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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

26
Feb
2017

La voz de Dios en los signos de los tiempos

3 comentarios
Diossignos

Dios actúa siempre por medio de la libertad de cada uno y habla en lo que el Concilio Vaticano II calificó de signos de los tiempos. Ya Jesús invitaba a sus oyentes a discernir las señales de los tiempos (Mt 16,3) en las que resuena la voz de Dios. Cada uno puede considerar como signos para él aquellos acontecimientos significativos para su vida. Y la Iglesia puede considerar signos de los tiempos aquellos acontecimientos que a todos nos interpelan y plantean una pregunta. ¿No es un signo de los tiempos la mundialización de las comunicaciones a través de internet, o la violencia religiosa, o las nuevas pobrezas, o los inmigrantes muertos en el mar Mediterráneo? Ahí nos está hablando Dios. La cuestión es cómo respondemos nosotros, cómo usamos internet, qué postura tomamos ante la violencia o cómo acogemos a pobres e inmigrantes.

Es importante estar atentos a los signos de los tiempos para descubrir la voluntad de Dios sobre uno mismo, sobre la sociedad y sobre la Iglesia. El Papa Francisco nos invita a ello. Y propone a las cristianas que parecerían más alejadas de la realidad, las monjas contemplativas, como las que saben “comprender la importancia de las cosas… porque contemplan el mundo y las personas con la mirada de Dios, allí donde por el contrario, los demás tienen ojos y no ven (Sal 115,5; 135,16; cf Jr 5,21), porque miran con los ojos de la carne” (Vultum Dei quaerere, 10). Y, de forma más genérica, dirigiéndose a todos los cristianos, dice el Papa: es sano prestar atención a la realidad concreta, porque “las exigencias y llamadas del Espíritu Santo resuenan también en los acontecimientos de la historia” (Amoris Laetitia, 31).

Dios, en este mundo y en su historia, no actúa ni directa, ni automática, ni mágica, ni espontáneamente. Actúa respetando el modo de ser de la realidad y de las personas. Si actuase directamente dejaría de ser trascendente y se convertiría en una causa mundana, en un elemento de este mundo. El Catecismo de la Iglesia Católica (números 308 y 306) reconoce que “Dios es la causa primera que opera en y por las causas segundas… Esto no es un signo de debilidad, sino de la grandeza y bondad de Dios todopoderoso. Porque Dios no da solamente a sus criaturas la existencia, les da también la dignidad de actuar por sí mismas, de ser causas y principios unas de otras y de cooperar así a la realización de su designio”.

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JM Valderas
26 de febrero de 2017 a las 09:21

Es curioso fray Martín que el texto que toma usted de Amoris laetitia, ésta lo extraiga de la Familiaris consortio de Juan Pablo II, inspirado a su vez en la Gaudium et spes. Y es curioso también que el número 84, cristalino y diáfano, de la mencionada encíclica del Papa canonizado quede completamente obscurecido por el desastre intelectual (permítame la osadía) de la encíclica francisquita. Por lo demás, fray Martin, Dios sí actúa a veces de forma directa. ¿Qué es si no la vida cristiana? ¿Qué es, si no, la mística? ¿Qué es la gracia? Otra cosa es que nos deje a nosotros libertad y a sus obras plena autonomía. La alteridad de Dios es, ciertamente, un misterio. ¿Dónde estaba Dios? han clamado y repetido los testigos de los mártires de todos los signos y de todos los tiempos ante su silencio.

Antonio López Sernández
2 de marzo de 2017 a las 08:37

No suelo juzgar las opiniones de los comentarios, pero ciertamente, Sr. JM Valderas, ese párrafo "Y es curioso también que el número 84, cristalino y diáfano, de la mencionada encíclica del Papa canonizado quede completamente obscurecido por el desastre intelectual (permítame la osadía) de la encíclica francisquita". Primeramente le diré que La "Amoris Laetitia" no es una Encíclica, sino una Exhortación. Y eso de "encíclica francisquita" muestra una falta de consideración hacia el prójimo (y más en esta caso hacia el Papa Francisco) muy lejana del mensaje evangélico del Amor. Deja bien claro el P. Gelabert que Dios actúa por las causas segundas. Esto es un signo de la omnipotencia y Bondad de Dios (Bonum est diffusivum sui), que providencialmente deja que cada ser opere conforme a su naturaleza. Recuerde lo que dice el P. Gelabert: “Dios es la causa primera que opera en y por las causas segundas… Esto no es un signo de debilidad, sino de la grandeza y bondad de Dios todopoderoso. Porque Dios no da solamente a sus criaturas la existencia, les da también la dignidad de actuar por sí mismas, de ser causas y principios unas de otras y de cooperar así a la realización de su designio”. No olvide que "Dios que te creó sin ti, no te salva sin ti, sin tu cooperación". Incluso en el inefable misterio de la Redención Dios quiso dar tal protagonismo al ser humano que Él mismo se hizo hombre para salvarnos.

JM Valderas
2 de marzo de 2017 a las 21:11

Al comentarista precedente. No voy a responderle porque no es mío el post. Y a estas alturas carecería, además, de sentido. Pero, con permiso de fray Martín, permítame negar que sea una desprecio al Pontífice llamar sus textos documentos francisquitas. Se le califica así por llamarse Francisco y no confundirlo con lo relativo al santo de Asís. ¿Es desprecio hablar de edición leonina a la edición crítica de las obras del Aquinate? ¿Es desprecio llamar cartas paulinas a las del Apóstol?

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