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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

31
Oct
2016

Promesas que superan todo deseo

7 comentarios

Las promesas de Dios superan todo deseo. Así se expresa una de las oraciones dominicales (la del Domingo XX del tiempo ordinario). Esta esperanza en unas promesas que van más allá de lo que cualquier ser humano pueda imaginar o desear puede ser un buen motivo de reflexión ante las celebraciones de los días 1 y 2 de noviembre: fiesta de todos los santos y conmemoración de los fieles difuntos. En el fondo se trata de celebrar lo mismo desde dos puntos de vista complementarios, pues los santos y los fieles difuntos son aquellos que han alcanzado ya esos bienes inefables que Dios tiene preparados para los que le aman (para decirlo con palabras que también emplea esa oración del domingo XX).

Bienes inefables, promesas que superan todo deseo, en el fondo son dos maneras de designar a Dios mismo. Pues el bien inefable y la promesa por excelencia es ese Dios soberanamente amante y amable, en el que el ser humano se sentirá plenamente realizado, sin que nada le falte, colmado del todo y, sin embargo, saciándose de nuevo cada día, pues con el amor nunca se acaba y resulta siempre nuevo. Parece lógico que, siendo Dios amor infinito e incondicional, quiera darse totalmente. Lo propio del amor es no reservarse nada y darse totalmente al amado. Dios se da por entero. Parece indigno de Dios el dar menos de lo que puede: “de Dios no se puede esperar un bien menor que Él”, decía Tomás de Aquino.

“Dios, nuestro Padre, que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza” (2Tes 2,16) es la promesa que supera todo deseo. Pues por mucha imaginación que le pongamos, Dios siempre está más allá. Su presencia será una sorpresa inaudita, aunque, por otra parte, nos resultará extrañamente familiar, porque el Amor, de una un otra forma, siempre resulta conocido. Dios es el “siempre más”, pero también es el “siempre deseado”. El deseado que va más allá de todos nuestros deseos. Nuestro verdadero deseo está aún velado para nosotros.

Los santos son aquellos que ya se han encontrado con Dios. El único modo de encontrarlo cara a cara es saliendo de este mundo. Y no hay otro modo de salir que mediante la muerte. En este sentido, recordar a los fieles difuntos no es un motivo de nostalgia o de tristeza, sino un motivo de esperanza.

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1
ivan grillo
31 de Octubre de 2016 a las 03:23

Fray Martin: El amor a Dios debe manifestarse en este mundo tal como nos lo suguiere Mateo en su capitulo 25 versiculos 31 al 46. Estas obras de misericordia son las que agradan a Dios y de la cual recibiran su premio los que las hayan llevado a cabo, libre, desinteresadamente y con suprema caridad. Dios esta mas alla del bien o del mal que le puedan hacer sus seres creados. Jesus, que encarna el espiritu de Dios, nos dio las pautas aseguir.
ivan

2
feliciano lópez robles
31 de Octubre de 2016 a las 13:32

Las promesas dichas por Jesús, no siempre son debidamente atendidas y menos vividas.- Debemos considerar seriamente la palabra que se nos ha dado, pues de ella depende nuestro acierto para alcanzar a Dios.- Olvidamos con frecuencia lo fundamental del mensaje de Jesús, lo olvidamos porque no somos serios en nuestras relaciones con el Señor; un cristiano que se precie no puede nunca de dejar de apoyarse en la palabra, que es garantía del encuentro con Jesucristo.- Lo que nosotros llamamos amor no tiene razón de ser, cuando ignoramos apoyarnos en el cumplimiento de lo que Dios nos ha dicho, por boca de su Hijo único.- Los santos han entendido todo esto muy bien, ello les ha valido ser amigos de Dios.-

3
Anónimo
31 de Octubre de 2016 a las 22:41

Gracias Fray Martín por tu iluminación temática para la liturgia de estos días. Yo empezaría a bosquejar mi meditación haciendo un paralelo entre la Santidad y la dignidad vocacional a la que San Pablo hace incapie en sus cartas pastorales."Compórtense según la vocación a la que fueron llamados "( Destinados ) La dignidad es un tema recurrente en el de Tarso. Tal es así que comporta todo un trasfondo recurrente en el Corpus paulinus de llamar a la Santidad la actitud de llevar la vocación de cristianos con dignidad. Que así sea. Saludos.

4
Pokladnicka
1 de Noviembre de 2016 a las 09:18

Gracias.

Su entrada me ha colmado de esperanza, y renueva mis energías un poco más para seguir batallando en la buena lucha.

5
Anónimo
1 de Noviembre de 2016 a las 13:13



La muerte

Beso de Dios

Que aspira nuestro Anhelo íntimo

Y lo transforma en
Plenitud de Ser

c.m.c.

a quienes el duelo de la pérdida ensombrece la Luz de Esperanza.

Gracias P. Gelabert

en comunión de oración

6
Martín Gelabert
1 de Noviembre de 2016 a las 13:22

Reacciono agradecido a esta preciosa imagen de c.m.c.: la muerte, Beso de Dios, que aspira nuestro Anhelo íntimo. El Espíritu de Dios, el que resucita a los muertos, se une a nuestro espíritu. Pero no para anularlo o anegarlo en el océano inmenso de la divinidad, sino para potenciarlo y personalizarlo: para transformarlo en Plenitud de Ser.

7
Anónimo
1 de Noviembre de 2016 a las 13:57


Mil gracias P. Gelabert por su amabilidad, por la explicitación teológica de la concisión poética. Ambas en la misma dirección.

c.m.c.

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