Martín Gelabert Ballester, nacido en Manacor (Baleares) el 6 de septiembre de 1948. Religioso de la Orden de Predicadores. Cursó sus estudios de filosofía y teología en Valencia, Barcelona y Friburgo (Suiza), en cuya Universidad se doctoró en teología.
Catedrático de la Facultad de Teología de Valencia, en donde enseña Teología Fundamental y Antropología Teológica. Ha sido Decano de esta Facultad durante dos trienios (1995-1998; 2001-2004).
A finales del 2004 el Superior General de su Orden le confirió el título de Maestro en Sagrada Teología. Y en marzo de 2005 ingresó como académico numerario en la Real Academia de Doctores de España.
Tiene publicados numerosos artículos en distintas revistas teológicas, así como 20 libros, algunos traducidos a otros idiomas. Los tres últimos: La astuta serpiente. Origen y transmisión del pecado, Verbo Divino, Estella, 2008, 160 págs; Seguir a Jesús para encontrar la vida, San Pablo, Madrid, 2009, 133 págs; La revelación, acontecimiento fundamental, contextual y creíble, San Esteban-Edibesa, Salamanca-Madrid, 2009, 282 pp.
martes, 02 de febrero de 2010
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Los extremismos, coacciones, intolerancias, violencias, cometidas en nombre de la religión, sea cual sea su adjetivo, cristiana o musulmana, son malos y hay que denunciarlos. La labor que algunas personas e instituciones, en nuestro país, realizan en pro del buen entendimiento entre cristianos y musulmanes, es admirable y debemos apoyarla. Cosa distinta son las actitudes inaceptables adoptadas por algunos imanes. Recientemente, en Cunit, pueblo de Tarragona, una mujer musulmana de 31 años denunció al imán por amenazas, coacciones y calumnias. ¿Motivo de las amenazas del imán? La mujer se relaciona con españoles no musulmanes. Mientras la fiscalía solicita cinco años de cárcel para el imán, la alcaldesa de Cunit ha frenado su arresto “para evitar un conflicto social”. ¿No será también por miedo?
Tarragona es un bastión del salafismo, corriente extremista, que controla el 90 por ciento de las mezquitas, y busca controlar el resto. Sus líderes reciben dinero de Arabia Saudita y viajan continuamente a Bélgica y Holanda, donde se reúnen con sus padrinos de Yemen. Estas personas extremistas son las que resultan temibles, y no las religiones, que merecen todo el respeto. Por eso es necesario apoyar a los líderes moderados de estas religiones, dialogar con ellos, acercarse, crear vínculos. El conocimiento y la cercanía son el mejor antídoto contra extremismos, enemistades y malentendidos. Por tanto, si criticamos al Islam debemos comenzar por aclarar de qué Islam estamos hablando.
Las religiones son santas. Pero como somos los humanos quienes las vivimos, conviene tener claros algunos criterios para determinar la autenticidad de la vivencia. Un buen criterio es si la religiosidad conduce a una mayor humanización; o, si excluye toda violencia y respeta la libertad, tanto para abrazarla como para dejarla. Si no así, estamos ante claros signos de inautenticidad. Por lo demás, cuando alguien, sea cual sea su título, en nombre de la religión, atenta contra la dignidad humana, hay que denunciarlo. Y un consejo para nuestros gobernantes (ya me imagino que no me leen, pero al menos así creo ambiente): dejen de moverse entre la ignorancia y el miedo; apoyen a los líderes moderados; y en vez de escuchar a no sé qué imanes, escuchen a las mujeres.