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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

1
Dic
2007

La verdadera esperanza

6 comentarios

Con el adviento llega la segunda encíclica del Papa. Sobre la esperanza cristiana. Un texto bien escrito, para leer despacio si se quiere entender, fundamentado bíblicamente, más teológico que pastoral, en diálogo con la cultura y filosofía modernas. Puestos a intentar una síntesis diría lo siguiente: en este mundo hay cosas buenas y malas; las buenas son siempre provisionales y nunca acaban de satisfacer; las malas, en ocasiones, imposibles de arreglar. ¿Qué podemos, pues, esperar de este mundo? Sólo en Dios hay esperanza, una esperanza segura, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente, aunque sea fatigoso, porque para quien tiene futuro se hace más llevadero el presente.

El Papa toca temas importantes relacionados con la teología de la esperanza. No está todo, pero lo que hay es bueno: la sociedad actual no es la ideal; los cristianos pertenecemos a una sociedad nueva, que anticipamos con nuestro modo de vivir; Cristo nos indica qué debemos hacer para ser verdaderamente humanos y el camino más allá de la muerte; por la fe ya están presentes en nosotros las realidades que esperamos (al desarrollar este punto aparece la única alusión a Tomás de Aquino). Muy importante: la esperanza cristiana siempre es plural, no espera uno para sí sólo, espera con los demás y para los demás; sin esta dimensión comunitaria no hay auténtica esperanza. La esperanza nos une como “pueblo”, presupone dejar de estar encerrados en el propio yo; tiene que ver con la edificación del mundo; pero siendo bien conscientes de que ni el progreso, ni la revolución, ni la ciencia, ni la política son soluciones definitivas; pueden abrir incluso nuevas posibilidades para el mal, para ir “de la honda a la superbomba”. El progreso y la razón necesitan de la fuerza salvadora de la fe, que permite discernir entre el bien y el mal; junto a la razón técnica necesitamos una “razón realmente humana”. La oración es lugar de aprendizaje de la esperanza, es expresión de nuestro deseo. Destaco finalmente algo importante: no puede haber justicia para las víctimas y para los sufrimientos del pasado (y también del presente) sin resurrección de los muertos.

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1
Bernardo
1 de Diciembre de 2007 a las 10:34

Hay en el texto del papa muchas virtudes, pero hay un defecto que debería ser subsanado. Cuando se plantea la cuetión de la individualización de la esperanza cristiana en la modernidad, culpa a la modernidad y no a la Iglesia de esa reducción de la salvación. Hay que preguntarse por qué son culpables Bacon y Marx de que la cristiandad conviertiera la salvación en algo privado y no en una dimensión social, colectiva y ecohumana. ¿No será, como entienden Blumenberg y Jonas, que la modernidad nos ganó la partida e hizo el trabajo que nosotros no quisimos hacer al unir nuestro mensaje a una forma de organizar la sociedad periclitada? La culpa no siempre la tienen otros, menos en esta cuestión.
Por otro lado, no se ha tenido el valor de superar definitivamente ese reduccionismo soteriológico y se mantienen reliquias como "purgatorio" e "infierno", sin nombrar el "cielo" por su nombre.

2
roberto
1 de Diciembre de 2007 a las 12:01

Felicidades P. Gelabert por la rapidez con que se ha hecho eco de este nuevo escrito papal. Históricamente, a la jerarquía le cuesta asumir "los efectos colaterales" inevitables de la historia:prefiere que le hagan el "trabajo sucio" de lo social. Gusta de "manos blancas". No le gusta comprobar "lo feo" de la historia: el modernismo lo enseña sin pudor. El lenguaje sibilino, el hablar sin decir nada, la interpretación de silencios: lo diplomático,tan propio del lenguaje eclesiastico se lleva mal con este tiempo de "lo explícito". Pero es el tiempo que nos toca vivir. Y la culpa del estado de las cosas en lo social es de todos por igual, no del modernismo. En esto coincido con el comentarista anterior. San Agustín, que amó y fué amado, que tuvo un hijo, puede ser eco de esta modernidad. Es una figura más poliedrica, como la sociedad en la que vivimos. Le sienten más cercano que al angélico Santo Tomás, al que aún recuerdan su afirmación sobre la carencia de alma de las mujeres. La esperanza es Cristo muerto y resucitado. Llama la atención el final mariológico, de una mariología pre-Vaticano II del texto papal. No ayuda en el dialogo con los cristianos evangélicos. En conjunto, un texto de luz esperanzada, para este Adviento que iniciamos.

