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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

29
Oct
2014

Las muchas caras de la muerte

4 comentarios

En cada Eucaristía la comunidad cristiana se solidariza con aquellos que nos han precedido en el signo de la fe y han sido ya acogidos en el seno de Dios. La fiesta del dos de noviembre nos invita a reavivar la esperanza que nos asegura que, si bien nuestros familiares y amigos han dejado ya este mundo, no nos han dejado a nosotros, ni nosotros a ellos.

Pero la fiesta del dos de noviembre también nos invita a pensar en la muerte. La muerte da que pensar. Nos hace caer en la cuenta de la finitud del ser humano, pero también plantea la pregunta por la posible trascendencia del humano. Esto se manifiesta en el hecho de que los humanos tratamos a los muertos con respeto, no los dejamos tirados. Cuando alguien muere, los suyos se encargan de celebrar alguna ceremonia o de repartir recordatorios. Aquel que ha muerto no es un cualquiera, es alguien único, irrepetible. Y en las ceremonias fúnebres, que son tan antiguas como los seres humanos, subyace la pregunta por la posible permanencia del difunto. Incluso en el mundo laico y secular se oye la expresión, refiriéndose al difunto: “allí donde esté” (¿pero en qué quedamos, está enterrado o “allí dónde esté"?).

Hay una relación perversa con la muerte. Por una parte, es objeto de repulsa y de miedo y hacemos cualquier cosa por evitarla. Pero, en la sociedad contemporánea la muerte ha adquirido nuevos rostros. La noche del 31 de octubre se celebra la fiesta de Halloween. De pronto, la muerte es motivo de risa, juerga y diversión. En muchas ciudades españolas aparecen adornos, puestos por las autoridades públicas, para divertirse a costa de la muerte. Los bares y discotecas ofrecen todo tipo de fiestas para atraer clientes deseosos de reír y jugar con la muerte, no sé si para olvidar otras muertes más reales y lacerantes que les acosan todos los días, y que se resumen en la fragilidad de la existencia.

Las imágenes de la televisión o del cine muestran otra vertiente en relación con la muerte. Los niños pasan el tiempo con videojuegos que son objeto de ejecuciones. Los adolescentes juegan con la muerte por el placer de la velocidad, de la competición o con el uso de estupefacientes que les estropean la vida. Los adultos recurren a las guerras, a la violencia conyugal, a las rivalidades étnicas. A los hombres les encanta pelearse. Hay personas religiosas que sitúan en el centro de sus prácticas el sacrificio, que es una especie de ejecución y de desprecio al cuerpo. Son muchas, demasiadas, las realidades que niegan el valor de la vida.

El cristiano cree en la vida. Por eso, espera la resurrección de los muertos. Esta consideración se fundamenta en el amor y el poder de Dios, el único que puede dar vida a un muerto, igual que puede hacer surgir las cosas de la nada. Esta fe debe hacernos críticos con todo lo que, de un modo u otro, atenta contra la vida y la dignidad de la persona. En positivo, esta fe nos hace vivir de otra manera, siguiendo los pasos de Cristo, el Viviente por excelencia.

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1
Marieta
30 de Octubre de 2014 a las 10:39

Me parece, padre Martín, que lo ha expresado muy bien. Es verdad que nuestra sociedad trivializa todo. La vida y la muerte. No me parece mal perderle miedo a la muerte, pero no trivializarla ni burlarme de ella. La muerte es lo más seguro que nos va a suceder. Por eso, darle la espalda, como también hace mucha gente, evitando hablar de ella no conduce a nada. Es una realidad con la que nos vamos a enfrentar, aunque no sepamos ni el día ni la hora.
Siempre me emocionan, más allá de la pérdida, la celebraciones en que nos despedimos de algún ser querido. Los textos siempre evocan vida y esperanza. Creo que tenemos mucha suerte de esperar la Vida mas allá de nuestras coordenadas espacio temporales. Y reconozco que la emoción siempre se desborda en lágrimas, pero de agradecimiento, porque nuestro Dios, es Dios de vivos y nos espera para regalarnos su Amor.

2
Valero
30 de Octubre de 2014 a las 14:12

Gracias Martín. Al leer tu comentario he recordado que si yo me siento tan sostenido y tan VIVO en medio de situaciones de muerte -tribulación y sufrimiento, sabes bien de que hablo-, es porque Jesús, que no se espanta de mis miserias, VIVE en mi, y si vive en mí, es que ha resucitado y si ha resucitado, resulta que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que la última palabra, la definitva y todopoderosa última palabra, la tiene el amor, que es más fuerte que la muerte. Gracias de nuevo Martín.

3
Juan
30 de Octubre de 2014 a las 16:26

La Voz de Galicia nos informa que mañana abrirá un nuevo café en A Coruña, Death Café. Primero en España de este tipo, y sintomático que empiece en Galicia, donde se veneran más a los muertos que a los vivos. Ciertamente, fray Martín, el muerto no es un cualquiera en Galicia, pero necesitamos romper tabús, aceptar nuestra finitud, resignarse a terminar el viaje de la vida con optimismo. Las reuniones mensuales del Death Café, esperemos ayuden a tomar en serio la vida y mitiguen la negatividad de la muerte: que descansen en la paz del Señor nuestros fieles difuntos.

4
celebrando la Vida
2 de Noviembre de 2014 a las 09:22


En esta sociedad del espectáculo, la muerte es un evento más de distracción y negocio para grandes almacenes y supermercados. Tiempo de calabazas asadas, dulce riquísimo que nos transmitieron nuestras abuelas, para celebrar la vida compartida de quienes nos precedieron. Más allá del icono mortuorio de fiestas ajenas a nuestra tradición. Porque Halloween es un carnaval. Un show. Intrascendente si no fuera por las oscuras celebraciones y sacrificios que se realizan en determinados círculos satánicos. ¿ Donde está muerte tu victoria?

La muerte no es oscura. Es umbral de Luz. Pasar de la vida a la Vida. Y no morimos solos. Desde esta orilla y de la otra nos acompañan en el salto al Amor infinito en el seno de Dios. Verde perenne del ciprés. Memoria de Lo Eterno. Por eso la muerte no es triste. Grupos católicos celebran las despedidas cantando salmos. Los cartujos para despedir al hermano en tránsito desayunan chocolate. Esperanza en que iremos a la estancia que Dios nos tiene preparada, resucitando con Él y en Él.

Felicidades a quienes un día como hoy, en el misterio de Vida-muerte-Vida celebran su onomástica- cuántas llevan el nombre de Alma María- o aniversario. Celebran la Vida, y pueden ayudar a quienes les rodean a celebrarla, acompañando en el duelo por los ausentes. Agradeciendo la Vida compartida. Porque la muerte siempre remite a la Vida. Y Vida es Amor. Alegría.

Coge, Señor, mi abundancia,
mientras se queda en el viento
el olor del corazón

Laudes.Oficio de difuntos

En la vida y en la muerte somos del Señor.

Gracias Fray Martín.

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