunto se convertía en puro fanatismo político. ¿Y sabe, por qué Monseñor? Porque ni siquiera un Concilio Ecuménico está autorizado para pronunciarse sobre el particular. Mucho menos un grupo de clérigos sin mayor preparación que la eclesiástica, por mucha mitra que calaran.

Es un asunto, fray Martín, de enorme actualidad. ¿Forasteros? Voluntariamente. Por Cristo y en el sentido de pueblo errante. No porque nadie se arrogue capacidad para dispensar cédulas de nacionalidad. Mucho menos obispos y frailes o monjas, aunque vengan de la Pampa.

Como Paciano me gusta responder a la pregunta de si era de aquí o de allí, "Christianus sum". A veces es lo mismo que declararse xarnego o maqueto.

Foraster, fray Martín, no sé el sentido que tiene en su Mallorca natal. En la zona donde habito presenta connotaciones racistas. Al primero a quien se la oñí decir, al principio de la democracia fue a Heribert Barrera, entonces secretario general de un partido político. Que esa idea la defiendan quien debiera leer con detenimiento la metáfora del Camino, del que está de paso, tan preñada de enseñanzas, desconcierta y escandaliza no poco.

2
Juan
1 de Diciembre de 2014 a las 20:51

Quizás este post Histórico bíblico sobre el emigrante, el emigrante como sacramento, no estaría de más mandárselo a las cortes españolas o al congreso norteamericano, entre otros. Desgraciadamente, y como humanos, tenemos la natural tendencia a protegernos contra todo invasor externo. Y muchos gobiernos e individuos, consideran al emigrante como un invasor, y tratan de muchas maneras de deportarlos a sus países de origen, o se aprovechan de sus servicios pagándole una miseria, y sin derechos de ninguna clase por generaciones y generaciones. (Obama firmó una ley, en contra de la voluntad del congreso, en contra de la deportación de los hijos nacidos en el país de padres ilegales, entre otros. El comentarista de El País de esta mañana no dice toda la verdad sobre Obama. Desde el principio, los republicanos lo ataron de pies y manos en el congreso).

3
Luciana
2 de Diciembre de 2014 a las 13:02

No pienso atacar a nadie sino cumplir con un acto de justicia con un matrimonio inmigrante.Rumanos que,llegaron con lo puesto.Su principio fue duro,mucho.Por la noche,salían a las aceras para recoger algún mueble y algo de comida.Tuvieron momentos de desánimo pero,supieron hacer frente a la situación.Los encontramos nosotros,los necesitábamos.Pusimos nuestra confianza en ellos y supieron darnos con humildad lo que necesitábamos.De esto hace ya 15 años,siguen con nosotros.Aprendieron pronto a hablar nuestro idioma, a los trabajos que les pedíamos,a ella:cocina;limpieza etc,a él,albañilería.fontanería,electricista,carpintería etc.Puso en la huerta verduras,incluso una pequeña granja de,animales:gallinas,conejos...pero siempre sobretodo: respeto y educación con mucha humildad. Se han ganado nuestra confianza y cariño,son felices,los dos tienen estudios superiores precedidos del bachillerato.Pero tambien he de decir que,por ser extranjeros y verlos que suben en sus bienes,piso,coche etc,todo de segunda mano y de su trabajo,sufren desprecios y celotipias de los españoles.No lo comprenden,vinieron a trabajar,nos ofrecieron lo que tenían y,los despreciamos. El Señor,como en el Evangelio,los recibirá con la frase" Muy bien,siervo bueno y leal,fuiste fiel en lo poco,entra en el Reino de tu Señor"

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