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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

26
Feb
2014

¿Por qué es tan raro este discurso?

6 comentarios

Monseñor Santiago Agrelo, arzobispo de Tanger, conocido por su defensa de los derechos de los inmigrantes (a vivir dignamente, por citar uno) que pretenden saltar la vallas que les impiden el acceso a la rica Europa, ha estado en Valencia, dando una conferencia sobre teología de la caridad. Aprovechando esta circunstancia, el periódico “Levante” del miércoles, 26 de febrero, le realizó una interesante entrevista. En ella repitió una idea que ya había expuesto en su conferencia: si reducimos en Evangelio a lo doctrinal, miraremos la realidad desde esta perspectiva; pero si regulamos nuestra vida por el amor, entonces todo es posible y ninguna persona se ha de quedar en las puertas de mi casa. En este momento de la entrevista Monseñor Agrelo puso algunos ejemplos de personas que, en ocasiones, se quedan en nuestros márgenes (además de los inmigrantes): personas de otras religiones, ateos, homosexuales.

El periodista aprovechó para preguntar en dos ocasiones: ¿por qué no impera esta visión?, ¿por qué es tan raro encontrar este discurso en la jerarquía? El arzobispo de Tanger ofreció una idea que yo también he tenido ocasión de exponer: cuando no conoces a las personas y hablas desde la distancia haces un tipo de discurso; pero tu discurso cambia cuando conoces a la gente y hablas desde la cercanía. Agrelo recuerda que cuando era párroco de Astorga, en 2005, pensaba que la Guardia Civil hacía bien en rechazar a los inmigrantes. Pero luego llegó a Marruecos y se encontró con ellos. “Mi pensamiento ha cambiado, dice. Porque una cosa es hablar de la pobreza y otra cosa es encontrarte con el pobre. Ahora ya sé porque suben a la valla”. Eso mismo vale para otro tipo de marginaciones, que desgraciadamente suelen ir acompañadas de condenas. Agrelo se refiere explícitamente a dos casos sensibles: el de los homosexuales y el de los divorciados. Siguiendo un pensamiento expresado por el Papa, dice: “En la Iglesia nadie debe emitir juicios. Tu acoges, escuchas, acompañas, sigues. Eso es el Evangelio”.

Más allá de los ejemplos concretos, importa la lección de fondo: cuando escuchas y acoges, ves la realidad de una manera. Si no escuchas, la ves de otra manera. Eso no tiene nada que ver con la falta de criterios o la ausencia de principios. Pero sí tiene que ver con el modo de tratar a los demás. En cuestiones morales cada caso es un mundo distinto. No existe “el” matrimonio. Existe “mi” matrimonio. Por eso, antes de ofrecer soluciones generales y universales que valen para todo y por eso mismo, a veces, se alejan de la realidad, es necesario conocer cada situación personal. En este sentido, el sacramento de la confesión podría cobrar una gran relevancia. También ahí, con las debidas salvedades, valdría eso que se dice en medicina: no hay enfermedades, sino enfermos.

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1
Pepe E
27 de Febrero de 2014 a las 13:03


Gracias por tu predicación de escucha y acogida sin etiquetas.

Se habla poco de Jesús,por miedo a que los buenos te den un cristazo y te abran la cabeza.

2
Anónimo
27 de Febrero de 2014 a las 18:28

¡ Ojala M. Agrelo sea, como se afirma en distintos foros, el hombre de Francisco en la jerarquía española. Evangelio, lejos de clericalismos de despachos.

3
Anónimo
27 de Febrero de 2014 a las 18:38

Agrelo me ha recordado a los monjes ciostercienses de Tibhirine. Cristianos en minoría en paises mayoritariamente musulmanes. Desde estas fronteras nos llega el discurso evangélico simple, desnudo. Quizá la rareza de este discurso en la actual jerarquía española se da porque faltan muchos Agrelos que desde su propia vida y frontera rebosen evangelio.Con transparencia y sencillez. Confiamos en los cambios que se avecinan.

4
mar
28 de Febrero de 2014 a las 19:57

Fray Martín a la pregunta que nos hace en su comentario...dice Pablo: " Si un miembro tiene un sufrimiento, todos los demas sufren con el". Aquí está la cuestión. Si se lastima la uña del dedo pequeño es posible que la fiebre se apodere de todo el cuerpo, todos los miembros sufren las consecuencias.
Porque ganamos en común y perdemos en común. Por esta razon el Concilio Vaticano II dirá también que el cristiano no puede encontrar su plenitud si no es en la entrega de sí mismo a los demás
Gracias por su comentario

5
Abajo los muros
1 de Marzo de 2014 a las 01:30

Dejemos de una vez de levantar muros y aduanas, fronteras y controles. El mundo sólo tiene el mapa geográfico, el mapa político es un invento que divide a las personas. Dejemos libertad para ir y moverse e instalarse donde cada cual quiera, el tiempo que quiera y como quiera, con sus formas, su cultura, sus gustos, con velo, sin velo, con mezquitas, con iglesias, con lo que quiera. Libertad del hombre libre para andar y estar donde desee, prosperar, negociar, emprender, soñar, pensar y criar a su familia donde quiera. Que los políticos le escuchen monseñor Agrelo.

6
Antonio López Sernández
3 de Marzo de 2014 a las 18:19

Ciertamente se cambia de criterio, o se acerca más a la realidad, cuando se vive en el mundo de los pobres, de los marginados... He vivido la problemática de pobres, residentes en caseríos, poblados... del Perú y se me ha cambiado el "chip" de los pobres. Es un ejemplo contemplar su vida sencilla, agradecida... ¡Cuánto bien se le puede hacer al marginado cuando se le comprende, ayuda...! Es una riqueza, una gracia del Señor, cuando nos pone a estos hermanos en nuestro camino.

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