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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

12
Dic
2014

La metodología del Papa

4 comentarios

El predicador debe escuchar para que su predicación no se convierta en una serie de respuestas a preguntas que nadie hace. Porque estas respuestas probablemente no interesen demasiado. Y, si lo que dice el predicador no interesa, entonces la gente se aburre y deja de atender. No quiero decir con eso que la predicación tenga que halagar el oído o divertir a los oyentes. La predicación debe explicar la Palabra de Dios y aplicarla a la situación de la comunidad que celebra, respondiendo a sus necesidades, problemas e inquietudes. También la predicación debe invitar a los fieles a que se conviertan, a que cambien aquellos aspectos de su vida que no están en consonancia con el Evangelio.

Pero para responder a las necesidades y preguntas de la gente, o poder invitar a la conversión, es necesario conocer la situación en la que viven los destinatarios de la predicación. Muchas veces, para conocer esta situación, será necesario, antes de hablar, escuchar, comprender, preguntar. En este sentido, la metodología que ha vuelto a emplear el Papa Francisco para preparar la continuación del Sínodo el próximo año (consultar a base de preguntas a los distintos sectores de la Iglesia), puede ser adecuada para este acercamiento a las personas y responder de verdad a sus necesidades. Si no escuchamos, no podemos responder. El preguntar hace, al menos, que nos enteremos de cuáles son los problemas y necesidades de las personas a las que debemos cuidar y acompañar.

Cuesta entender que haya cristianos a los que les molestan este tipo de preguntas con las que el Papa quiere ayudar a la reflexión de los padres sinodales. Aunque quizás no sean las preguntas lo que les molesta, sino las respuestas que se imaginan que pueden darse y que no quieren que se den. Porque esas respuestas obligan a pensar y buscar nuevos caminos. Lo fácil es no pensar y decir lo de siempre. Pero hay algo aún peor que repetir lo ya sabido: irritarse, criticar al Papa porque puede provocar respuestas no convencionales, o acusarle de confundir a los fieles.

El Evangelio es para todos. Y la Iglesia debe esforzarse para que llegue a todos. Pero las personas a las que importa que llegue el Evangelio no son solo las noventa y nueve ovejas seguras que están ya en el redil, sino también y sobre todo, la oveja que está (al menos aparentemente, según nuestra primera mirada superficial) fuera. Aunque tengo la impresión de que hoy la proporción ha cambiado y las que están en los márgenes del redil (al menos, insisto, según nuestros criterios pastorales clásicos) son 99 y no una.

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1
O.N.F.
13 de Diciembre de 2014 a las 12:59

¡Qué cosas hace este Papa! ¡Preguntar! Si yo pensaba que la Iglesia tiene todas las respuestas. Ella no necesita preguntar. Y los fieles no necesitan responder, lo que deben hacer es escuchar. Bien, perdone, profesor, que me exprese así, pero así es como muchas veces nos han presentado a la Iglesia. Gracias por sus presentaciones alternativas.

2
ramiro vanegas
13 de Diciembre de 2014 a las 15:12

amo a la Iglesia y amo su magisterio todo los pontífices han respondido a las necesidades de su tiempo de una manera muy sabia ahora es el tiempo de francisco dejemos que también en esta hora maravillosa de la historia el espíritu santo realice su obra atreves de él, seamos justos en nuestros comentarios , tengamos mirada amplia, y salgamos de nuestros esquemas, y démonos la oportunidad de enriquecernos con las novedades que trae siempre el espíritu santo.

3
José María Valderas
14 de Diciembre de 2014 a las 01:21

La mayéutica, el método dialéctico y hasta la propia Summa Theologiae de santo Tomás se valen de las preguntas. Propio del maestro es acompañar y dirigir las repuestas. Procurar aportar las herramientas para que el individuo alcance por si mismo la solución. A veces, la solución está abierta. Nadie tiene la exclusiva. Pero otras la solución es única y conocida. Podemos preguntar si Dios existe, una cuestión central para todo individuo. Y el filósofo socrático podrá ayudar al que lo cuestiona a buscar la respuesta en el orden de la naturaleza, el origen de las cosas y de la vida, etcétera. Podemos preguntarnos si el Hijo procede del Padre. Y el teólogo ya parte de la respuesta que le ofrece el Credo. La profesión de fe. No cabe adaptaciones ni ambigüedades. No podemos decir, bueno sí hasta cierto punto. Busquemos una vía media, etcétera. Me parece que el desasosiego que algunos muestran en voz alta, de demostrada preparación teológica y canónica, es porque hay quien debiera tener esas ideas muy claras y sin embargo reclama a cada momento una hermenéutica paliativa. Me cuesta enjuiciar la labor magisterial del Pontífice, pero no entiendo por qué dice que los obispos del sínodo le dieron la razón cuando no se encuadró ni con unos ni con otros. ¿Hay acaso una verdad arcana? Este no es el foro para entrar en más pormenores. Pero algunos ven la situación doctrinal con preocupación. Claro que lo cómodo es tildarlos de derecha, catastrofistas e inmovilistas. A falta de contraposición doctrinal, el insulto descalificador es el refugio de los mentecatos. Las leyes de Newton perduraron hasta la teoría de la relatividad. Y aun siguen siendo válidas en determinados niveles. Una doctrina sustituye a otra. Lo peor es cuando no hay doctrina sustitutoria, sino seudopastoralismo y v erbalismo.

4
Antonio López Sernández
14 de Diciembre de 2014 a las 09:47

El Espíritu Santo está en todos nosotros. Por eso, se nos debe preguntar y tenemos derecho a preguntar: por qué cada vez encontramos más hermanos alejados del "redil". ¿No será que estamos ofreciendo una imagen de Cristo alejada del amor, de la comprensión, de la esperanza? Como insiste nuestro querido Papa Francisco, debemos salir fuera a buscar al hombre, con cariño, ofreciendo un Cristo humano, sin dejar de ser divino. Tenemos que vivir y ofrecer a los demás "la alegría del Evangelio". Seamos valientes y ofrezcamos la cara amable del Buen Pastor, para atraer al Evangelio, al mensaje del Amor, las ovejas perdidas.

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