3
orante
1 de Diciembre de 2007 a las 12:41

Armonizando con este tiempo de Adviento, el Papa recuerda la importancia de la oración como fuente de esperanza. Y enfoca a la vida contemplativa, como uno de los focos de dicha esperanza. Cita a San Bernardo y recuerda la importancia de la "docta ignorancia". Sobre la "docta ignorancia" el profesor Gelabert publicó un estudio, actualizado en estos momentos. Y ello me lleva a textos como " la nube del no saber". Textos de nuestra tradición teológica-mística cristiana, a veces injustamente olvidados, o relegados. La oración,fuente de esperanza, brota del interior de la persona. Amor desbordante. Buen tiempo de esperanzado ad-venimiento.
Felicidades P. Gelabert

4
JM Valderas
2 de Diciembre de 2007 a las 21:41

Querido Gelabert: "No está todo pero lo que hay es bueno", dices de la encíclica. No parece afortunada tu frase. Conoces la carta de San Jerónimo al Papa Dámaso en el 375 pidiendo aclaración. Debo manifestar mi lejanía de otras posturas aquí presentadas y críticas con el texto. De Roma siempre viene la luz. Y brilla ahora con especial fulgor. Por aterrizar: celebramos este año el 300 aniversario de la figura de Linneo. Linneo se propuso, como antes John Ray, poner de manifiesto la obra de Dios creadora. ¿Qué dice el ateo? Que en el caso del sueco era creyente, pero no esperaban ninguna vida eterna. Tal cual. Falso por entero para quien lea su Nemesis Divina, donde ataca el librepensamiento negador de la vilda ultraterrena. Ahí están las raíces del ateísmo contemporáneo, que el Papa desvela con luminosa claridad. El Pontífice subraya la relación entre esperanza y sentido real de la Creación. A propósito de la "única referencia" al Aquinate (la única explícita querrás decir), recuerdo lo que Llamera contestó a un pugnaz inquisidor a propósito de la esperanza durante el examen a que fue sometido el leonés para la concesión del grado magisterial de la Orden: "Sí, está bien lo que dice, pero déme bibliografía". Harto ya Llamera de desbrozar los distintos aspectos de la esperanza y su relación con las otras virtudes teologales, falsas interpretaciones, movimientos aberrantes, etc. le espetó: "Uno y sólo uno merece la pena: Ramirez". El inquisidor respondió alborozado: "Mi maestro"

5
Bernardo
2 de Diciembre de 2007 a las 22:48

Quisiera dar dos matices más a mi anterior intervención. Hecho en falta alguna alusión a la literatura apocalíptica que tanto se está investigando últimamente. Sobre todo sería necesario utilizar el libro neotestamentario que representa esa corriente. No comprendo que ni siquierea el capítulo 21 del Apocalipsis cupiera, pero me produce perplejidad que al hablar de Juicio Final, se parezca más al que representó Miguel Ángel que a Mt 25, 31ss. ¿Por qué ese miedo a encarnar la esperanza en los pobres de este mundo, que son los únicos que realmente la pueden tener? En el hodierno occidente decrépito no queda lugar a la esperanza, sólo a la ilusión. La esperanza viene del Sur y la luz de Oriente. Quizá tenga razón Martín y, como decía en un post anterior, el ateísmo nos esté diciendo cosas que nosotros ya habíamos olvidado.

6
claudio
3 de Diciembre de 2007 a las 12:32

El a-teismo moderno,y los filosofos de la sospecha nos hacen el gran favor a todos de cuestionarnos si el Dios en quien creemos es un Dios de Bolsillo. Nuestro bolsillo claro.Nos muestran nuestra "sombra"- en lenguaje junguiano- de nuestro ser creyente. Un Dios a la carta,a quien ponemos y quitamos, atribuyendo lo que queremos, haciendo palabra de Dios, aquello que nos confirma en nuestro bien-estar. ¿Bien- ser?
¿ En que Theos creemos? No vaya a ser que es Dios, pero no el encarnado en Jesús de Nazaret. Los ateos son los apofáticos de nuestros días, pues nos muestran la radical Otredad de Dios: el totalmente Otro. Y el ser humano, el totalmente sobrepasado por esta Otredad. El a-teismo moderno marca límites a los teistas. Muchos ateos modernos practican meditación, transitan por lo zen, buscan en su interior. No creen en el Dios hecho de charanga y pandereta. Algunos siguen una búsqueda seria y comprometida con la humanidad. Tienen mucho que comunicarnos. Seamos humildes. Escuchemos. Dialoguemos. Quizá nos ayuden a sacar a Dios de nuestro pequeño bolsillo creyente, y nos acercan horizontes divinos que ni sospechabamos. Dios no tiene fronteras. Ni siquiera religiosas.

Gracias Martín por tu sensibilidad. Por este espacio de dialogo en libertad. Por decir aquello que quieres decir, sin concesiones a la galería por muy erudita y latiniparla que esta sea. Por tu paciencia y humildad al no entrar al trapo de pretendidos- puntos sobre-ies mas papistas que B16

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